Al principio del siglo XIX, un norteamericano de origen inglés,
llamado Nichols, roturó centenares de hectáreas de rica tierra virgen
en Carolina del Sur, y cosechó algodón, tabaco y maíz con
tal abundancia, que el producto le dio para construir una casa
grande y educar a una familia numerosa. Ni una sola vez en su
vida echó nada en el suelo para ayudar a los cultivos. Cuando
se depauperó y las cosechas fueron menguando, roturó más
extensiones de terreno y siguió explotándolas. Cuando ya no quedaba
mas tierra que desbrozar y cultivar, los ingresos de la familia declinaron ...
Hasta que el hijo de Nichols se hizo hombre y, al tender la
vista por aquellos terrenos desolados, siguió el consejo de Horace
Greeley y se trasladó al Oeste, para roturar en Tennessee cerca
de mil hectáreas de tierra virgen, que sembró, como su padre, de
algodón, maíz y tabaco. Al hacerse hombre su hijo, le ocurrió lo
que a él : ya las tierras estaban depauperadas y agotadas por
habérselas despojado de los elementos vivos, sin darles nada a cambio,
y se trasladó a Horse Creek, en el condado del Marengo, Alabama.
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| H. Greeley |
Compró allí otras mil hectáreas de tierra
fértil y mantuvo una familia de doce hijos con sus cosechas. El pueblo se
llamó Nicholsville. Nichols era dueño de un aserradero, de una tienda
general y de un molino. Su hijo llegó a ver la devastación en aquellos
feroces campos donde su padre se había hecho rico. Entonces, como él,
se trasladó más hacia el Oeste, y se instaló en Parkdale,
Arkansas, donde compró cerca de quinientas hectáreas de buen
terreno a la orilla del río.
Cuatro emigraciones en otras tantas generaciones. Esta es la
historia, multiplicada por millares, de cómo los norteamericanos
produjeron alimentos en un continente prácticamente despoblado.
El biznieto del primer Nichols, junto con otros cuantos millares
de agricultores, inauguró una nueva era. Después de la Primera
Guerra Mundial comenzó a labrar su nueva hacienda en lugar de
limitarse a minarla y saquearla, adoptando los nuevos fertilizantes
artificiales recomendados por el gobierno. Durante algún tiempo
sus cosechas de algodón prosperaron, pero no tardó en advertir
que las plagas se recrudecían peor que nunca en sus tierras. Cuando
se desfondó el mercado del algodón, su hijo resolvió dedicarse
a la medicina, abandonando la agricultura.
A los 37 años, Joe Nichols era todo un médico y cirujano de
Atlanta, Texas, donde fue víctima de un fuerte ataque cardiaco
que a punto estuvo de acabar con él. Le entró tal miedo, que
abandonó el ejercicio de la medicina durante una porción de semanas
para observarse y estudiar su caso. Todo lo que había aprendido
en la facultad de medicina, más el parecer de sus mismos
colegas, indicaba que el pronóstico era sumamente dudoso. No
había más remedio para su mal que las píldoras de nitroglicerina,
que le aliviaban los dolores del pecho, pero le producían jaquecas
igualmente molestas. Como no tenía otra cosa que hacer, se puso
un día a leer una revista agrícola, donde casualmente se encontró
con la frase siguiente : "Las personas que comen los alimentos
naturales cultivados en suelo féxtil no están expuestas a las
enfermedades del corazón."
"¡Paparruchas! ¡Charlatanería de la índole peor!
prorrumpió Nichols, cerrando la revista que no era ni mas ni menos que la
dirigida por J.I. Rodale, titulada Organic Gardening and Farming -.
¡Si ni siquiera es médico!".
Se acordó Nichols que, el día que experimentó
el ataque, había comido al mediodía jamón, carne asada,
guisantes, pan blanco y pastel que le parecía una refacción sana,
él mismo se la había recetado a centenares de pacientes como dieta.
Pero le cosquilleaba en la cabeza aquella frase de la revista : ¿Qué era alimento
natural? ¿Qué era suelo fértil?.
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| J.I. Rodale |
Los empleados de la biblioteca local le buscaron solícitamente
libros sobre la nutrición. Consultó además la literatura médica,
pero no dio con una contestación satisfactoria sobre qué era alimento natural.
"Yo era bachiller en artes y doctor en medicina dice Nichols -,
era bastante inteligente, había leído mucho, poseía una
granja agrícola, pero no sabia lo que era alimento natural. Al igual
que tantos otros norteamericanos que no habían investigado el
tema, yo creía que alimento natural era el germen de trigo y la
melaza negra, y que los aficionados a los alimentos naturales eran
unos chalados, charlatanes y estrafalarios. Pensaba que la tierra
se hacia fértil volcando sobre ella fertilizantes comerciales."
Hoy, más de treinta años después, la finca que
tiene Joe Nichols de cuatrocientas hectáreas cerca de Atlanta, Texas, es una de las
cosas que hay que ver en el estado. Jamás ha vuelto a padecer un
ataque cardiaco. Atribuye ambos éxitos al consejo que tomó del
Agricultural Testament (Testamento agrícola) de sir Albert Howard,
y de la obra de McCarrison, Nutritional and Natural Health
(Salud nutricional y natural). No volvió a entrar en su hacienda
ni una onza más de fertilizantes químicos : sólo utilizó
en adelante abonos naturales.
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| A. Howard | McCarrison |
Cayó en la cuenta entonces de que toda la vida había estado
consumiendo alimentos falsificados, producidos en tierra envenenada,
y que aquello era lo que le había provocado el ataque al
corazón. Un tercer libro, Nutrition and the Soil (La nutrición y
el suelo), de sir Lionel J. Picton, le convenció de que el remedio
para las enfermedades del metabolismo, lo mismo si se trataba de
una dolencia cardiaca que de cáncer o diabetes, era un a alimentación
natural y libre de venenos, a base de productos de un suelo fértil.
