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LA PRINCESA DEL GUISANTE    (1835, Copenhague)

 

Charles Perrault y los hermanos Grimm escribieron lo que se conoce como cuentos de hadas “clásicos”. En cambio, Hans Christian Andersen, en el siglo XIX, narró lo que los folkloristas denominan cuentos “artísticos”. Éstos fueron cultivados en el período del romanticismo alemán y, aunque enraizados en la leyenda popular, presentan un estilo más personal y contienen elementos autobiográficos y de sátira social.

 

Andersen, nacido en 1805 en la isla danesa de Fuñen, era hijo de un zapatero enfermizo y de una lavandera analfabeta. Su propia vida tuvo algo de cuento de hadas, ya que de golfillo callejero se convirtió en uno de los personajes más mimados por la sociedad europea. Publicó Cuentos explicados a los niños (Copenhague, 1835), pero él los consideraba como “pequeñeces”, ya que se enorgullecía de su primera novela publicada al mismo tiempo, “Improvisatoren”, que pronto quedó relegada al olvido.

 

En una versión sueca tradicional de este cuento, anterior a la inmortal narración de Andersen, la princesa, para demostrar la legitimidad de su nobleza, duerme sobre siete colchones, con un guisante entre uno y otro de ellos. Además, es sometida a otras pruebas adicionales, en las que se colocan entre sus colchones nueces, granos, alfileres y paja, todo ello para comprobar si es lo bastante sensible como para descubrir su incómoda presencia y, con ello, demostrar su cuna regia.

 

La extrema sensibilidad de los personajes reales dio también origen a cuentos populares en Oriente. El más antiguo figura en el libro XII del Katha Sarit Sagara, de Somadeva de Cachemira, que vivió en el siglo III d.C. En este cuento, tres hermanos de un rico brahmán compiten para determinar cuál tiene la sensibilidad más afinada. Al dormir sobre siete colchones apilados, el hermano más joven se despierta quejándose de vivos dolores y con una sinuosa señal roja en su piel. La cama es examinada y se encuentra un solo cabello humano debajo del colchón inferior.

 

La versión actual de “La princesa del guisante” constituye una leve modificación del original de Andersen, y él afirmaba haberla oído por primera vez en su infancia. Andersen situó a su princesa en una cama con veinte colchones de paja y veinte edredones, con un solo guisante debajo de todo. Cuando la historia danesa fue traducida por primera vez al inglés, en 1846, el traductor. Charles Boner, pensando que un solo guisante debajo de cuarenta colchones ponía a prueba la máxima credulidad, le añadió dos guisantes más. Por tanto, la cantidad moderna es de cuarenta colchones y tres guisantes, pero lo que Boner nunca explicó, por desgracia, es la lógica que le indujo a concluir que dos guisantes más otorgaban mayor credibilidad al cuento.