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Consejos de lectura Y unos consejos del siglo XIV... Si es tu primera visita...
HONRADAMENTE ¿QUÉ DECIR?

Y no solo en los funerales

Intercambio epistolar con Alfredo Fierro (XXI)

Ver la "vigésimaprimera página" de Alfredo Fierro

Apreciado Alfredo:

En este intermedio me he seguido dedicando al "Testimonium flavianum", tema que tiene muchas más "ramificaciones y citas" que mis escritos. Y es difícil saber dónde he de detener mis afanes de investigador por cuenta propia. ¿A quién de mis posibles lectores (alguno hay, me consta) le puede interesar cómo llegó el supuesto texto que se encuentra (hoy día, pero sin saber desde cuándo) en las antigüedads de los judíos de Flavio Josefo (siglo I) a aparecer en una obra árabe del siglo X, kitab al-'unwan, del obispo melquita de la Iglesia ortodoxa Agapio, o en el siglo XII, en la más amplia compilación historiográfica de toda la literatura en siríaco, obra de Miguel el Sirio?

Pero, si hablamos de siglos, el "misterio" está antes. ¿Cómo este supuesto texto sobre Jesús de un historiador judío del siglo I no aparece citado por ningún escritor cristiano (y no cristiano) hasta el siglo IV, en algunas obras de Eusebio de Cesarea?

Sigue mi consejo:
¡Deja los links para una segunda lectura!
    Mis investigaciones...

Tendrás razón al "decir en plata de román paladino" que "un ateo puede ver y juzgar mejor que un creyente la tradición cristiana también en sus orígenes". Me he acordado de aquel "hombre que nunca he visto ni conoscido" de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio a quien recurrimos "para hacer sana y buena elección". Es la búsqueda de la objetividad… Esa objetividad que dudamos que un autor católico nos pueda dar.

¿Cuántas cosas hay que un autor católico todavía no puede decir? Esta pregunta la hacía ya hace muchos años, después que John Shelby Spong, el obispo episcopaliano de Newark, reconociendo a Raymond R. Brown "como el principal erudito mundial sobre el Nuevo Testamento", afirmara a continuación que "debe disciplinar constantemente su erudución, al servicio de la enseñanza y el dogma oficiales de su tradición", por lo cual no podía explicitar "la ineludible conclusión exigida por su erudición de que el nacimiento de mujer virgen no es más que un invento teológico de Lucas".

El mismo Brown nos habla de esta falta de libertad, cuando, después de afirmar que el evangelista "Mateo" no fue testigo ocular del ministerio de Jesús, añade en nota

Los católicos fueron de los últimos en dejar de defender oficialmente que el evangelio fue escrito por Mateo, uno de los Doce. Se cambió de postura en 1955, cuando el secretario de la Pontificia Comisión Bíblica dejó a los católicos "total libertad" respecto de los primeros decretos de la Comisión Bíblica, incluyendo el que afirmaba que el Mateo griego era sustancialmente idéntico al que escribió el apóstol en arameo o hebreo.

El nacimiento del Mesías
Pág 39, nota 2

Y la pregunta que inevitablemente me surgía era:

¿Cuántas cosas hay todavía
que los católicos
no pueden decir?

Este "no poder decir" no me lleva (no me debería llevar) a repetir acríticamente las afirmaciones de los autores no-católicos. Pero las debo tener en cuenta.

Seguiré, pues, tus consejos y seguiré leyendo sin miedos autores ateos, aunque se declaren "militantes". También en ellos (en esa cultura tan antigua apostillada por el salmista (14, 1) como "necia") podrá haber aquellas "semillas del verbo" de las que hablaba Justino (logoi spermatikoi) y de las que también habló el Concilio Vaticano II, expresión que a mí (y a otros) me pareció una gran aportación. Hasta que en Guatemala me enteré que algunos ya decían: "Oigan, que aquí las semillas ya se habían convertido en árboles antes de que Uds. llegaran".