El alimento que consumimos es digerido y absorbido del intestino
para pasar a la corriente sanguínea. Las sustancias nutritivas
son transportadas a las células de todo el cuerpo, donde el trabajo
de reparación se hace en función del metabolismo, proceso en
virtud del cual se convierten las sustancias estables y no vivas en un
material complejo, móvil y viviente, que se llama protoplasma. La
célula tiene una capacidad asombrosa de reparación, siempre que
cuente con los debidos ingredientes a través de una nutrición adecuada;
de otra manera, se embota o pierde el control. La célula,
unidad básica de la vida en lo cual se produce el metabolismo, necesita
aminoácidos esenciales, vitaminas naturales, minerales orgánicos,
ácidos grasosos, carbohidratos sin refinar y diversos elementos
todavía desconocidos, pero presumiblemente naturales.
En los alimentos naturales hay minerales orgánicos, como las
vitaminas, en proporciones equilibradas.
Las vitaminas no son nutritivas de por sí, sino sustancias sin
las cuales el cuerpo no puede asimilar los elementos nutritivos. Son parte de un
complejo extraordinario e íntimamente interrelacionado.
Al decir equilibrados, nos referimos a que todos los elementos
nutritivos asimilados por los tejidos deben estar simultáneamente
a disposición de las células. Además, las vitaminas esenciales
para la buena nutrición y salud deben ser naturales. Hay una gran diferencia,
no química, sino biológica, entre vitaminas naturales y sintéticas.
En los alimentos artificiales falta algo biológico o vivificador. Como todavía
no todos aceptan este hecho, lo ha tenido
que dejar sentado inequívocamente en su obra el doctor Ehrenfried
Pfeiffer, bioquímico y seguidor del famoso científico natural
y clarividente Rudolf Steiner. El doctor Nichols cree que las técnicas
de Pfeiffer pueden revelar exactamente por qué son superiores
los alimentos naturales o los que contienen vitaminas, minerales
y enzimas naturales - otro compuesto químico de origen
vegetal y animal que da origen a la transformación química - a
los cultivados y conservados con productos químicos.
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| E. Pfeiffer |
Al estallar la Segunda Guerra Mundial, Pfeiffer se trasladó a
Estados Unidos y se estableció en la Three-Fold Farm, del Spring
Valley, Nueva York, donde aplicó el sistema biodinámico
de Steiner para fabricar abonos y tratar la tierra, e instaló un laboratorio
para investigar los seres vivos sin dividirlos en sus elementos
químicos.
Ya antes de llegar a Estados Unidos, había desarrollado en
Suiza, su patria, un método de cristalización de la sensibilidad
para probar las fuerzas dinámicas más finas y las cualidades mejores
de las plantas, animales y seres humanos, que se podían detectar
hasta entonces en los laboratorios. El doctor Steiner, que había
pronunciado una serie de conferencias esotéricas en el estado silesiano
del conde de Keyserling durante el decenio de 1920, para
los agrónomos interesados en remediar la productividad declinante
de sus campos, suplicó a Pfeiffer que buscase un reactor capaz de
detectar en la sustancia viva las que llamaba fuerzas etéreas formativas.
Al cabo de varios meses de pruebas con la sal Glauber,
o sulfato de sodio, y muchas otras sustancias químicas, descubrió
que, si se dejaba evaporar lentamente de 14 a 17 horas una solución
de cloruro de cobre a la que se habían añadido extractos de materia
viviente, producía un patrón de cristalización, no sólo
determinado por la naturaleza sino por la calidad de la planta de que procedían
los extractos. Según Pfeiffer, la fuerzas formativas de la planta, que
trabajaban para producir su forma exterior, se combinaban con las
fuerzas vivas de su desarrollo para formar el patrón cristalino.
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| Glauber |
La doctora Erica Sabarth, directora del laboratorio instalado
por Pfeiffer en Spring Valley, mostró a los autores de este libro
series de hermosas cristalizaciones, que parecían corales submarinos
exóticos. Nos indicó cómo una planta fuerte y vigorosa produce
un patrón cristalino bello, armonioso y claramente formado,
que irradiaba a través del borde exterior. Esa cristalización es de
tipo desigual, con engrosamientos o incrustaciones, cuando procede
de una planta débil o enferma.
El método de Pfeiffer, dice la doctora Sabarth, puede aplicarse
para determinar la calidad intrinseca de cualquier clase de organismo
vivo. Cuando un guardabosque mandó a Pfeiffer dos semillas
de diferentes pinos y le preguntó si podía descubrir alguna
diferencia en los árboles, sometió las semillas a sus pruebas de
cristalización y observó que el patrón cristalino de una de
ellas era dechado de perfección armoniosa, y que el otro era feo y estaba
desfigurado y distorsionado. Escribió al guardabosque diciéndole
que uno de los árboles constituía un espécimen excelente, pero que
el otro debía tener algún defecto grave. A vuelta de correo, le
envió entonces el guardabosque fotografías ampliadas de los dos
árboles : el tronco de uno era derecho como un mástil; el otro
estaba tan corvado que no valía para el aserradero.
En Spring Valley, Pfeiffer desarrolló un método todavía
más sencillo y rápido para demostrar cómo vibra verdaderamente la
vida en los suelos, plantas y alimentos vivos, pero no en los minerales inorgánicos,
en las sustancias químicas y en las vitaminas
sintetícas, que no viven. No requiere este procedimiento el equipo
completo de los laboratorios químicos corrientes, sino que necesita
únicamente discos circulares de papel de filtro de 15 centímetros
de diámetro, con un pequeño agujero en el centro, donde se inserta
una mecha. Se colocan en platos abiertos de peltre para cultivos
microbiológicos, en los cuales hay pequeños crisoles que contienen
una solución de 0,05 nitrato de plata. Esta solución sube por la
mecha y se extiende sobre los discos hasta 4 centímetros del centro.
