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CAPERUCITA ROJA  (1697, Francia)

 

Este cuento es uno de los más breves y también de los más famosos de Perrault. Los historiadores no han encontrado de él una versión anterior. Tanto la abuela como Caperucita son devoradas. El lobo, tras haberse comido a la abuela, inicia con Caperucita lo que, según aseguran los folkloristas, es una de las más famosas y brillantes secuencias de preguntas y respuestas en toda la literatura infantil.

 

Charles Dickens confesaba que Caperucita fue su primer amor, y que cuando era niño anhelaba casarse con ella. Más tarde escribió que deploraba amargamente “la crueldad y el talante traicionero de aquel lobo hipócrita que devoró a la abuela de la niña sin que ello mitigara en absoluto su apetito, y después se comió a Caperucita tras haberle gastado una broma feroz respecto a sus dientes”.

 

De hecho, varios escritores objetaron contra el terrible final del cuento de Perrault y aportaron el suyo propio. En una popular versión británica de 1840, Caperucita, a punto de verse atacada por el lobo, empieza a gritar, y “su padre y otros leñadores acudieron corriendo; al ver al lobo, lo mataron en el acto”.

 

Durante el mismo período, los niños franceses escuchaban un final distinto. El lobo se dispone a abalanzarse sobre Caperucita, cuando entra por la ventana una avispa y le pica en el hocico. Los alaridos de dolor del lobo alertan a un cazador que pasaba por allí, el cual dispara una flecha “que atravesó la oreja del lobo y lo mató en el acto”.

 

Tal vez la más siniestra de todas las versiones surgió en Inglaterra a fines del siglo XIX. Este cuento popular termina con el lobo reuniendo la sangre de la abuela en botellas, con las que después invita a beber a la confiada Caperucita. Es interesante señalar que, si bien todas las revisiones se esfuerzan en salvar a Caperucita, ninguna respeta la vida de la abuela.

 

Cien años después de Perrault, los hermanos Grimm aportaron otra versión, la única en la que la abuela se salva. El lobo atiborrado después de haber dado cuenta de la abuela y de Caperucita, se queda dormido. Sus sonoros ronquidos llaman la atención del cazador, que entra en la casa, intuye lo que ha ocurrido y abre el vientre del lobo con unas tijeras. Aparece en seguida Caperucita, que exclama: “¡Qué oscura estaba la barriga del lobo!”. Después hace su aparición una abuela exhausta, despeinada y silenciosa, y finalmente el lobo es expulsado de la casa.

 

Creen los folkloristas que antes de que Perrault inmortalizara la “Caperucita roja” escribiendo el cuento con su ágil estilo, la historia existía ya en la tradición oral, y tal vez datara de la Edad Media.