El largo tren estaba en la última etapa de su viaje de Moscú
a Krasnodar, puerto interior del sur de Rusia en el río Kuban
trescientos veinte kilómetros al noroeste del pico volcánico Elbrus,
el más elevado de la cordillera del Gran Cáucaso en Europa.
En uno de sus vagones tapizados, reservados para los oficiales
soviéticos, un especialista en plantas, aburrido de contemplar el
paisaje llano y sólo parcialmente recuperado en 1950 de las
devastaciones nazis de la Gran Guerra Patriótica, volvió a abrir su estuche para comprobar el estado de dos hojas semejantes que
había arrancado de un invernadero antes de salir de la capital
soviética. Satisfecho al ver que seguían llenas de verdor y lozanía radiante en su lecho de algodón húmedo, se sentó en su sillón para admirar las faldas de los cordales caucásicos que se
aproximaban.
Aquella misma noche, en un pequeño apartamento de Krasnodar,
uno de cuyos rincones había sido habilitado para un laboratorio
en miniatura, Semyon Davidovich Kirlian, electricista y fotógrafo
aficionado, y su esposa Valentina, estaban haciendo algunos ajustes
al equipo que había empezado a preparar dos años antes de
que los alemanes atacasen a su nación.
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| S.D. Kirlian |
Con su nuevo invento podían reproducir fotográficamente,
sin lente ni cámara, una luminiscencia extraña que parecía irradiar de todos los seres viviente, aunque no podía captarla el
ojo humano.
La llamada a su puerta los sorprendió, porque no eran horas
aquellas para recibir visitas, pero se quedaron todavía más
sorprendidos cuando un individuo totalmente desconocido para ellos
les hizo saber que había venido desde Moscú para ver si podían
preparar para él fotografías de la energía extraña, que, según había oído, eran capaces de captar visiblemente en la película. Entonces el desconocido sacó de su pequeño estuche las dos hojas iguales y se las entregó.
Animados con la perspectiva de que su invento iba a ser sometido
a una prueba oficial, los Kirlian estuvieron trabajando hasta
después de media noche, pero se quedaron cariacontecidos ante
las fotos excelentes de las irradiaciones de energía de una de las
hojas, mientras que, de la otra, no lograron más que un facsímil
débil y vago.
Siguieron trabajando toda la noche para conseguir fotos parecidas
de la luminiscencia de bolas tan semejante, pero no tuvieron
éxito : les parecía que lo logico era que despidiesen
irradiaciones idénticas.
Por la mañana, enseñaron los resultados al científico, que exclamó asombrado ante el alicaído matrimonio : "¡ Lo han descubierto ustedes! ¡Lo han demostrado foto- gráficamente!" Y
procedió a explicarles que una de las hojas pertenecía a una planta
sana, y la otra a una enferma. Aunque ambas parecían idénticas
a simple vista, las fotografías establecieron claramente las
diferencias que había entre ellas. La enfermedad se apreciaba
evidentemente en el campo de energía de una de las plantas, sin que
todavía se hubiese notado síntoma alguno de dolencia en su
cuerpo físico.
Que las plantas, como los animales y los seres humanos, tienen
campos de sutil energía subatómica o protoplásmica que impregnan
los sólidos cuerpos físicos de las moléculas y los átomos, fue una hipótesis sostenida por videntes y filósofos desde la antigüedad. Esta dimensión extra, llamada aura, que en la iconografía antigua se representa en forma de halos dorados en torno a la
cabeza de los santos, ha sido mencionada por individuos dotados
de percepción extrasensorial desde el fondo de la historia humana.
Los Kirlian habían logrado fotografiar esta aura, o reproducir
algo parecido a ella, pegando una película o una lámina
al objeto que iba a ser fotografiado, y pasando por él una corriente
eléctrica procedente de un generador de chispas de alta frecuencia,
que producía de 75.000 a 200.000 pulsaciones eléctricas por
segundo.
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| Aura |
Las hojas de las plantas que introducían con la película entre los electrodos de su aparato revelaban imágenes fantasmagóricas
que hasta entonces sólo captaban los clarividentes, un verdadero
microuníverso de diminutos puntos luminosos como estrellas. Veíanse
en las fotografías irradiaciones blancas, azules y hasta rojas y
amarillas, que brotaban de canales de las hojas, o por lo menos
eso parecía. Estas emanaciones o campos de fuerza que rodeaban
la hoja se desfiguraban cuando se la mutilaba, disminuyendo
paulatinamente y acabando por desaparecer si moría.