En los dibujos concéntricos de brillantes colores, ha logrado
Pfeiffer descubrir por deducción nuevos secretos de la vida. Probando
la vitamina natural C de productos como los carnosos frutos
de las rosas, observó que su vitalidad era mucho más fuerte
que la de la vitamina C artificial, o ácido ascórbico. Rudolf
Hauschka, seguidor de Rudolf Steiner, dice que las vitaminas no
son compuestos químicos que puedan producirse sintéticamente,
sino fuerzas cósmicas formativas primarias.
Poco antes de morir, Pfeiffer indicó en su folleto Chromatography
Applied to Quality Testing (La cromatografía aplicada a
las pruebas de calidad) que Goethe había formulado hacia 150
años una verdad de la mayor importancia en relación con el reconocimiento
de los valores biológicos naturales : El todo es más que
la suma de sus partes. "Esto quiere decir - escribía Pfeiffer -, que
un organismo o entidad natural contiene factores que no pueden
ser reconocidos ni demostrados cuando se divide en sus partes componentes
por el análisis.
Puede, por ejemplo, analizarse una semilla
para separar sus proteínas, carbohidratos, grasas, minerales, humedad
y vitaminas, pero con todo esto no se averigua su ascendencia
genética ni su valor biológico."
En un artículo publicado por la doctora Sabarth en el número
del invierno de 1968 de Bio-Dynamics - revista dedicada a la conservación
del suelo y el aumento de su fertilidad para mejorar la
nutrición y la salud - titulado "Las relaciones de las plantas, tal
como son visibles por la cromatografía", afirmaba que la técnica
cromatografica "revela especialmente la cualidad y hasta la fuerza
viviente del organismo". Añadía que proyectaba explorar las posibilidades
del método, no sólo en relación con las semillas y los frutos,
sino con las raíces y todas las demás partes de las plantas.
En los modernos alimentos procesados, las vitaminas, los microelementos
y las enzimas se eliminan arbitrariamente, con el objeto,
más que nada, de que duren más los productos. Dice Nichols al
respecto : "Les quitan la vida, los matan en realidad, para que
no sigan viviendo y mueran más tarde."
Los elementos venenosos a que se refiere Nichols, son las harinas
blanqueadas que se meten en el pan blanco, el azúcar blanco,
la sal refinada de mesa y las grasas hidrogenadas. Uno de los comestibles
más innocuos al parecer, las galletas saladas que normalmente
se toman con la sopa, contiene todos los elementos nocivos
que acabamos de mencionar. "Es bazofia - dice -, que lleva
directamente a las enfermedades cardiacas."
Desde mucho antes del llamado amanecer de la historia, o sea,
desde la protohistoria, el pan ha sido el alimento básico del hombre.
En la mitología, se atribuye a Attis u Osiris el origen de los
granos domésticos. En los restos de los palafitos que se conservan
en los lagos suizos, se han encontrado residuos de pan, que fue
cocido hace por lo menos 10.000 años.
Un grano de trigo consta esencialmente de un núcleo duro,
llamado germen, que se ve en uno de sus extremos, un meollo de
endospermo amiláceo sólido, del que se alimenta el núcleo cuando
se siembra hasta que echa raíces, y tres capas de corteza protectora,
cuyo conjunto se llama salvado. En el germen y en la corteza están
las enzimas esenciales, vitaminas y minerales, como hierro, cobalto,
cobre, manganeso y molibdeno. Otros granos - como los de cebada,
avena, centeno y maíz - tienen estructuras análogas, y puede hacerse
pan de ellos. El germen del trigo es una de las pocas sustancias
de la naturaleza en que se encuentra el complejo entero de
la vitamina B, por lo cual se ha llamado al pan la esencia de la vida.
El trigo integral contiene además bario, cuya falta o deficiencia
en el cuerpo humano puede preparar el camino para las
dolencias cardiacas, también contiene vanadio, esencial también
para la salud del corazón.
Desde tiempo inmemorial, los granos de trigo se han molido
entre dos piedras circulares. Hasta el descubrimiento de la energía
del vapor, los molinos se operaban a mano; el primer molino de
vapor se construyó en Londres en 1784. En los de piedra todo el
grano quedaba pulverizado en harina. En el proceso, parte de la
corteza se reducía a polvo, con el color sano del alimento integral.
En el capitulo 32 del Deuteronomio, versículo 14, se invita al hombre
a comer, literalmente la grasa del riñón del trigo, lo que
significa su germen. Los rodillos de hierro inventados por un
francés a principios del siglo XIX separaban el germen, la corteza
y el endospermo. Al principio, el año 1840, se utilizaron estos rodillos
en lugar de piedras, en el molino húngaro de Pest, del Conde
Szechenyi. En 1877 se importó de Viena a Inglaterra un molino
eficiente de rodillos. Pronto fueron empleados en Canadá. El
gobernador de Minnesota, Wasbburn, molinero, lo implantó en
Minneapolis, con lo que empezó a desvitalizarse la harina norteamericana.
Hasta se había universalizado este tipo de molinos.
Desde el punto de vista comercial, tenían tres ventajas sobre
los molinos de piedra. Al separar el salvado de la harina, contaba
el molinero con dos productos en lugar de uno solo. La corteza y el
germen se vendían como salvado para pienso animal. Al separar
el germen, podía conservarse la harina en buen estado durante
mucho más tiempo, con las ganancias mayores consiguientes para
el molinero. Al introducirse el molino de rodillos, podía adulterarse
el trigo con un 6 por ciento de agua adicional. Para ello, había
que retirar el germen, porque, sino, la harina no aguantaba. Y
podía venderse por separado.
En el llamado pan blanco enriquecido, sin vitamínas
ni mínerales, no queda más que el simple algodón, de tan escaso valor
nutritivo que la mayor parte de las bacterias no lo comen. En este
insípido almidón se inyectan arbitrariamente sustancias químicas
sintéticas, que sólo en parte sustituyen al complejo de la vitamina
B y no deberían ser consumidos por los seres humanos porque
no están equilibrados, o balanceados, como prefiere expresarlo
el barbarismo comercial, tan en boga hoy lamentablemente.