Sigue otro consejo mío:
¡No todos los links te han de interesar!
    Las semillas del Verbo

Me hablas de Michel Onfray, autor muy conocido en Francia, al parecer, pero totalmente desconocido por mí hasta ahora. Tu "familiar francófono" te mencionó el tema de la no-existencia de Nazaret en los supuestos tiempos de Jesús, tema que conocía por Onfray. Me gustaría saber si Onfray aporta más datos de los que yo he conocido recientemente (como ya te dije) por la lectura de Frank R. Zindler.

No sé si los católicos tenemos "total libertad" para hablar de la existencia o no-existencia de Nazaret. Es una cuestión que deberíamos dejar en manos de los arqueólogos, aunque quizás no exclusivamente en las manos de los arqueólogos franciscanos como hace John Dominic Crossan (Jesús: vida de un campesino judío, p. 49ss).

El que Nazaret existiera o no existiera en aquellos "días de Herodes, el rey" (Mt 2, 1) (primera acotación temporal en el evangelio de Mateo o, para ser más precisos, en el evangelio de la infancia de Mateo) o "en el año quince del reinado del emperadot Tiberio" (Lc 3, 1) lo dejaremos para que la piqueta del arqueólogo lo resuelva. Siempre nos quedaré el recurso de Orígenes: era necesario interpretar "místicamente", no se debía hacer una lectura "literal" de los evangelios. Era necesario buscar el significado simbólico.

Si "Nazaret" lo dejamos en manos de la piqueta de los arqueólogos, el "Jesús de Nazaret", ¿también?

A mi amigo Mauri, ya hace unos cuantos años, quien hablaba del "misterio de Dios y del misterio de Jesús", le decía:

Sobre Jesús no hay ningún misterio, sino ignorancia, desconocimiento de lo que él hizo y dijo. Sobre Jesús no hay misterio, sino la existencia de fórmulas incomprensibles sobre él, fórmulas que todas ellas han sido de creación humana y que, en algunos momentos determinados de la historia, consiguieron un cierto consenso entre sus seguidores.

Ampliar el tema

¿Lograremos salir de esta ignorancia? Algunos ya dieron una respuesta: "Vita Jesu scribi nequit" (Es imposible escribir la vida de Jesús). En 1874, Adolf Harnack intituló así su tesis de habilitación en Berlín. Y unos cuantos años más tarde, Albert Schweitzer cerró sus libros de teología, cogió unos cuantos de medecina y se fue a Lambaréné (Moyen-Ogooué, Gabón), donde murió el 4 de septiembre de 1965) . En el año 1953 le fue otorgado el Premio Nobel de la Paz.

Cuando Paco Cuervo, un buen amigo, a quien conocí, en nuestros años adolescentes, en el Club de Tenis de Avilés, y poco más tarde, con gran sorpresa mía, lo vi entrar en el noviciado de los jesuitas de Catalunya, titulaba su libro, en la colección "El Credo que ha dado sentido a mi vida" de Desclee De Brouwer, yo creo en jesús de nazaret, ¿qué quería decir? ¿Sabía él, lector barthiano de la carta a los Romanos, que Pablo no habla nunca de "Jesús de Nazaret"? ¿Y que en esta carta a los Romanos (excluyendo el capítulo 16) Pablo se refiere a él 74 veces. De estas, 36 veces con el nombre de "Jesús" (VIhsou/j), pero solo una vez (3, 26) lo llama "Jesús" a secas.

Pero veamos el contexto (en traducción de la Nueva Biblia Española):

3, 22    amnistía que Dios otorga por la fe en Jesús Mesías
a todos los que tienen esa fe.
A todos sin distinción.
  
dikaiosu,nh de. qeou/ dia. pi,stewj VIhsou/ Cristou/
eivj pa,ntaj tou.j pisteu,ontajÅ
ouv ga,r evstin diastolh,(
3, 24    pero graciosamente van siendo rehabilitados por la generosidad de Dios,
mediante el rescate presente en el Mesías Jesús.
  