Después lograron los Kirlian ampliar esta luminiscencia adaptando
sus procesos fotográficos a instrumentos ópticos y microscopios.
De las plantas parecían proyectarse al espacios rayos de energía
y centellas giratorias de luz.
Estudiaron y examinaron además sustancias inanimadas de
todo tipo, incluso monedas metálicas. Cada objeto tenía un patrón
luminoso distinto. Lo más interesante era que, mientras una moneda
de dos kopeck mostraba sólo un resplandor constante en sus
bordes, los dedos humanos parecían fulminar por su punta una
energía llameante, como erupciones de volcanes en miniatura.
Después de aquella demostración fotográfica de la patología
de la hoja de una planta enferma ante su visitante moscovita, iban
a pasar otros diez años para que los Kírlian saliesen de la oscuridad
en la URSS.
El doctor Lev Federov, del Ministerio de Salud Pública de la
URSS, convencido de las posibilidades que la nueva fotografía
presentaba al diagnóstico médico, otorgó a los Kirlian al principio del decenio de los 60 una primera pensión para intestigaciones,
pero, cuando murió poco después, les empezaron a regatear los
fondos públicos desde Moscú, y se impusieron nuevamente los
escépticos académicos.
Sólo citando un periodista, I. Beluv, volvió a insistir con interés en la importancia del descubrimiento de los Kirlian, se reavivó
el entusiasmo del publico. "Esta situación - escribía - es tan
lamentable como la anterior a la revolución, cuando la mano negra
de los burócratas zaristas decidían que la novedad llevaba consigo
demasiada incertidumbre. Han pasado 25 años desde que los
Kirlian realizaron su descubrimiento, y sin embargo, los ministros
a quienes interesa no han desembolsado fondo alguno.
La campaña de Belov produjo efecto. En 1966, se celebró en
Alma Ata, capital de la república de Kazakistán, una asamblea
a la que concurrieron numerosos científicos interesados en los
pectos diversos de la que iba a llamarse energía biológica.
En las actas de la reunión, que se titularon Problemas de bioenergética, Viktor Adamenko, biofísico de Moscú, se asoció con los Kirlian, escribiendo en colaboración con ellos un ensayo "Sobre la investigación de objetos biológicos en campos eléctricos de alta frecuencia". Encarecíanse en el trabajo las enormes dificultades de estudiar el espectro de la electrobioluminiscencia, pero se añadía, que, cuando se superasen, "estaremos en condiciones de recabar información importante sobre los procesos bioenergétícos del organismo vivo.
Pero, a pesar de todo este interés soviético, habían de pasar tres o cuatro años para que prestase atención a los nuevos acontecimientos la ciencia norteamericana, que había declarado superchería el descubrimiento realizado por Wilhelm Reich de una
energía vital en las plantas y seres humanos, que llamó, como sabemos,
orgona. Lo que atrajo su atención no fueron las publicaciones
científicas soviéticas, sino un libro escrito por dos periodistas
norteamericanos, Sheila Ostrander y Lynn Schoeder, aparecido en el
verano de 1970, con el titulo de Psychic Discoveries Behind the
Iron Curtain (Descubrimientos síquicos tras la Cortina de Hierro).
Entusiasmada con lo que había leído en este libro, Thelma
Moss, doctora en filosofía, antigua actriz de Broadwayy y actualmente
profesora del Instituto de Neurosiquiatría de la Universidad
de California en Los ángeles, escribió a Rusia y recibió una invitación para visitar en Alma Ata al profesor Vladimir Inyushin.
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| T. Moss | V. Inyushin |
En colaboración con varios colegas suyos, había escrito en 1968 un ensayo científico de las proporciones de un libro sobre el trabajo
realizado por los Kirlian. Se titulaba, La esencia biológica del
efecto Kirlían. Ya Kirlían había expuesto y sostenido que la extraña energía que se advertía en sus fotos era efecto de "las propiedades no eléctricas de los cuerpos convertidas en propiedades eléctricas, que se trasladan a la película", pero Inyushin y sus colaboradores fueron unos cuantos pasas más adelante. Declararon que
la bioluminiscencia visible en las fotografías de Kirlian no era
producida por el estado eléctrico del organismo, sino por un cuerpo
o plasma biológico, que sólo parecía ser una nueva palabra para expresar el cuerpo etérico o astral de los antiguos.