Durante treinta años, la harina se estuvo blanqueando con tricloruro
de nitrógeno, según el proceso agenético, con cuyo nombre
se le conoció. En él se emplea un veneno que afecta al sistema nervioso
central. Provoca ataques a los perros pequeños y puede
contribuir a trastornos mentales en los seres humanos. En 1949, los
molineros empezaron a utilizar voluntariamente, para blanquear
la harina, el bióxido de cloro.
Según Nichols, también es un veneno.
Entre otras sustancias químicas que se emplean para mejorar
la harina, están el peróxido benzoico, el bromato potásico, el
persulfato amónico y hasta el alloxan. El bióxido de cloro destruye
lo que queda de la vitamina E en la harina, y hace esponjarse
al almidón, lo cual conviene mucho al panadero. Los investigadores
ingleses averiguaron que al privar de la vitamina E natural
al pan, se reduce el alimento de un trabajador de 1.000 unidades
aproximadamente diarias a 200 o 300.
Para compensarlo, de la misma manera que se introdujo en
Inglaterra la harina blanca, fue inventada por otro francés la
margarina, sustituto barato de la mantequilla, sin vitaminas A
y D. Con eso, la salud general de la nación se deterioró. Los
hombres del norte de Inglaterra y del sur de Escocia, tan corpulentos
y poderosos durante las guerras napoleónicas, perdieron
estatura y se hicieron enclenques y poco aptos para el servicio
militar en la Guerra de los Boers. Una comisión nombrada para
investigar este fenómeno dictaminó que se debía al
éxodo del campo a las ciudades, donde la gente no consumía el pan sano
del campo, sino pan blanco y azúcar blanca.
En 1919, cuando el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos
declaró que había una relación positiva entre el consumo de
harina superrefinada y enfermedades como el beri-beri y la pelagra
- producidas por deficiencia de vitaminas, de las cuales se
registraron 100.000 casos sólo en el Misisipi -, los molineros
entraron en acción, no para cambiar la harina, sino para cerrar la
boca al Servicio de Salud Pública. A los seis meses, éste inserté
servilmente una rectificación en su boletín. El pan blanco,
dijo, era perfectamente sano ... si se consume junto con una
dieta adecuada de frutas, hortalizas y productos lácteos. Como
dijeron más tarde Gene Marine y Judith Allen, cuando relataron
la historia en su reciente libro, Food Pollution (La polución
alimentaria) : Lo mismo pasa con el cartón.
Los villanos que siguen figurando en este melodrama de la vida,
son el azúcar blanco y la glucosa, que constituyen el jarabe espeso
de las frutas en conserva, y el elemento endulzador de la mayor
parte de los refrescos. En el siglo XVII, los fabricantes europeos
desarrollaron un proceso en virtud del cual, después de ocho
semanas de trabajo rudo, el azúcar podía quedar refinado hasta
adquirir algo parecido a la blancura. Esta blancura, tan cara al
principio, fue la causa de que los pobres considerasen más digno
de ser consumido el azúcar blanco, pero Nichols dice que es
uno de los alimentos más peligrosos del mercado. De él se ha
eliminado todo lo bueno, la melaza, las vitaminas y los minerales.
No le quedan más que hidratos de carbono y calorías ..., de las
cuales ya tenemos bastantes.
Hoy se refina el azúcar por motivos
puramente comerciales, porque se conserva mejor. El azúcar blanco
puede envasarse en sacos de 50 kilos aproximadamente, guardarse
años y años en almacenes sucios y venderse todavía lucrativamente.
La mayor parte de los jarabes o dulces de mesa, dice Nichols,
no son sino almidón de maíz tratado con ácido sulfúrico y
coloreado y sazonado artificialmente. A diferencia del azúcar natural
de las frutas, la miel, la melaza y el jarabe de maple, van directamente
a la corriente sanguínea, produciendo instantáneamente
hiperglicemia, o sea, un exceso de azúcar en la sangre. Las células
humanas quedan ahogadas en azúcar. El páncreas escucha la
alarma y produce demasiada insulina, provocando un estado de
hipoglicemia, o sea, defecto de azúcar en la sangre. Este ir y
venir, dice Nichols, es la causa de la tan extendida cafetomanía :
el hombre comienza el día echando azúcar refinado en el café,
y glucosa en los cereales o panqués, con lo cual lícita su sangre
de azúcar, provocando una reaccion consiguiente del páncreas.
A las diez de la mañana tiene hipoglicemia, por lo que se toma su
tacita de café endulzado, o un refresco, o una barra de caramelo
o de dulce. Su sangre se carga de azúcar en el acto. El páncreas
vuelve a reaccionar. Al mediodía, el hombre se siente nuevamente
débil o desfallecido, y el proceso se repite a lo largo del día.
Uno de los efectos secundarios de la hipoglicemia es la disminución
de la resistencia orgánica, la nerviosidad y el embotellamiento
mental, con lo cual se prepara el camino para las enfermedades
producidas por virus y bacterias.
Uno de los venenos menos conocidos y suspectos de la mesa,
es la sal refinada común o cloruro de sodio. Al cabo de un largo
periodo puede producir alta presión sanguínea y trastornos
cardíacos. En cambio la sal de mar contiene minerales vitales o
microelementos pero, cuando llega esta sal al supermercado, ya
ha sido refinada y convertida en cloruro puro de sodio, del que
han desaparecido todos esos minerales. Además es tratada a elevadas
temperaturas con silicato de sodio, agente desecador, que
permite que fluya la sal perfectamente en tiempo húmedo. Pero,
según Nichols, así se altera el equilibrio delicado de sodio y del
potasio, en las células. Son tan sutiles las combinaciones químicas,
que, si los dos elementos básicos de la sal común se consumiesen
separadamente en las mismas cantidades, matarían en el acto al
individuo.
La otra causa, más maligna todavía, de las enfermedades
cardíacas, dice Nichols, son las grasas hidrogenadas. Entre ellas
están la mayor parte de las grasas y aceites que se encuentran
en la manteca, en la mantequilla de cacahuate que se vende en
las tiendas, y en prácticamente todos los productos comerciales
de panadería, como las galletas saladas, las dulces y el pan.
