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La respuesta de Alfredo Fierro
a mi anterior comentario
Apreciado Alfredo:
He dejado descansar a "la lupa" unos días, en los cuales me he dedicado al tema del modernismo. Y es que vi que a la agonía de George Tyrrell (el jesuita expulsado y más tarde excomulgado) se presentó sin ser llamado un jesuita, el P. Pollen.
Ya sabes, Tyrrell vivió sus últimos días en un "pavillon" dentro de la propiedad de Miss Maude Petre.
Desde la primavera de 1906 [expulsión de la Compañía], Tyrrell había permanecido con frecuencia en Storrington, un pueblo de Sussex, inicialmente como huésped de los religiosos premonstratenses, cuyo prior actuaba como párroco católico; después de la excomunión, fue recibido en Mulberry House, en casa de Miss Petre; había regresado allí desde el 1 de julio de 1909, cuando, el martes por la noche, 6 de julio, experimentó los primeros síntomas de la enfermedad que iba a llevárselo.
Depuis le printemps de 1906, Tyrrell avait séjourné fréquemment à Storrington, village du Sussex, et d'abord comme hôte des religieux Prémontrés, dont le Prieur exerçait les fonctions de curé catholique ; après l'excommunication, il fut reçu à Mulberry House, chez Miss Petre ; il y était revenu depuis le 1er juillet 1909, quand, le mardi 6 juillet, au soir, il éprouva les premières atteintes du mal qui devait l'emporter.
Alfred Loisy
George Tyrrell et Henri Brémond
El jesuita, al que no se le puede considerar como uno de los amigos de Tyrrell, sólo pudo dar evasivas a la pregunta de Miss Petre por los motivos de su visita. Esta, con todo, le permitió pasar a la habitación del moribundo, tanto este día como el siguiente en que repitió la visita.
Miss Petre se mostró así menos intransigente que una de mis amigas, de guardia en aquellas horas ante la habitación del hospital, que no permitió la entrada al obispo, al buen obispo Pont i Gol, que me venía a ver.
Este capítulo, uno más en mi web sobre el modernismo, lo puedes ver en
El jesuita que fue a "husmear" en una agonía
Vayamos ya, con "la lupa", a tus páginas de EL DEVENIR DE UNA ILUSIÓN.
"La lupa" se ha puesto a despedir destellos de alarma cuando ha visto, al final de la nota a pie de página (nota 205 en la página 207), juntos codo a codo a Ratzinger y a Hans Kung, como ejemplos de aquellos que "desde supuestos confesionales intentan tejer al servicio de la fe una biografía de Jesús y una sistematización de su doctrina, para resaltar la singularidad e incomparable valor de un personaje y una enseñanza suya presuntamente sublimes".
Y, a pesar de que "la crítica histórica y filológica de los evangelios ha mostrado que la tarea de escribir una "vida de Jesús" está condenada al fracaso" y de "que no hay acceso fiable al Jesús real, el de la historia", intentas hurgar en "el incienso y brumas de leyenda" para "fijar media docena de sucesos, actos y rasgos de Jesús, muy probables, en el borde de la certeza".
Si esta "media docena" fuese cierta ya tendríamos suficiente para escribir una "vida de Jesús". No sé si podríamos afirmar que con otros personajes considerados indiscutiblemente históricos no llegamos a esta "media docena".
Hace años yo también defendía, en mis catequesis, la realidad histórica del bautismo de Jesús por Juan en el Jordán: era un hecho conocido al que los evangelistas tenían que dar una explicación.
Pero vayamos al último de la "media docena".
En postrer acto significativo de su vida, celebró una cena con sus amigos con intenso sentido ritual, a semejanza de como antes había empezado su predicación con un rito de bautismo.
Rastreando hacia atrás, la primera referencia a esta "cena con sus amigos" la encontraríamos en la carta que Pablo escribe a los " " (Pablo nunca los llama "cristianos") de Corinto (ni a los de Corinto ni a los de ninguna otra parte). En su Primera carta a los corintios Pablo escribe:
| 1Cor 11, 23 |
Porque yo recibí del Señor lo que también os he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan... |
|
VEgw. ga.r pare,labon avpo. tou/ Kuri,ou(
o] kai. pare,dwka u`mi/n( o[ti o` ku,rioj VIhsou/j evn th/| nukti. h-| paredi,deto e;laben a;rton |
Yo dormiría más tranquilo si Pablo, en vez de hablar de "lo recibido del Señor", hubiera explicado a los de Corinto cómo Pedro, en uno de aquellos quince días que estuvieron juntos en Jerusalén (Gal 1, 18), al ir cayendo la tarde, lo llevó delante de una casa:
Mira, allí en el piso alto (avna,gaion me,ga), comimos la Pascua (i[na fa,gh|j to. pa,sca). Si hubieras visto la sala (to. kata,luma, mou) que nos dejaron: ya preparada (evstrwme,non e[toimon) con sus cojines y alfombras.
¿De qué hablaron,
aquellos 15 días,
Pedro y Pablo?
¿Lo llevaría Pedro un día hasta el Golgota? ¿Se arrodillaría Pablo para besar las piedras que habían sido regadas con "la sangre y agua" (ai-ma kai. u[dwr) que salieron (evxh/lqen ) del "costado" (th.n pleura.n) del "traspasado" (evxeke,nthsan)?
