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LA CENICIENTA   (siglo IX, China)

 

La historia de la Cenicienta se considera el cuento de hadas más popular del mundo. Es posible que tuviera mil años de antigüedad como mínimo, en diversas formas escritas y orales, cuando Perrault lo transcribió. En muchas de esas versiones se describía la brutal mutilación de los pies a que se sometía a las mujeres, en el vano intento de que pudieran calzarse la misteriosa zapatilla.

 

El cuento, tal como se les narra hoy a los niños, que la pobre fregona logra asistir a un baile suntuoso gracias a la benevolencia de una hada madrina, se debe enteramente a Charles Perrault. De no haber sido por su hábil narración, es posible que el mundo occidental conociera tan sólo las peripecias de “Rashin Coatie», la hija hermosa pero pobre de una popular versión escocesa.

 

Según este cuento, las tres feísimas hermanastras de la muchacha obligan a ésta a vestir harapos. En vez de una hada madrina que satisfaga sus deseos, Rashin Coatie tiene un carnero mágico, al que su maligna madrastra mata y asa vengativamente. Transida por el dolor, Rashin Coatie, que anhela asistir a un baile, formula el deseo de un vestido nuevo ante los huesos del carnero. Ataviada con “«el más lujoso” de los vestidos, cautiva a un príncipe y, al volver apresuradamente a casa, pierde una preciosa zapatilla de raso.

 

Puesto que el príncipe quiere casarse con la muchacha que demuestre ser la propietaria de la zapatilla, la madrastra corta los dedos de los pies de su hija mayor, y como el pie todavía es demasiado grande, le rebana el talón. El príncipe acepta a la hija fea y secretamente mutilada, pero más tarde un pájaro le revela que el pie que oculta el zapato no está entero... y que Rashin Coatie es la bella muchacha a la que él anda buscando. El príncipe se casa con ella y “siempre más vivieron felices”.

 

En numerosas versiones europeas antiguas del cuento, el pie de la hija más fea es mutilado para que pueda introducirse en una zapatilla de raso, cuero o piel, y algún tipo de pájaro advierte del engaño al príncipe. En el cuento francés, que Perrault oyó contar en su infancia, este calzado parece ser de una piel jaspeada (vair en francés) más bien que de cristal (verre). Pero el genio de Perrault percibió los méritos de una zapatilla de cristal cuyas dimensiones no pudieran alterarse y que fuera transparente. Su captación de lo llamativo que resultaba el cristal resalta en su elección del título: “La Cenicienta o la zapatilla de cristal”.

 

En Europa, el cuento más antiguo basado en la Cenicienta se atribuye a Giambattista Basile, y se incluyó en el “Peníamerone” con el título de “La gata del hogar”. Un napolitano trotamundos, poeta, soldado, cortesano y administrador, Basile, escribió cincuenta cuentos que supuestamente le fueron relatados por mujeres de Nápoles. Su Cenicienta, llamada Zezolla, es víctima de malos tratos desde su infancia.

 

El cuento de Basile comienza con la infeliz Zezolla planeando el asesinato de su malvada madrastra. Finalmente, le rompe el cuello. Por desgracia, su padre se casa entonces con una mujer todavía más odiosa, con seis hijas a cual peor, que obligan a Zezolla a trabajar todo el día ante los fogones de la cocina.

 

Deseando asistir a una fiesta de gala, Zezolla explica su anhelo ante un árbol mágico, una palmera, y en el acto se ve ataviada con sus ropas lujosas, cabalgando un caballo blanco y asistida de doce pajes. El rey queda embelesado ante su belleza, pero a medianoche el único recuerdo que le queda de ella es una zapatilla vacía... que no corresponde a ningún ser mortal excepto, claro está, Zezolla.

 

Aunque la versión italiana presenta notables semejanzas con la de Charles Perrault, los historiadores creen que éste no conocía los cuentos de hadas publicados por Giambattista Basile, y que sólo estaba familiarizado con la versión oral francesa.

 

Entonces, ¿quién escribió la primera Cenicienta?

 

La más antigua versión fechada de este cuento aparece en un libro chino escrito entre los años 850 y 860 d.C. En ella, Yeh-hsien es maltratada por una madrastra de mal genio, que la viste con harapos y la obliga a sacar agua de pozos de peligrosa profundidad.

 

La Cenicienta china guarda un pez mágico de tres metros de longitud en un estanque junto a su casa, pero, disfrazada con las prendas harapientas de su hija, la madrastra engaña, captura y mata al pez. Cenicienta, que anhela tener ropas lujosas para asistir a una fiesta, formula este deseo ante las espinas del pez y, de pronto, se encuentra magníficamente ataviada con plumas y oro.

 

En la fiesta china no hay príncipe ni rey, pero al abandonarla precipitadamente, Cenicienta pierde una zapatilla de oro, “ligera como el plumón y que no hacía ningún ruido, ni siquiera al pisar las losas de piedra”. Finalmente, la zapatilla cae en manos del mercader más rico de la provincia, y una laboriosa búsqueda le lleva hasta Cenicienta, en cuyo pie encaja la zapatilla y que, al ponérsela, se torna tan bella “como un ser celestial”. El comerciante se casa con ella mientras un alud de piedras entierra a la perversa madrastra y a su feísima hija.

 

Este cuento chino del siglo IX fue registrado por Taun Cheng-shih, uno de los primeros recopiladores de folklore en la historia. Taun escribió que lo había oído por primera vez de labios de una sirvienta que llevaba largos años con la familia. Nada más se sabe de los orígenes de este cuento, que tantas semejanzas guarda con las posteriores versiones occidentales. Hasta la fecha, se han recopilado setecientos cuentos diferentes sobre el tema de la Cenicienta.