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BLANCANIEVES Y LOS SIETE ENANITOS    (1812, Alemania)

 

La estancia de Jacob y Wilheim Grimm en la ciudad alemana de Kassel, a fin de recopilar cuentos de hadas a partir de la tradición oral, dio como resultado más de un matrimonio, pues mientras Wilheim se casaba con la joven que le había contado “Hansel y Gretel”, su hermana Lotte pasó a formar parte de la familia Hassenpflug, que había narrado a Grimm “Blancanieves y los siete enanitos”.

 

Los hermanos Grimm fueron los primeros en combinar astutamente, en un inmortal cuento de hadas, elementos como la juventud radiante, la belleza que se marchita y la rivalidad femenina. Sin embargo, la suya no fue la primera versión del relato. El “Pentamerote” contiene un cuento en el que una hermosa niña de siete años, llamada Lisa, cae sin sentido al clavarse un peine entre sus cabellos. Depositada en un sarcófago de cristal (como Blancanieves), Lisa sigue creciendo (como Blancanieves, que también cuenta siete años al ser abandonada) y se hace cada día más hermosa. Una pariente, envidiosa de la belleza de Lisa, jura acabar con ella (tal como la reina celosa decide matar a Blancanieves), y con este propósito abre el sarcófago. Pero al arrastrar a Lisa por los cabellos, se desprende la peineta y la bella muchacha vuelve a la vida.

 

El cuento de Basile parece ser el primero basado en la historia de Blancanieves. No se puede afirmar que los Grimm, al escribir su versión de “Blancanieves” (nombre que ellos dieron a la niña) doscientos años más tarde, conocieran a fondo la leyenda italiana. Walt Disney llevó a la pantalla en 1938 la versión de los Grimm, en el primer filme de dibujos animados de largo metraje.

 

Muchos de los primeros traductores del cuento de los Grimm omitieron un detalle macabro: la reina no sólo ordena la muerte de Blancanieves, sino que exige además que, como prueba, le presenten el coraron de la víctima. Disney recuperó este detalle del original, pero optó por prescindir de otro aún más horripilante. En el cuento alemán, la reina, creyendo que el corazón que le presenta el cazador es el de Blancanieves (en realidad pertenece a un jabalí) lo sala y llega a comérselo. Y en el cuento original la reina es obligada, al final, a calzarse unos zapatos de hierro al rojo vivo: presa de un espantoso frenesí, baila hasta morir.