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BUCLES DE ORO Y LOS TRES OSOS    (1831, Inglaterra)

 

Una temprana y fascinante versión del cuento de Bucles de Oro fue escrita en 1837 por el laureado poeta británico Robert Southey, con el título de “El cuento de los tres osos”, pero la heroína de Southey no era joven ni hermosa, sino una vieja de unos setenta años, iracunda, hambrienta y sin hogar, que irrumpe en la confortable morada de los osos en busca de comida y alojamiento. La evolución de este personaje, desde una arpía de mal carácter y cabellos hirsutos a una bella mujer de cabellos plateados y, finalmente, a una muchacha radiante y rubia como el oro, tuvo lugar a lo largo de muchos años y fue obra de varios escritores.

 

Southey aseguraba haber oído el cuento de labios de un tío suyo, y una vez lo publicó el poeta, gozó de amplia aceptación. Los lectores británicos supusieron que “El cuento de los tres osos” era una creación original de la familia Southey, y lo mismo hicieron los historiadores hasta hace unas pocas décadas.

 

En 1951 se descubrió un viejo manuscrito en la Biblioteca Pública de Toronto, en la colección Osborne de libros infantiles antiguos. Impreso y encuadernado a mano, el librito se titulaba “El cuento de los tres osos relatado métricamente, con ilustraciones que lo sitúan en Cecil Lodge, en septiembre de 1831”. Con el subtítulo de “El célebre cuento infantil”, había sido versificado y embellecido con dibujos, como regalo de cumpleaños para un niño, Horace Broke, por su tía Eleanor Mure, soltera y de treinta y dos años de edad. Y esto ocurrió seis años antes de que apareciera el cuento de Robert Southey.

 

Los dos cuentos contienen notables semejanzas. En la versión de Eleanor Mure, la indeseable intrusa en la casa de los osos es también “una vieja cascarrabias”, pero los tazones del comedor no contienen las gachas de Southey, sino leche que se ha agriado. En la versión de Southey, cuando la anciana sin hogar es descubierta en la cama por los osos, salta por la ventana y desaparece sin dejar rastro. En cambio, en el cuento anterior de Mure, los indignados osos recurren a varias tácticas crueles para librarse de la arpía.

 

Al fuego la arrojaron, pero no la pudieron quemar,

En el agua la metieron, pero no se dejó ahogar.

 

Pero aún falta lo peor: en su desesperación, los osos empalan a la anciana en la aguja del campanario de San Pablo.

 

Los investigadores sólo pueden suponer que el tío de Robert Southey captó los detalles más sobresalientes del cuento de Eleanor Mure, pero es indiscutible que el poeta británico dio a conocer el cuento a toda una generación de lectores de su país.

 

¿Y quién transformó a la odiosa y fea anciana en una Bucles de Oro radiante y joven?

 

Doce años después de la publicación del cuento de Southey, otro escritor británico, Joseph Cundall, publicó su ”Treasury of Pleasure Books for Young Children”. En una nota introductoria, Cundall explicaba a sus lectores: “He hecho de la intrusa una niña en vez de una anciana”, y justificaba la transformación añadiendo que “ya hay muchos cuentos de viejas”. Y dio a la niña el nombre de Cabellos de Plata. El personaje fue conocido con este nombre durante varios años, y apareció en una serie de libros infantiles.

 

Más tarde, en 1868, en “Aunt Friendly's Nursery Book”, la intrusa en la casa de los osos es transformada de nuevo: “Vivía en el mismo bosque una niña muy buena llamada Cabellos de Oro.” Treinta y seis años más tarde, en 1904, en “Oíd Nursery Stories and Rimes”, el aspecto de la intrusa se mantuvo sin alteraciones, pero le fue cambiado el nombre: “La niña tenía una larga cabellera dorada, por lo que la llamaban Bucles de Oro.” Y bucles o ricitos de Oro es el nombre que ha perdurado.