Muchos helados están hechos de "mellorina", aceite hidrogenado
barato. La hidrogenación consiste en utilizar un catalizador de níquel
calentado para meter el hidrógeno entre los átomos de carbono
del ácido linoleico. Así se evita que el aceite se enrancie, pero
también se destruyen ácidos grasosos esenciales. Al no ser posibles
de absorber por las células del cuerpo, dice Nichols, tienen que ir
a alguna parte del mismo, y terminan recubriendo el interior de
los conductos sanguíneos, provocando enfermedades cardíacas.
El DDT y otros pesticidas van también directamente al aceite
de la semilla del maíz y del algodón. No hay manera de eliminarlos,
y producen el cáncer. Aunque el DDT ha sido ya proscrito
en muchas partes, sus sucesores, el Dialdrin, el Aldrin y el Heptaclore,
son igualmente nocivos "Yo no permitiría entrar el aceite
de maíz en mi cocina", dice Nichols. Recomienda cualquiera de
los aceites presionados en frío, como el de oliva o el de cártamo,
que son maravillosamente claros y casi transparentes.
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| DDT |
Nichols indica que, si bien el arroz natural es uno de los
mejores alimentos del mundo, y una de las más ricas fuentes
del complejo de vitamina B natural, el arroz blanco procesado
no es sino puro almidón, que ya resulta superfluo en la elevada
dieta norteamericana de hidrocarbonados. Las esposas de los
misioneros norteamericanos de Filipinas mataron a centenares de
prisioneros en las cárceles locales, por sustituir el arroz natural
filantrópiramente por el procesado, lo cual dio lugar a numerosos
casos de beri-beri.
La mantequilla de cacahuete, que tanto le costó a Calvert
producir, está siendo actualmente fabricada con cacahuetes
rancios, dice Nichols, porque los químicos alimentarios lo han limpiado,
desodorizado y decolorado, para podérselo vender a las
madres incautas. Ellos pueden fijar los alimentos por uno u otro
medio y por centenares de diversos aditivos tóxicos, y resulta muy
difícil al ciudadano distinguir cuándo el alimento está
pasándose o se ha pasado ya.
Uno de los elementos más importantes de la dieta humana
es la proteína, que contiene ocho aminoácidos esenciales, los
cuales son los bloques de construcción del cuerpo. Hay veintidós
aminoácidos. Ocho de ellos son esenciales para el adulto, y diez
son necesarios para los niños que están creciendo. Incluyendo
estos factores, el cuerpo puede construir los demás.
La carne es la fuente más corriente de proteínas
en Estados Unidos, pero el filete de hoy procede de carne de reses cebadas
a la fuerza durante 180 días, con granos híbridos pobres en
proteínas y regados con insecticidas venenosos. Estos van directamente
al gordo de la carne, especialmente al de los filetes y
pueden ser la causa, entre otras, de enfermedades cardiacas, según Nichols.
Para que aumente en un 20 por ciento el peso del
ganado - lo cual se traduce en ganancias de muchos millones de
dólares los ganaderos ceban a sus animales con diethylstilbestrol
(DES), que puede ser carcinógeno en los hombres y en las mujeres.
Aunque la FDA (Administración de Alimentos y Drogas)
prohibió el uso del DES en la primavera de 1973, ha sido sustituido
por un compuesto llamado Synovex, que contiene benzoato de
estradol, considerado como carcinógeno por muchos especialistas.
El doctor Mortimer Lippsett dice : "Puede usted atribuir al Synovex
los peligros que encuentre en el DES." El ganado vacuno,
los cerdos, las ovejas y las aves están recibiendo también otras
dieciséis drogas juntas o separadas, que la FDA considera o sospecha
que pueden ser carcinógenas para los humanos. Aunque
el ejercito entero se uniese a los inspectores federales de carnes
de la FDA para detectar el exceso de toxinas en ellas, no es probable
que evitasen el que los productos químicos nocivos llegasen
a la mesa de los ciudadanos. Y conste que una gran proporción
de las carnes que consumimos no son inspeccionadas nunca. De
los diez mil millones de salchichas de Frankfort, consumidas en
un año hace poco en Estados Unidos, unos tres mil millones y
medio se consumieron en los mismos estados en que se produjeron,
por lo cual no fueron inspeccionados.
Las entrañas de los animales, dice Nichols, sólo
deben comerse cuando han sido alimentados orgánicamente. Los hígados
de animales de primera son confiscados muchas veces, porque
continen abscesos y sustancias tóxicas. Las gallinas criadas comercialmente
tienen en el cuerpo arsénico y estilbestrol, sustancias
que en gran parte terminan en el hígado. éste es el órgano
desintoxicante del cuerpo, y allá van a parar estos venenos. Los huevos
que se compran en las tienda son infértiles en su mayor parte,
no saben lo mismo que los fértiles ni son tan buenos para el
hombre, porque hay entre ellos una sutil diferencia biológica. Las
gallinas dedicadas a la postura comercial de huevos están metidas
en compartimientos donde no pueden moverse, y rara vez han
visto un gallo, si es que han llegado a verlo. ¿Cómo puede una
gallina que no se siente feliz poner buenos huevos.
En la pirámide de la vida, las plantas desempeñan un papel
esencial, porque el hombre no puede comer directamente del suelo
elementos básicos. Le llegan gracias a los buenos oficios de la
plantas vivas, que alimentan de la misma manera todos los
animales, directa o indirectamente. Nuestro cuerpo se sustenta
de la tierra a través de los vegetales y de los animales. Los mícroorganismos
disuelven las sustancias químicas del suelo y las hacen
aceptables para las plantas, éstas sintetizan los hidrocarbonados
del aire, de la lluvia y de la luz solar.
