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EL GATO CON BOTAS    (1553, Italia)

 

Tal como lo narró Charles Perrault en 1697, Le Chat Botté es el cuento más famoso en todo el folklore de animales que auxilian al hombre. Pero este gato, en versiones anteriores y posteriores del cuento, es un modelo del artista del delito. A fin de adquirir bienes para su amo empobrecido, el astuto gato, provisto de un soberbio par de botas, miente, estafa, amenaza y roba. Al terminar el cuento, todas sus estratagemas han dado brillantes resultados y el lector se despide de un Gato con Botas, soberbiamente ataviado, que alterna en los más altos círculos de la corte. El cuento sugiere que el delito paga dividendos.

 

Una vez más, este cuento apareció en el “Pentamerote” de Basile. Un mendigo napolitano fallece y lega a su hijo un gato. El hijo se queja amargamente de esta parca herencia, hasta que el gato le promete: “Yo puedo enriquecerte, si me da la gana”. Al igual que en el cuento de Perrault, el gato italiano, il Gatto, miente y planea su camino hasta la riqueza. Incluso engaña al rey para que ofrezca a la princesa en matrimonio a su dueño, y sigue intrigando hasta que el monarca aporta una dote lo bastante generosa para que el amo del gato pueda adquirir unas propiedades vastísimas. Pero si el cuento de Perrault concluye aquí, el de Basile tiene su continuación.

 

El amo había jurado al gato que, como recompensa, al morir, sus restos serían depositados en un magnífico sarcófago de oro. A título de prueba iI Gatto se finge muerto y pasa entonces por la humillación de oír a su amo bromear acerca del lujoso atuendo del felino y de su conducta inmoral, y se entera de que su dueño se propone arrojar por la ventana su cadáver. Indignado, il Gatto se incorpora de un salto y abandona precipitadamente la casa, para no volver más a ella. En las últimas líneas de Perrault corre mejor suerte: “El gato se convirtió en un gran señor, y nunca más volvió a perseguir a los ratones, como no fuera para divertirse”.

 

La semejanza entre el cuento italiano y el de Perrault es notable en muchos aspectos, con la excepción de que il Gatto carecía de botas y de que la hacienda de su amo fue adquirida con dinero de la dote matrimonial. No obstante, los folkloristas aseguran que Perrault no conocía el libro de Basile. Hubo sin embargo una versión italiana del cuento, todavía más antigua, que acaso pudo influir tanto a Perrault como a Basile.

 

En el año 1553, en Venecia, Gianfrancesco Straparola, un cuentista de Caravaggio, cerca de Milán, publicó la historia de un gato notable en Las noches deliciosas. Straparola aseguraba que este cuento, así como todos los demás de su obra en dos volúmenes, fue escrito escuchándolo “de labios de diez muchachas”. Es muy similar a la versión de Perrault, de la que sólo difiere en detalles menores. Y el libro de Straparola, a diferencia del de Basile, fue publicado en Francia en vida de Perrault.

 

A lo largo de los siglos, y en diversos países, el cuento ha aparecido en libros infantiles algo suavizado, a fin de que ese gato tunante se asemeje más bien a un Robin Hood, dedicado a robar a los ricos para socorrer a los pobres.