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FRANKENSTEIN    (1818, Suiza)

 

La novela “Frankenstein o el moderno Prometeo”, de Mary Shelley, surgió de varias veladas dedicadas a narrar cuentos en la Villa Diodati, cerca de Ginebra, en junio de 1816. Mary, que entonces contaba diecinueve años, tomó parte en un concurso de narración de cuentos, con su marido Percy Bysshe Shelley, de veinticuatro años de edad; su hermanastra Claire Clarement, de dieciocho, que esperaba el hijo de su amante, lord Byron; el propio Byron, que tenía entonces veintiocho años; y el médico personal de éste, John Polidori, de veintitrés.

 

Durante una semana lluviosa, Byron sugirió como entretenimiento que cada uno de los huéspedes escribiera una historia de fantasmas. La inspiración de Mary se despertó una tarde que estaba sentada junto al fuego y escuchaba a Shelley y Byron discutir acerca de la fuente de la vida humana, y de si ésta podía crearse artificialmente. La electricidad era entonces objeto de amplias investigaciones científicas, y los dos poetas debatían la posibilidad de reanimar eléctricamente un cadáver, imbuyéndole lo que ellos denominaban “calor vital”.

 

Cuando terminó la discusión, caída ya la noche, Shelley se retiró, pero Mary, absorta en sus especulaciones, fue incapaz de dormirse. En una edición de “Frankenstein”, fechada en 1831, Mary rememoró vividamente este brote de inspiración.

 

“Vi, con los ojos cerrados pero con una aguda visión mental, al pálido estudiante de artes impías arrodillado junto a la cosa que él había fabricado... Vi el odioso fantasma de un hombre estirarse, y después, por obra de alguna poderosa máquina, mostrar signos de vida y agitarse con un torpe movimiento semivital...

 

Rápida como la luz y tan alentadora como ella fue la idea que surgió en mí... A la mañana siguiente anuncié que se me había ocurrido un cuento. Comencé con estas palabras: "Era una lóbrega noche de noviembre", limitándome a transcribir los terrores de mi pesadilla.”