Pero, para que los procesos
vitales puedan convertir estos carbohidratos en aminoácidos y proteínas,
deben ser ayudados por la fertilidad del suelo. Ni el hombre
ni los animales son capaces de sintetizar proteínas de los
elementos. Sólo los animales pueden recogerlas de los aminoácidos,
siempre que las plantas reúnan y produzcan, con la ayuda de los
microbios, los tipos y cantidades necesarias.
Las plantas productoras de proteínas requieren numerosos elementos
del suelo : el nitrógeno, el azufre y el fósforo se necesitan
para formar parte de la molécula de la proteína; el calcio y la
cal también son imprescindibles, y el magnesio, el manganeso,
el boro, el cobre, el zinc, el molibdeno y otros elementos se necesitan
para la construcción de proteínas, aunque sólo sea en
pequeñísimas cantidades.
Si el suelo no tiene la debida fertilidad, es decir, si no está
pululando de microrganismos, todo el proceso se desorganiza o
paraliza. Para que los microrganismos sigan vivos, es necesario
añadir a la tierra grandes cantidades de materias orgánicas en
descomposición. En los bosques, las plantas y los animales muertos
dan su sustancia a la tierra. El moho de las hojas podridas sigue
vivificando el suelo y devolviéndole lo que de él tomó el
árbol para su alimento.
Debe comprender claramente todo el mundo que el suelo es
vital para la salud. Una tierra fértil, debidamente abonada, con
las bacterias, hongos y lombrices necesarias, limpia de fertilizantes
químicos y pesticidas, produce vegetales fuertes y sanos, que rechazan
naturalmente las plagas. Las plantas vigorosas hacen fuertes
y sanos a los animales y a los hombres. Una tierra pobre
produce alimentos pobres en vitaminas, minerales, enzimas y proteínas,
que después se traducen en seres humanos enfermizos. Un
terreno que ya se ha agotado invita a los agricultores al éxodo
del campo para meterse en los bohíos de los barrios míseros de
las populosas urbes.
Por extraño que parezca, los vegetales desarrollados en terrenos
fértiles no atraen tan fuertemente a los insectos como los de suelos
pobres, estimulados artificialmente con fertilizantes químicos. Los
primeros son inmunes naturalmente en cierto grado a los insectos
y a las enfermedades, lo mismo que un cuerpo bien nutrido no es
tan vulnerable a las dolencias de ningún género.
El resultado final de la agricultura química, dice Nichols, es
siempre la enfermedad : primero para la tierra, después para la
planta, luego para el animal y por fin para el hombre. "En
cualquier parte del mundo en que esté en boga la agricultura
química, la gente es débil y enfermiza. Las únicas beneficiarias
son las compañías que producen las sustancias químicas."
Al mismo tiempo que con los fertilizantes, las empresas químicas
empezaron a regar las tierras con pesticidas artificiales,
alentadas por el gobierno y con el apoyo tácito de los profesores
universitarios. Actualmente se producen 300 millones de libras de
venenos químicos diferentes, que ostentan 22.000 nombres
comerciales, y están destruyendo la vida selvática y la de los microbios
e insectos esenciales para ella, El doctor George J. Wallace, zoólogo
de la Universidad de Michigan, dijo del riego con fertilizantes
que "plantea el peligro mayor que haya arrostrado en Norteamérica
la vida animal ... peor que la desforestación, peor que la caza
ilegal, peor que los deslaves, drenajes, sequías, contaminación por
los humos de la gasolina, y posiblemente peor que todas estas
plagas diezmadoras juntas.
No sólo la vida natural terrestre, sino los peces de las aguas
dulces y de los océanos están siendo envenenados poco a poco con
la combinación de insecticidas y herbicidas. Sin embargo, el DDT
que ahuyentó a los peces y a la caza menor dejó su huella floreciente
en el gorgojo del algodón. Pese a las aplicaciones de pesticidas,
los insectos se están imponiendo e infligiendo daños anuales
por valor de 1.000 millones de dólares a las cosechas. Y parece
que estamos predicando en el desierto al insistir y machacar en
todos los tonos que las plantaciones sanas resisten naturalmente
a las plagas y ahuyentan a los insectos. En el libro ya citado,
Silent Spring, que el juez William O. Douglas llamaba la crónica
más importante del siglo para el géneto humano, Rachel Carson
dejó sentado claramente que el medio ambiente que alimenta y sostiene
la vida humana está siendo explotado y presionado hasta el
borde del colapso. Como previó Sykes, lo médicos atribuyen al DDT
y a sus derivados más venenosos el aumento de la leucemia, de
la hepatitis, de la enfermedad de Hodkin y de otras dolencias
degenerativas. Es aterradora la relación que hay entre el nacimiento
de niños mentalmente retardados y el aumento de fertilizantes
y productos químicos. En 1952 nacieron 20.000
niños retrasados mentalmente. En 1951, fueron 60.000; seis años
más tarde, la cifra se elevó a 126.000 y en 1968 pasó con mucho
de 500.000. Hoy nace en Estados Unidos un retrasado mental por
cada ocho normales, según el doctor Roger J. Williams, descubridor
del ácido pantoténico, director del Instituto Bioquímico
de la Fundación Clayton, de Texas y primer bioquímico elegido
presidente de la Sociedad Quimica Norteamericana.
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| R.J. Williams |
Nichols, al ver lo que estaba ocurriendo en la nación a consecuencia de la fertilización química y del uso de pesticidas químicos, adoptó dos medidas. Implantó en su explotación agrícola el cultivo orgánico, y buscó a otros doctores y científicos que habían hecho los mismos descubrimientos.
Entre todos fundaron la organización Natural Food
Association (NFA), de la que Nichols fue primer presidente. Su objeto era
empezar a corregir la situación con una campaña nacional de
divulgación para que la gente se enterase de los hechos reales, puesto
que sólo una opinión pública ilustrada podía salvar
a Estados Unidos de la pobreza de los alimentos y del suelo. Nichols dice que estaba
decidido a explicar a todo el mundo cómo podía obtener alimentos
naturales : "No importa la edad que usted tenga, su sexo, su color ni dónde viva,
al norte, al sur, al este o al oeste, en una granja aislada o en el
departamento de una populosa ciudad."