Hoy se define el plasma en la física como un gas eléctricamente neutral y altamente ionizado, compuesto por iones, electrones y
partículas neutrales, que se ha denominado Cuarto estado de la
materia (después de los cuerpos sólidos, líquidos y gaseosos) - Ya en 1944, cuando los aliados combatían contra la fortaleza de
Europa, se publicó en París y en francés el libro del ruso V.S.
Grishchenko, El cuarto estado de la materia. Por lo tanto, él es
el que merece el crédito de la formación de la palabra bioplasma.
Ese mismo año, A. G. Gurwitsch, el descubridor de la
radiación mitogenética, publicó en Moscú su libro titulado Teoría de un campo biológico, en que recogía el fruto de veinte años de trabajo.
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| A.G. Gurwitsch |
Dentro del cuerpo "bioplásmico", decía Inyushin, los procesos se desarrollan con un movimiento laberíntico propio, diferente del
patrón de energía del cuerpo físico; sin embargo, el cuerpo
bioplásmico no es un organismo caótico, sino perfectamente unificado,
que actúa como una unidad, está polarizado, libera sus propios
campos electromagnéticos y constituye la base de los campos
"biológicos".
Cuando Thelma Moss llegó en un vuelo nocturno a Alma
Ata, fue invitada por Inyushin a visitar su laboratorio y a dar
una conferencia a sus alumnos. Se acostó llena de entusiasmo,
porque estaba segura de ser la primera científica norteamericana
que visitaba una institución soviética dedicada al estudio de la
fotografía Kirlian. La mañana siguiente, cuando lnyushin fue a
saludarla y recogerla al hotel, hubo de decirle con gran sentimiento
que "no había llegado de Moscú el permiso para la visita".
No obstante, Thelma Moss pudo enterarse por Inyushin de
que, durante los seis años que llevaba investigando la fotografía
Kirlian, había advertido que determinadas áreas del cuerpo humano
revelaban colores característicos, lo cual podía resultar muy
importante para los diagnósticos médicos. Las fotografías más claras, según dijo su visitante, eran las tomadas a las cuatro de
la tarde, y las peores a medianoche. Thelma Moss le preguntó
de sopetón si el "bioplasma" era lo que la literatura ocultista
oriental denomina "aura" o "cuerpo astral", a lo que replicó el
profesor : "Sí!''.
En las filosofías antiguas y en las enseñanzas orientales y
teosóficas, el cuerpo de energía, que es una réplica del cuerpo
humano, se llama también cuerpo etéreo, cuerpo fluido, o cuerpo
prefísico. Se cree que es el agente unificador del cuerpo material,
un area magnética en que los vórtices inmateriales o subatómicos
del cosmos se transforman dentro del individuo, el canal por el
cual la vida se comunica con el cuerpo físico, el medio para la
proyección telepática y clarividente. Durante muchas décadas los
científicos han estado tratando de hacer visible este cuerpo.
Mientras estaba Moss en Alma Ata, el eminente siquiatra
norteamericano Montague Ullman, director del departamento de
siquiatría del Centro Médico Maimónides de Nueva York, estaba
entrevistándose con Viktor Adamenko, en Moscú.
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| M. Ullman |
Se enteró, no sin cierta sorpresa, de que Adamenko y otros científicos soviéticos habían logrado determinar que el bioplasma no sólo experimenta un cambio brusco cuando se coloca en un campo magnético, sino que se concentra en centenares de puntos del cuerpo humano, que parecen corresponder al antiguo sistema chino de puntos de acupuntura.
Hace millares de años, los chinos habían localizado setecientos puntos
en la piel humana, caminos, según creían, por los que
circulaban una fuerza o energía vital. En esos puntos, es donde
clavan sus agujas para corregir las anomalías de la corriente de
energía, y para curar las enfermedades. Los lugares en que fulguraban
más brillantemente las luces de los Kirlians en el cuerpo
humano parecían corresponder a los puntos señalados por los
chinos para la acupuntura.
Adamenko no está todavía seguro de que los fenómenos deban atribuirse, como sostiene Inyushin, a un "cuerpo bioplásmico",
porque no hay todavía "una prueba rigurosa" de su existencia,
por lo cual prefiere definir las emanaciones visibles como "una
emisión fría de electrones del objeto vivo a la atmósfera".