dikaiou,menoi dwrea.n th/| auvtou/ ca,riti
dia. th/j avpolutrw,sewj th/j evn Cristw/| VIhsou/\
3, 26    resulta así que él [Dios] es justo
y que rehabilita al que alega la fe en Jesús.
  
eivj to. ei=nai auvto.n di,kaion
kai. dikaiou/nta to.n evk pi,stewj VIhsou/Å

Pablo se refiere a él (32 veces) como "Jesús, el Mesías" (VIhsou/j Cristo,j) y, de estas, 11 veces como "Señor" (Kuri,oj VIhsou/j Cristo,j). Quedan tres veces para "Señor Jesús" (Kuri,oj VIhsou/j).

Añadamos las 32 veces que Pablo, en la carta a los Romanos, se refiere a él como "Mesías" (Cristo,j) y las 5 veces como "Señor" (Kuri,oj) (1).

El "Jesús de Nazaret" (que ya te dije que solo salía tres veces en todos los escritos del Nuevo Testamento) de mi amigo Paco Cuervo, ¿es el mismo Kuri,oj VIhsou/j Cristo,j (el "Señor Jesús Mesías") de la carta a los Romanos? ¿O el mismo Cristo,j? ¿Es lo mismo que Pablo llama "Mesías"?

Recuperar el sentido original
de la expressión "son unos mesiánicos"

"Mucho me he divertido", como diría Teresa de Jesús... Pero demos por buena esa "diversión" si ayuda a que algunos pongan una distancia (esa distancia de 9 metros que a veces reivindico) entre "Jesús" y "Nazaret". Quizás sea la manera de "salvar a Jesús" si la piqueta arqueológica nos acaba diciendo que Nazaret no existía... Orígenes siguió creyendo en Jesús sin haber encontrado Nazaret.

Las "ignorancias" de Orígenes
¿son pruebas de no-existencia?

Entro ahora, después de una interrupción de un par de días, en el segundo tema que señalas: "el de las (imposibles) palabras fúnebres". Ya suponía yo que nunca habías oído en un funeral las palabras bíblicas del Qohelet: "El hombre no es más que la bestia". No sé si Víctor Codina aprovechó estas palabras para dar respuesta a una señora. Me comentaron que Víctor Codina dio una charla sobre las famosas "postrimerías" y comenzó preguntando a los asistentes, en un alarde de pedagogía moderna, por qué habían acudido a la conferencia. Una señora quería saber lo que ocurriría con su perro. ¿Le respondería Víctor Codina con un "Señora, el destino de los hombres y el destino de los animales es el mismo"?

Me dices que tampoco has oído las palabras de Job, "las suyas propias, no digo las de sus hipócritas consoladores". Confieso, avergonzado, que no sé a qué palabras te refieres. Confieso que no tengo "leído" -una lectura masticada- el libro de Job.

La "vergüenza" ha aumentado estos últimos días al recibir este correo:

Acabo de comprender el sermón del funeral.

Quizás fue el detonante en mi inconsciente para que dejara a un lado Vedantas Advaitas, Budismos y compañía, y me centrara finalmente en intentar entender este libro que siempre he querido entender, pero que siempre lo he ido dejando de lado.

Quizás ha sido necesario hacer un recorrido de dos años de la mano de..., pasar por un enigmático evangelio de Juan, conocer la fabulosa Thérèse de Lisieux o estar ahora inmersa en la lectura de Job.

...Yo también he clamado al "Cielo" de viva voz, al "Tú", al Otro sin recibir respuestas... y llorar...

Gracias por desmontar lo que ha de ser desmontado.

Me pregunto si no "sacaría algún provecho spiritual para mi ánima" (para hablar como hablaba san Ignacio) en la próxima reunión de Quinta Julieta si en vez de seguir lo programado (espiritualidad islámica) leyera al modo monacal el libro de Job; esto es: una lectura lenta, aquello que los antiguos monjes decían "manducatio" de la palabra, que para ellos era también una forma de oración (2).