Por cuantos medios pudieron, Nichols y la NFA rebatieron el
tópico manido de que los Estados Unidos son la nación mejor
alimentada y más sana del planeta. "Nada puede haber más lejos
de la verdad - dice Nichols -. La verdad, es la nación más alimentada
pero peor nutrida de la Tierra. Hoy este país se está
marchitando biológicamente. Estamos frente a un desastre metabólico.
Somos una nación de enfermos. Las enfermedades del
corazón están haciendo estragos en Estados Unidos : son nuestro
enemigo público número uno. Son la causa principal de la muerte
entre los norteamericanos. Hace cincuenta años, era rara la trombosis
coronaria. Hoy ataca inclusive a los jóvenes ... El cáncer,
la diabetes, la artritis, la caries dental y otras enfermedades del
metabolismo están aumentado rápidamente. Hasta los niños son
victimas de estas dolencias."
Haciendo una lista de datos escuetos, Nichols dio a conocer
que, según revelaron 1.700 autopsias, en cada uno de los pacientes
de más de tres años ya había enfermedades de la aorta, la arteria
principal del cuerpo que lleva la sangre desde el ventrículo izquierdo
del corazón a todos sus órganos y partes, excepto a los
pulmones. En todos los pacientes de más de veinte años de edad,
la enfermedad estaba ya en la arteria coronaria.
"Con esto debe bastar y sobrar para convencer a cualquiera
de que casi todos los habitantes de Estados Unidos tienen una
enfermedad cardiovascular. Es una verdadera epidemia. Y también
tenemos epidemia de cáncer. Después de los accidentes, el
cáncer es la causa principal de la muerte en los niños menores
de quince años. ¡Nuestras criaturas nacen con cáncer! La Sociedad
Norteamericana del Cáncer asegura que con el tiempo esta
enfermedad atacará a uno de cada cuatro norteamericanos actualmente
vivos. Puede llamarse sana a una nación en que una de
cada cuatro personas está condenada a contraer el cáncer, siendo
así que tres de cuatro cancerosos van a morir?".
Casi inmediatamente, la industria química agrícola y
las empresas procesadoras de alimentos trataron de desacreditar a la
NFA, llamando a sus miembros alarmistas de los alimentos, ignorantes
y charlatanes.
Los tildaron de anticientíficos. No tardaron
en unirse a los primeros detractores, el Departamento de Agricultura
y de Salud, Educación y Bienestar de Estados Unidos, que
operan a través de la FDA, e inclusive la Asociación Médica
Norteamericana. Los profesores universitarios, buscando hacer su
agosto, apoyaron a la FDA. Se desencadenó una campaña para
hacer creer a los estadunidenses que lo que decía la NFA eran
puras patrañas. Se publicaron artículos en periódicos y revistas,
y hasta libros enteros, en un esfuerzo ingente por contrarrestar la
campaña de la NFA y mermarle credibilidad ante el público.
El Departamento de Salud, Educación y Bienestar dio a la
publicidad un boletín titulado Food Facts vs. Food Fallacies
(Hechos y mentiras sobre los alimentos), en que calificaba de
mito cuanto decía Nichols. Para desacreditar a la NFA y sus fines,
la Asociación Médica Norteamericana y la Administración de
Alímentos y Drogas organizaren un Congreso Sobre la Charlatanería,
que recorrió Estados Unidos, organizando semínarios sobre los medicastros
y sacamuelas de los alimentos. Nichols comentó : "Se ensañaban en realidad
con hombres y mujeres, cuya
defensa de los - alimentos naturales - o - alimentos orgánicos - o
- alimentos sanos - representaba un peligro para las ganancias de
la industria alimentaria."
Las estrellas del espectáculo eran el doctor Fred Spare y el
doctor Jean Mayer, director del Departamento de la Nutrición,
en la Escuela Médica de la Universidad de Harvard, quienes repetían
que, para consumir una dieta bien equilibrada, lo único
que tenía que hacer un norteamericano era ir a la tienda más
próxima de comestibles y comprar una variedad de los cuatro
grupos siguientes de alimentos : frutas y hortalizas, leche y productos
lácteos, cereales, carne y huevos. El Departamento de Salud
Pública organizó una propaganda general, apoyada por las industrias
procesadoras de carne y los trusts químicos, que fabrican
los aditivos venenosos de los alimentos. Se unieron a su causa los
redactores científicos, médicos y de la nutrición de los periódicos.
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| J. Mayer |
Cuando la NFA trató de decir al país que el DDT era una sustancia química que producía el cáncer, fueron sus miembros acusados de charlatanes y alarmistas; les dijeron que estaban propagando patrañas. Por fin - después de más de una década de envenenamiento - se obligó a la FDA a que calificasen de veneno peligroso al DDT, aunque la presión de los intereses agricolas hizo que revocase su condenación por lo que hacía a la leche, y estableció una tolerancia legal respecto a la cantidad de DDT que se permitía en ella.
Aunque los investigadores australianos dijeron que el BHT
- o butilhidroxitolueno, antioxidante que se utilizó al principio
para conservar los filmes de color y que después se aplicó al
procesamiento de los alimentos - era un producto teratógeno, o sea,
que dificultaba el desarrollo del embrión, la FDA permitió que
se emplease para conservar frescos los alimentos. Los periodistas
preguntaron a la FDA qué investigaciones habían realizado, y
les dijeron que los trabajos eran secretos. Al fin se descubrió que
sólo había dos informes sobre el BHT en sus archivos, redactados
por miembros del personal técnico que elaboró este producto.
En 1960, el grupo que estudiaba los aditivos para los alimentos
en el Comité Científico Asesor del presidente Eisenhower, entre
los cuales había miembros de la Academia Nacional de Ciencias,
profesores de universidades y representantes de la Fundación
Rockefeller y de institutos investigadores del cáncer, declaró lo siguiente :
"Hoy los norteamericanos están mejor alimentados y tienen
más salud que en ningún otro tiempo de su historia ... Las
contribuciones de la ingeniería, agricultura y ciencias químicas han
cristalizado en un aumento de la cantidad de alimentos puros
de la más alta calidad uniforme, que han contribuido indudablemente
al bienestar físico de la nación."