En Estados Unidos se conoce casi univeralmente esta "emisión
fría de electrones" con el nombre de "descarga de corona",
que es comparada con la electricidad estática que despide una
persona cuando toca un metal en contacto con la tierra después
de caminar sobre una alfombra. Deriva el nombre del anillo
luminoso ligeramente coloreado que rodea los cuerpos celestes y
es visible a través de la bruma o de una nube sutil o de la envoltura
irregular luminosa de gas altamente ionizado, que hay
por fuera de la cromosfera del Sol. Pero, con ponerle un nombre
académico, no se explica ni se ha explicado su esencia ni su
función.
Ullman, presidente de la Sociedad Norteamericana de Investigación
Síquica, encontró extraordinariamente interesante el descubrimiento
realizado por el doctor Anatolí Podshibyakin, electrofisiólogo
de Kiev, de que el bioplasma, sea lo que fuere, reacciona
inmediatamente a los cambios operados en la superficie del Sol,
aunque las partículas cósmicas que proyecta tardan unos dos días
en llegar a la Tierra.
Muchos parasicólogos consideran al hombre como una parte
integral de la vida de la Tierra y del universo aprisionado en una
y otro. Sostienen que está vinculado al cosmos a través de su
cuerpo bioplásmico, y que reacciona a los cambios de los planetas
lo mismo que a los estados anímicos y enfermedades de sus semejantes,
a sus pensamientos y emociones, al sonido, la luz, el color,
los campos magnéticos, las estaciones, los ciclos de la Luna, las
mareas, las tormentas, los vientos fuertes y hasta los ruidos y
sus diversos grados. Cuando hay un cambio en el universo y en
el ambiente, dicen los parasicólogos, se produce una resonancia
en la energía vital del cuerpo humano, que a su vez afecta al
cuerpo físico.
En parasicología se cree que el hombre es capaz
de ponerse en contacto directo con una planta viva a través de
su cuerpo bioplásmico.
Otro investigador parasicológico, el doctor Stanley Krippner,
director del extraordinario Dream Laboratory del Centro Médico
Maimónides de Nueva York ("Laboratorio del Sueño", en que
se dirigen fotografías a personas dormidas, para producir en su
mente los sueños deseados, habiéndose tenido éxito en estos
experimentos), se trasladó a Rusia durante el verano de 1971. Era
el primer norteamericano invitado a pronunciar una conferencia
sobre parasicologia en el Instituto de Sicología de la Academia
de Ciencias Pedagógicas de Moscú. Asistieron a la conferencia
unos doscientos síquiatras, físicos, ingenieros, científicos espaciales y candidatos a cosmonautas.
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| S. Krippner |
Krippner se enteró de que Genady Sergeyev, neurofisiólogo que prestaba servicios en el Instituto Militar Ukhtomskii de Leningrado, había obtenido fotografías Kirlían de Nina Kulagina, mujer sensitiva que puede mover clips para papeles, fósforos, cigarrillos y otros objetos colocados sobre una mesa, con sólo pasar la mano por encima de ellos, sin tocarlos.
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| N. Kulagina |
Las fotografías de Sergeyev revelaron que, mientras Kulagina
realiza estos fenómenos sícoquinéticos, el "campo bioplásmatico" que rodea su cuerpo se expande y pulsa rítmicamente,
y de sus ojos parece proyectarse un rayo de luminiscencia.
En el otoño de 1971, William A. Tiller, director del departamento
de Ciencias en la Materia, de la Universidad de Stanford
(Palo Alto, California), uno de los especialistas mundiales en
cristales, fue el primer físico norteamericano invitado por Edward
Naumov, director coordinador de Parasicología Técnica de, Moscú,
para Investigar en la URSS la fotografia Kirlian.
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| W.A. Tiller |
Aunque no se le permitió, lo mismo que a Moss y a Ullman,
visitar los laboratorios soviéticos, pudo pasar varios días con Adamenko. Al volver a Estados Unidos recomendó en un informe
sumamente técnico que, siendo el método y los aparatos Kirlian
"tan importantes para la investigación parasicológica y médica,
debe prestarse atención a la construcción inmediata de estos aparatos
a fin de reproducir los resultados soviéticos".
Tiller quien, como Adamenko, no cree que sea necesario
suponer la existencia del "bioplasma", en su lugar coloca la
"emisión fría de electrones", ha estado construyendo un equipo
sumamente complicado y minucioso para tomar fotografías
Kirlian en su laboratorio de Palo Alto.
Una de las primeras personas que llegó, de hecho, a tomar
fotografías tipo Kirlian en Estados Unidos, fue Thelma Moss,
quien trabajó en este proyecto con uno de sus alumnos, llamado
Kendall Johnson.