Amparándome en Karl Rahner ya mandé algo a los posibles asistentes a esta reunión de Quinta Julieta.

Si lo quieres ver...

Pero no nos escapemos de los funerales. A tu pregunta "¿Qué puede decirse honradamente en un funeral, cuando tú no eres el difunto?", respondo: "En primer lugar, no hablar del difunto".

Podría montar un "Homiliario de difuntos" con mis sermones, que no son muchos. No creo que lleguen a diez, todos ellos de gente cercana. Cuando participé en una parroquia (la de Egara de Terrassa), allí los difuntos no pasaban por la iglesia. Sería el momento de repasarlos, con un rotulador en la mano, e ir tachando lo que "honradamente" hoy ya no podría decir.

Me salvaría un poco mi género literario, en donde abundan más las preguntas que las afirmaciones.

Una lectura que suelo utilizar es un texto del dominico francès, Jean-Pierre Jossua (1930-2021), que empieza de esta manera.

Una primera convicción que ha ido madurando en mí durante todos estos últimos años es ésta: para ser cristiano no es necesario negar que la vida humana tiene un valor por sí misma y que puede ser -sin Dios y sin una fe religiosa- una vida digna, sabia y muchas veces feliz.

Leer todo el texto

Y tengo otra, que he utilizado poco, de Jacques Pohier, que termina así:

Tres años más tarde era Nadia quien estaba aquí, en esta misma casa. Aprovechaba un tiempo de bonanza de su cáncer, que ella y todos sabíamos que era mortal sin remedio.

Todavía era bella, morena, vivaz. Teniendo la muerte en ella, con la muerte que ella llevaba sobre sí, me decía: "Es con tu Dios que yo quiero morir", ella que sabía que yo no creía en su resurrección.

Tres meses más tarde moría con mi Dios.

Leer todo el texto

Este texto lo leí en la despedida de Paco Cuervo, allí, en La Longuera. Todo lo que allí, en aquella tarde, leímos entre unos y otros, lo puedes encontrar en cuadernos de la diáspora (nº 10, noviembre 1999).

Quizás, también "honradamenrte", sería no hablar de la resurrección ni de cosas parecidas... Como por ejemplo: "Ahora volverá a encontrarse con..."

¿Lo dejamos aquí? Pero sin querer escamotear tus últimas líneas, que merecen total respeto:

Dejar de creer en vida eterna me ha resultado más doloroso y difícil que cualquier otra increencia respecto a Dios o al Cristo. Me atrevo a generalizar afirmando que de esa herida, la de abandonar la esperanza en vida eterna que antes se tuvo, no llega nadie a curarse por completo.

Jacques Pohier estaría de acuerdo con tu "generalización"

El miedo a la muerte

buen_vivir (14K)

Ya he podido recoger, después de tres idas a la oficina de correos, tu libro, por el cual todavía no te he dado las gracias (!mil perdones¡).

Intentaré seguir el título… Siempre habrá quien diga que me dedique más a lo segundo (¡que buena falta te hace!) que a lo primero (¿todavía quieres vivir mejor?).

Ya te mandaré mi "Nadala".

Para no pasar como un mal educado (por si alguien lee esto), te deseo, ¡cómo no!, una ¡Feliz Navidad!

Con toda cordialidad

Miquel

Gracias por la visita
Miquel Sunyol

sscu@tinet.cat
27 diciembre 2023
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(1) Puede haber una pequeña variación es estos números
(2) Això ho vaig veure, ja fa molts anys, en un article que, abans de tenir vida "ordenada", vaig condensar per a Selecciones de Teología, i que m'agradaria haver conservat. És possible que sigui un article titulat Lectio divina de Jean-Albert Vinel, publicat a Selecciones l'any 1984 en el nº 90. Esto lo vi, hace ya muchos años, en un artículo que, antes de tener vida "ordenada", condensé para Selecciones de Teología, y que me gustaría haber conservado. És possible que sea un artículo titulado Lectio divina de Jean-Albert Vinel, publicado en Selecciones el año 1984 en el nº 90.