Treinta años después, el comisario de la FDA, Charles C.
Edwards, insistía todavía en que era cosa demostrada y comprobada
que el contenido vitamínico de los alimentos no resiente
los efectos del suelo en que han crecido. "Las deficiencias en vitaminas
o minerales - aseguró - no tienen relación con la gran
mayoría de síntomas, como el cansancio, la nerviosidad y el decaimiento."
Y a continuación proclamaba que : "Es inexacto científicamente afirmar
que la calidad del suelo de Estados Unidos
hace que se acumule una concentración anormalmente baja de
vitaminas o minerales en los alimentos producidos en este país ...
No existe relación entre el contenido vitamínico de los alimentos
y la composición química del suelo."
Sin embargo, todavía hay esperanza, sí volvemos al camino
debido, dice Nichols, y empezamos a limpiar de venenos cada
eslabón de la cadena alimentaria, para devolver al país la nutrición
adecuada y evitar la declinación y degeneración prolongada que
afligió a áfrica septentrional y al Cercano Oriente. Para
ello y para salvar a la nación de un desastre metabólico, manifiesta,
tenemos que pasar de una economía de explotación a otra
de conservación. A la larga, es necesario que el país desista de
utilizar fertilizantes químicos y vaya resucitando poco a poco el
suelo orgánicamente. Hoy pueden comprarse los abonos orgánicos
en sacos o envasados, lo mismo que cualquier fertilizante comercial,
y a un precio no más caro. Pueden conseguirse fácilmente
depósito de fosfato en bruto tomados de las piedras y de potasio
con minerales marinos ligeramente nutritivos, y otros por el estilo.
La gran ventaja de los fertilizantes organicos de roca, es que,
a los pocos años de aplicarse, ya no se necesitan. Mientras el
agricutor químico tiene que emplear mayor cantidad de fertilizantes
cada año, el agricultor orgánico va necesitando cada vez
menos. Con el tiempo ganará más dinero, porque le costará
menos labrar.
Los agricultores orgánicos dicen que no es cierto que el
propietario de una gran hacienda no pueda encontrar suficiente materia
orgánica. Le han dicho, afirma Nichols, que tiene que rodar
a una hectárea, para conseguir el abono natural que necesita
otra; pero, en realidad, puede él mismo producir la materia orgánica
que le hace falta para cada hectárea, siguiendo unas cuantas
reglas sencillas. Y el método orgánico puede aplicarse a cualquier
tipo de agricultura. Todos los estiércoles naturales, la basura
y hasta el fango de los drenajes pueden mezclarse y devolverse a
la tierra. Con sólo reducir a la mitad el desperdicio de estos materiales,
dice Nichols, podríamos duplicar la fertilidad de nuestras
tierras y, en consecuencia, nuestros alimentos.
La restauración de la fertilidad del suelo, según los
agricultores orgánicos, representaría un gran paso hacia la
solución del problema de escasez de alimentos y de agua, que no
podrá resolverse hasta que se devuelva al suelo la materia orgánica que
necesita. Cien libras de humus corriente del este de Texas no
aguantan treinta libras de agua. Pero cien libras de humus absorberán
como una esponja ciento noventa y cinco libras de agua.
El suelo fértil es generalmente de color oscuro, y blando al tacto.
Cuando llueve el agua lo cala e impregna.
Con la, construcción de presas junto a los ríos no
se acabará de resolver el problema del agua, dicen los labradores orgánicos.
El nivel húmedo del subsuelo seguirá disminuyendo mientras la
materia orgánica no se devuelva a su superficie. Nichols lo explica
así : "Tenemos que aprender a atrapar el agua de la lluvia
donde quiera que caiga, en lugar de deslavar nuestro suelo para
arrastrarlo hasta los ríos." Una tercera parte de las tierras arables
de Estados Unidos ya han ido a parar al mar a través de los
años, y todavía siguen perdiéndose más
rápidamente de lo que pueden reponerse. Las inundaciones arrastran
millones de toneladas de suelo rico. La erosión nos cuesta casi medio
millón de hectáreas de tierra al año. Vivimos de unos 20
centímetros de tierra superficial, que contiene lombrices, bacterias, hongos y otras
formas microscópicas de vida, las cuales nos proporcionan vegetación,
árboles, insectos y animales. La única riqueza inagotable
es un suelo fértil. Constituye el mayor recurso natural de cualquier
nación; las civilizaciones antiguas quedaron destruidas cuando se perdieron
sus tierras fértiles.
En la edad de hambre que se avecina, dice Nichols, la fuente
primera de riqueza serán los alimentos producidos por los suelos
fértiles. Y es necesario que dejemos de contaminar el resto del
planeta. Pronostica que el uso excesivo de fertilizantes comerciales
que están haciendo las naciones subdesarrolladas del mundo va
a acrecentar el volumen de las enfermedades del metabolismo,
que ya están afligiendo a Estados Unidos. Sin embargo, Las empresas
químicas continúan haciendo propaganda y presionando
para que haya un consumo mayor de sus productos. El doctor
Raymond Ewell, vicepresidente de investigaciones de la Universidad
de Nueva York en Búfalo, quien está considerado como
uno de los más prestigiosos economistas químicos, profetiza
lúgubremente que, si "Asia, áfrica y América Latina no
emplean hacia el año 1980 un volumen de fertilizantes que se aproxime a los
30 millones de toneladas, con toda seguridad serán victimas de
una hambruna general".
En cambio, Nichols asegura que, si seguimos explotando y
enseñamos a explotar el suelo aquí y en el extranjero, el resultado
inevitable será la guerra, como lo fue cuando Japón invadió
Manchuria en busca de proteínas de soja. La paz de este mundo,
dice, depende de la conservación de los recursos naturales, no
de su explotación.