Con su aparato, Moss y Johnson fueron los
primeros norteamericanos que tomaron fotos en color de hojas
y captaron casi todo el campo del espectro visible. Las monedas
norteamericanas salieron, como tenía que ser, naturalmente, en
colores rojos, blancos y azules, como las fotos de la energía
emanada por las yemas de los dedos del hombre.
Henry C. Monteith, ingeniero electricista de Alburquerque,
Nuevo México, que trabajaba en su casa, armó un aparato que
constaba de dos baterías de seis voltios, un vibrador utilizado
para dar energía a las radios de los automóviles y un carbón de
ignición que se vende en todas las tiendas de refacciones
automovilísticas. Monteith, como los rusos, observó que una hoja viva
producía emisiones bellas y heterogéneas que no pueden explicarse
satisfactoriamente con las teorías convencionales. Y se desorientó
más todavía al ver que una hoja muerta irradiaba un
resplandor uniforme, todo lo más. Expuesta a sólo 30.000 voltios,
la hoja muerta no reveló absolutamente nada en la película, ni
siquiera cuando se la bañó en agua, pero, en cambio, la hoja
viva producía una radiación trémula de emisiones.
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| H.C. Monteith |
Al comenzar a caerse en la cuenta en Estados Unidos de las
importantes consecuencias posibles de un proceso fotográfico que
ya venía desarrollándose desde hacía más de treinta años y que, al parecer, confirmaba la idea de que existía un aura, lo cual estaba en la "frontera de lo lunático" para la mayor parte de los
científicos occidentales, aumentó considerablemente la demanda
de datos e información concreta al respecto. Stanley Krippner
consiguió la cooperación de varios financieros poderosos y organizó la Primera Conferencia de Occidente sobre la fotografía
Kirlian y el aura humana, durante la primavera de 1972, en el
Centro de Ingenieros Unidos (United Engineering Center) de
Manhattan, cuyo auditorio de la planta baja quedó atestado hasta
las puertas por una muchedumbre de médicos, siquíatras, sicoanalistas,
sicólogos, parasicólogos, biólogos, ingenieros y fotógrafos. Se proyectaron entonces ante la concurrencia fotografías asombrosas de Moss y Johnson, en las que aparecía una hoja poco antes y después de haber sido punzada. Las fotos obtenidas según las
técnicas Kirlian de la hoja herida, revelaron en su centro una
fuente enorme y roja como la sangre de energía, que venia a
sustituir al color azul brillante y rosa de la hoja antes de ser
punzada.
El misterio de la relación entre los estados humanos emocionales
o síquicos y las emanaciones radiantes de las yemas de los
dedos se profundiza con el descubrimiento posterior hecho por
Moss de que, tanto las fotos de sus dedos como los de Kendall
Johnson, cambian de día en día y de hora en hora.
Al observar que las fotografías de las hojas cambian con las
variaciones de sus parámetros, Moss conjetura que, "en cualquier
frecuencia que pongamos una foto, resonamos o vibramos a la
misma frecuencia, con un aspecto particular del material; así
pues, no se capta una fotografía entera, sino diferentes piezas
de información".
Tiller opinaba que posiblemente la radiación o energía emanada de una hoja,
o de la punta de un dedo humano, podría en
realidad proceder de lo que está presente antes de la formación
de la materia sólida. "Puede ser - dice - otro nivel de sustancia,
que produce un holograma, un patrón coherente de energía de
una hoja, la cual es un cuerpo de fuerza para organizar la matería
en la que pueda alojarse dentro de esta especie de urdimbre
física."
Tiller cree que, aunque se corte parte de esa urdimbre o tejido,
todavía se conserva el holograma formador. Parece ser que
esto es precisamente lo que los rusos han logrado probar con una
hoja vegetal. En una foto publicada en el Journal of Paraphysics
(que se edíta en Downton, Wiltshire, Inglaterra), se ve una hoja
a la que se ha cortado parte, tomada por él mismo, según la
técnica Kirlian. Le falta totalmente esa parte, pero sigue viéndose
el contorno de toda la hoja, aun del trozo que se le ha
mutilado.
No se trata de truco ni trampa alguna por parte de los rusos.