Y un día, aprovechando el frescor de "la salida del sol" (avnatei,lantoj tou/ h`li,ou), ¿no irían "a la carrera los dos" (e;trecon de. oi` du,o o`mou/\) hasta "el sepulcro" (tou/ mnhmei,ou)"?
Ciertamente, me resulta "curioso" este hablar de revelaciones "del Señor" cuando tienes al lado uno que ha participado en ello.
Quizás esto también les resultó "curioso" a los directores de la traducción de la "Nueva Biblia Española" (Luis Alonso Schökel y Juan Mateos) y así modificaron la traducción normal ajustada al texto griego (por ejemplo, la del Nácar-Colunga) del versículo paulino...
...de la siguiente manera
Una traducción que seguirá la Bíblia Catalana Interconfessional
Si esto sirve para sosegar nuestros sueños...
Quien no estaba por la labor de "sosegar nuestros sueños", ya antes de "dimitir" -al llegar a la edad de la jubilación- de la iglesia católica, era Eugen Drewermann, un autor que -con cierta extrañeza por parte mía- veo que no figura en tu DESPUÉS DE CRISTO y, si no me equivoco, tampoco en EL DEVENIR.
Este buen hombre me ayudó en mis "catequesis", tanto la "navideña" (2000 - 2001), como la "eucarística" (2006 - 2007).
De esta última puedo recordar:
Una entrevista al teólogo alemán Eugen Drewermann, publicada en der spiegel y que yo tenía ocasión de leer en la revista valenciana el temps (2-3-92), me obligaba a repensar el tema de la eucaristía.
¿Y la eucaristía?
Tampoco la podemos atribuir a Jesús. Siendo Jesús un judío queda totalmente excluido que durante la última cena hubiera dado pan a sus discípulos diciendo: "Esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros", ni que hubiera tomado el cáliz diciendo: "Esto es mi sangre".
Pero estas palabras figuran casi idénticas en los tres primeros evangelios y en los escritos de Pablo. Y todavía hoy es con estas palabras que se anuncia, en cada misa, la transubstanciación a los católicos. ¿Por qué hemos de excluir que Jesús las hubiera dicho?
Porque para un judío, o para cualquiera, la idea de comer y beber carne y sangre humanas es una cosa espantosa. Jesús no hubiera podido tener la idea de transformar la cena de la Pascua judía, conmemoración de la salida de los hebreos de Egipto , en una comida en la cual los fieles tomarían parte sacramental en la vida de un dios que ofrece su muerte en sacrificio.
Más tarde me hacía eco de lo que Eugen Drewermann decía en "Dios inmediato".
Y cuando dijo: "Ésta es mi carne..."
La cita que usted menciona, según el capítulo 14 del evangelio de Marcos, probablemente no la haya dicho jamás Jesús. Se trata de cuestiones "históricas" que es legítimo plantearse y a las que sólo se puede responder de una manera hipotética. Que Jesús haya organizado una cena pascual tal y como se relata, se puede refutar con el simple hecho de que los días anteriores a su muerte era, en cierto sentido, un perseguido que no podía entrar ya en el Templo. Es totalmente inverosímil que haya querido establecer una institución o un sacramento en oposición a la religión de su pueblo. En otros términos, es altamente problemático pensar que la última cena pueda entenderse como un hecho histórico a la manera de la teología dogmática de la Iglesia.
Pero estas palabras figuran casi idénticas en los tres primeros evangelios y en los escritos de san Pablo. Y todavía hoy es con estas palabras como se anuncia, en cada misa, la transubstanciación a los católicos. ¿Por qué hemos de excluir que Jesús las hubiera dicho?
Porque para un judío o para cualquiera, la idea de comer y de beber carne y sangre humana es una cosa espantosa. Jesús nunca hubiera podido tener la idea de transformar una comida de la Pascua judía, conmemoración de la salida de los hebreos de Egipto, en una comida en la cual los fieles tomarían parte sacramental en la vida de un dios que ofrece su muerte en sacrificio.
Ya te hablaba en la carta anterior de John Dominic Crossan. Me ayudó a descubrir que no todos los grupos de "seguidores de Jesús" celebraban sus reuniones (sus "eucaristías") según el modo paulino. Ante esta diversidad, Crossan afirma:
John D. Crossan
Jesús: vida de un campesino judío
Pág. 420-421
En la hipótesis (me parece que estamos de acuerdo que en estos terrenos solo podemos hablar "hipotéticamente") que apuntaba en la carta anterior de un "documento" sobre la pasión-resurrección (producto de la reflexión de un grupo "sumamente culto y erudito"), documento que habría sido seguido por Marcos y Juan, nos podemos preguntar si fue Juan quién suprimió la "institución de la eucaristía" o si fue Marcos quién la añadió, tomándola prestada de Pablo.
Como no soy de los que pueden decir (como aquel librero de la Claret o como lo podría decir Orígenes) "si yo no lo conozco, es que no existe", no puedo aportar ahora ninguna respuesta (que posiblemente ya exista), pero puedo compensar con un cuadro sinóptico a cuatro columnas de esta llamada "institución".
Los cuatro relatos en un cuadro sinóptico
Y si quieres más, en el texto griego
Seguiré, pues todavía nos queda "mucha tela por cortar"...
Muy cordialmente
Miquel
| Gracias por la visita
Miquel Sunyol sscu@tinet.cat 16 febrero 2026 |
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