Así quedó totalmente confirmado, cuando Douglas Dean sacó
fotografías del extremo del dedo de una curandera de New Jersey
llamada Ethel de Loach, que conserva un fichero voluminoso de
casos históricos en que ha tenido éxito rotundo. Una de las fotos,
que se le tomó mientras descansaba, mostraba sólo una radiación
azul oscura que le brotaba de la piel y revelaba la punta de su
larga uña. Otra, que se le tomó mientras curaba, mostraba además
de la radiación azul, un enorme resplandor anaranjado y
rojo que se proyectaba desde un punto por debajo de la yema
de su dedo. Las dos fotografías se publicaron después en la portada
de la revista médica Osteopathic Physicion. Las fotos Kirlian
de los curanderos o terapeutas síquicos, o "de fe", como
prefieren llamarlos otros, revelan un resplandor menor después
de haber curado, en tanto que las personas curadas muestran
emanaciones mayores, lo cual indica que ha pasado cierta energía
de las manos del curandero al cuerpo del paciente, confirmando
así la teoría de Galvani y Mesmer, del "magnetismo animal".
En el Instituto de Dimensiones Humanas del Colegio de Rosary
Hill, de Búfalo, Nueva York, una de las profesoras, la hermana
M. Justa Smith, bioquímica y monja católica, empezó a
pensar que la energía curativa procedente de las manos del terapeuta tendría que
afectar al sistema de las enzimas antes de que
las células enfermas pudieran volver al estado de salud.
La hermana Justa - que había terminado su tesis doctoral
probando que los campos magnéticos intensifican la actividad enzimática, y que la luz ultravioleta la reduce - se consiguió la cooperación de
un curandero, y vio que cuando estaba en el "óptimo estado sicológico",
o sea, en buen estado anímico, la energía emanada de
sus manos podía activar la enzima pancreática trypsína, produciendo efectos parecidos a un campo magnético de 8.000 a 13.000
gauss. (Los seres humanos viven normalmente en un campo magnético
de 0.5 gauss.) La hermana Justa está continuando la experimentación
para averiguar sí un curandero puede activar otras
enzimas del cuerpo, y si esto puede contribuir a la conservacíon
de la salud.
Es un misterio que sólo está empezando a esclarecerse, la
manera en que los campos magnéticos afectan a la vida y pueden
estar en relación con la energía del "aura". Así, por ejemplo, los
científicos a base de estudios minuciosos han averiguado últimamente
que las uñas captan campos magnéticos sumamente débiles
y que, como además pueden distinguir su dirección, es posible
afirmar que incorporan estructuras que se comportan como brújulas
de navegación.
Jan Merta (cuyas proyecciones de lo que llama "energía áurica" no sólo han movido los aparatos detectores de agua subterránea
en las manos de un médico contra su voluntad y esfuerzos
por evitarlo, sino que además han trastornado de tal manera los
componentes magnéticos de una grabadora cuando tomaba en ,su
cinta magnetofónica el procedimiento, que la grabación se suspendió aunque se trataba de una secuencia importante) ha desarrollado
toda una teoría sobre las auras, según la cual, entre
otras cosas, los campos magnéticos podían afectar de manera
considerable el proceso de aprender. Merta cogió treinta ratones y
los metió en pequeñas cajas de plástico transparente; diez de
ellos quedaron expuestos al polo sur, otros tantos al polo norte,
con una potencia de campo de 5 a 10 gauss de un imán de barra.
Los otros diez no recibieron tratamiento alguno. Merced a un
disposítivo ingenioso de aprendizaje, Merta pudo comprobar que
los ratones que habían recibido la influencia de un campo magnético
no sólo eran más activos que los no magnetizados, sino
que aprendieron más pronto.
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| J. Merta |
Se diría que existe cierta correlación entre la actividad de los campos bioplásmicos o áuricos que hay en torno a los seres vivos, y su sujeción a distintos tipos de radiación. No cabe de hecho la menor duda, después del trabajo pionero realizado por los soviéticos y de su confirmación por los estudios norteamericanos, que la salud física y emocional de las plantas y de los animales puede explorarse con la técnica de Kirlian.
El valor principal de la investigación rusa, según el profesor Tiller, es que "ha podido proporcionarnos detectores y aparatos,
con los cuales podemos empezar a averiguar las relaciones de
causa y efecto entre los fenómenos sicoenergéticos y el tipo de lecturas
que parezca aceptable a nuestros colegas, y que nuestros
sistemas lógicos consideren como prueba convincente. Estamos en
la etapa de novedad, en que necesitamos esta prueba".
La primera reunión con Kirlian tuvo tal éxito que se celebró otra en el Ayuntamiento de Nueva York en febrero de 1973.
Una de las más notables exposiciones fue la del doctor John
Pierrakos, siquiatra griego que enseñó dibujos detallados de auras
percibidas visualmente por él en torno a las plantas, animales y
seres humanos, y que pudo observar en movimiento continuo
alrededor de pacientes afectados de trastornos neuróticos y sicóticos.
Shafica Karagulla, doctora en medicina, publicó en 1967
un libro titulado Breakthrough to Creativity (Avance hacia la
creatividad), en el cual afirma que muchos médicos utilizan
observaciones del campo de la energía humana para formular sus
diagnósticos. La autora no los menciona por su nombre, porque
no quieren hablar de sus facultades extraordinarias fuera de su
circulo. Pierrakos es posiblemente el primer médico que declara
en público cómo se vale de su percepción del aura humana para
formular sus diagnósticos.
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| J. Pierrakos | S. Karagulla |
"El hombre es un péndulo en movimiento y vibración perpetua
- dijo Pierrakos en la conferencia -. Su espíritu está prisionero
en un cuerpo, en el cual vibran y palpitan fuerzas como el
latido de un corazón. Frecuentemente truenan y estremecen su
cuerpo con fuertes emociones que sacuden los fundamentos mismos
de su ser físico. La vida continúa palpitando rítmica y tranquilamente con el sentimiento cálido del amor, o despeñándose en cataratas de emoción violenta, porque el movimiento y la vibración
es la vida. Cuando disminuye el movimiento, la persona cae
enferma, y cuando se detiene, muere.
Pierrakos comparaba a los cuerpos humanos con cápsulas de
tiempo en que se realizan funciones biológicas "durante un siglo
aproximadamente", después de lo cual la cápsula cambia de
forma de existencia. "Durante este tiempo la cápsula de un hombre
tiene que adquirir conciencia de lo que ocurre dentro y fuera,
como la flor que produce el capullo y la semilla que produce
la flor y el fruto." Para ello, decía, tenemos que describir y comprender,
esparcir e integrar dos atributos : la energia vital y la
conciencia. Esta última es el aura visible que rodea el cuerpo
con gradaciones similares a las de la atmósfera, la cual se hace
más sutil al alejarse de la tierra.
Aunque los antepasados helénicos de Pierrakos consideraban la energía como "algo que produce movimiento", él sostiene que esta nebulosa definición debe concretarse más. "La energía es una fuerza viviente que emana de la conciencia - indica -. Observando el campo magnético que emana del cuerpo (no de manera muy diferente a como brota el vapor del agua hirviendo, lo cual, si se observa como es debido, nos da una
idea de la naturaleza del agua), me formo cierta idea de lo que
ocurre en el cuerpo" - dijo Pierrakos -.
En sus dibujos, mostraba las tres envolturas que ve en torno
a la mayor parte de sus pacientes. La primera es una banda
oscura de entre algo más de milímetro y medio y cerca de cuatro
milímetros, que está pegando a la piel y semeja una estructura
cristalina transparente. La segunda, más ancha y de color azul
oscuro, recuerda un conjunto de limaduras de hierro y forma
una cobertura ovoide en torno al cuerpo, cuando se la ve de
frente. La tercera es una bruma azulenca y luminosa de energía
radiante que, cuando el sujeto tiene buena salud, se extiende
hasta un metro de su cuerpo y caracteriza a las personas
entusiastas, dinámicas y felices, que podemos llamar "radiantes".
Pierrakos mostró, además, que en los individuos que padecen
trastornos hay interrupciones en estas capas o envolturas y cambios
en sus colores, de los cuales sólo puede distinguir los aspectos
más salientes. Cuando una paciente sicótica le dijo una vez que
se sentía "segura", porque otra persona estaba constantemente
"en guardia" junto a ella, le rogó que le dejase ver a esa persona.
De repente observó una masa de energía luminosa entre gris y
azul, en forma de cuerpo humano junto a la paciente.
El campo de energía de las plantas puede también perturbarse
cuando hay junto a ellas pacientes con trastornos, dice Pierrakos.
"En algunos experimentos que realicé con plantas en mi oficina
ayudado por el doctor Wesley Thomas, observamos que el campo
de un crisantemo se contrae acusadamente cuando una persona le
grita a metro y medio de distancia, y pierde su color azul celeste,
mientras su pulsación se reduce a la tercera parte. En pruebas
repetidas, en que dejamos plantas vivas más de dos horas al día
junto a la cabeza de pacientes que gritaban (a un metro de distancia),
sus hojas inferiores empezaron a caerse, y la planta se
marchitaba en tres días y moría."
Dijo, además, que el número de pulsaciones que emite por
minuto el campo de energía es igualmente indicio del estado interno
del ser humano. Las pulsaciones son mucho más lentas en
los ancianos que en los niños, y en el sueño que en la vigilia.
Como la dirección de la circulación de la energía por la parte anterior del cuerpo comienza en el diafragma y sigue hacia abajo
en una especie de L curva, hacia una de las piernas, y hacia
arriba en forma de L invertida en dirección a hombro opuesto,
para repetir esta circulación en la parte trasera del cuerpo, la
energía forma un 8 en torno a él. Simbólicamente, los dos pares
de L de adelante y d atrás han representado desde tiempo
inmemorial en diversas culturas del mundo la mwastika, palabra
que significa en sáncrito "bienestar".
Pierrakos ve este mismo campo de energía de los seres humanos,
extendido macroscópicamente sobre el océano, brotando fuentes
de radiación a kilómetros de altura, de bandas más estrechas
de pulsación inferior. Como la cantidad de actividad en esta aura
terrestre, determinada por Pierrakos según la hora del día, revela
su nivel más bajo después de la medianoche, y el más alto poco
después del mediodía, esto está en relación directa con lo que dice Rudolph Steiner del éter químico que es exhalado e inhalado
por nuestro planeta.
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| R. Steiner |
Un equipo investigador de físicos y electrónicos está actualmente tratando de dar forma objetiva a la visión "sensitiva" de Pierrakos. Bajo los auspicios del Centro de Análisis Bioenergéticos,
están estudiando la manera de detectar las radiaciones de las auras
de las plantas, de los animales y de los hombres, con un tubo
sensible fotomultíplicador, o sea, un instrumento que mida los
fotones o energía luminosa del campo "etéreo" que rodea el
cuerpo. En un informe preliminar dirigido al Ayuntamiento aseguraron
que, hasta la fecha su trabajo indica sin lugar a dudas
que los seres humanos irradian un campo extraño, que sólo se
puede detectar con el tubo, cuyas propiedades están todavía por
analizar y explicar.
Pierrakos, que además puede ver la energía que brota de las
plantas y los árboles, advierte que es peligroso comparar los fenómenos
revelados de la fotografía Kirlian con radiaciones conocidas,
como las de los rayos X. "El estudio del aura puede mecanízarse
y - objetívarse - completamente, sin referencia alguna a
los grandes fenómenos de la vida que se manifiestan dentro de la
entidad", dice.
No están las observaciones de Pierrakos muy lejos de los puntos
de vista del filósofo y matemático Arthur M. Young, inventor del
helicóptero Bell, quien asegura que puede haber intención o propósito tras la jerarquía de las energías activas, conocidas o desconocidas. "El contenido requiere sustancia - dice - por referencia,
bien a objetos físicas reales, bien a sentimientos o emociones
humanas. Entendemos por sustancia lo que indica etimológicamente
esta palabra, a saber, lo que está debajo (sub stans) de
las interacciones del mundo físico. Esto es la energía para el físico. Para el ser humano, es la motivación."
¿A través de la motivación o de la intención, o de algún otro elemento agente de la voluntad, pueden las formas vivas introducir
cambios en sus propios sistemas físicos? ¿Es posible que las
plantas y los hombres - que, según los materialistas, sólo se reducen
después de la muerte a un montón más o menos grande de corrupción, jabones o sustancias químicas - se desarrollen de la
manera que quieran?.
En la Unión Soviética, nación fundada originalmente a base de las filosofías más materialistas, las consecuencias de la fotografía Kirlian ha planteado interrogantes profundos sobre la verdadera
naturaleza de la vida - vegetal, animal y humana -
sobre la mente y el cuerpo, sobre la forma y la esencia. Thelma
Moss opina que las investigaciones realizadas en este campo han
adquirido tanta importancia científica para los gobiernos ruso
y norteamericano, que sus actividades están en el más riguroso
secreto oficial. Sin embargo, ha surgido entre ambos grupos un
espíritu de rivalidad amistosa y de cooperación a la vez, hasta
ahora no muy profundo.
Como expresó Semyon Kirliau en una carta dirigida a la
Primera Asamblea de Occidente que se hizo cargo de las consecuencias
y derivaciones de su trabajo, "la nueva investigación va
a tener un significado tan enorme, que sólo las generaciones
venideras podrán determinar imparcialmente los métodos que deben
adoptarse. Las posibilidades son inmensas y, en realidad, prácticamente
inagotables".