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¡Ya es Corpus!!

Textos y sermones

Ofrezco a vuestra lectura y meditación dos textos "eucarísticos" para prepararnos a la celebración de la fiesta del Corpus Christi.

El primer texto es una reflexión mía, que quizás ya la habéis leído en el tema sobre El Requerimiento (¿Cóm matar indios sin pecar?) que recientemente he colocado en mi web.

El segundo es un texto robado a Eugen Drewermann de su libro Giordano Bruno o el espejo del infinito, publicado en nuestro país por la editorial Herder (1995)

Mi reflexión

Pronto será la fiesta del Corpus. Pasearán lo que dicen que es el Cuerpo de Cristo y (ahora voy a mirar el Catecismo) la Divinidad de Jesucristo en oro robado.

Y adorarán...

Influenciado por
Dios o el oro en las Indias

de Gustavo Gutiérrez
(Ediciones Sígueme)

¿Qué adorarán?

Los indios tenían bien claro que los españoles adoraban el oro...

Y deberían tener razón...

De una carta mía
a una religiosa
Recuerdo cómo viví de niño la procesión del Corpus Christi en Nola.
El texto
de Drewermann
El párroco nos había mandado a los niños que llevásemos la mayor cantidad posible de flores de todos los colores, para formar con ellas alfombras variopintas y cubrir todas las calles por las que sería llevado el Santísimo. Pero a mí me daban lástima los tulipanes, las rosas y los pensamientos y no quería arrancar sus abigarradas y maravillosas hojitas; me parecía un acto de crueldad matar flores.

¿Por qué tú no has traído flores?
¡Porque encuentro que vivas son tan hemosas!

Y toda la clase se echó a reír.

Todavía hoy estoy convencido de que a Dios se le honra mucho más con la variedad desbordada de la vida que con los arreglos artificiosos de algo muerto. Dios tampoco habita en un trozo de pan muerto que se encierra en un viril de oro. Pero en el pan que mi madre partía en la mesa de nuestra pequeña casa de Nola y que distribuía entre nosotros los niños, sí que había un cierto sabor de Dios; y en su dulce «¡Toma, Filippo» sí que había una palabra transformante más eficaz que el Hoc est enim corpus..., que el sacerdote murmura solemnemente sobre el altar. 

En todo lo que vive, vive algo de Dios, que pasa sin cesar y alienta en las cosas de su creación. No es en absoluto necesario convertir esa experiencia maravillosa de la vida en una fiesta especial, como le gusta hacer a la Iglesia en cualquier ocasión.

Más bien habría que enseñar a los hombres a considerar las fiestas de la Iglesia como hechos fundamentales de su propia existencia. De hacerlo así, dejarían de ponerse como flores cortadas bajo los pies de los servidores de la Iglesia, quienes, en su delirio de servir así a Dios de una manera especial, han llegado a pisotearlas y aplastarlas contra la tierra, de la que salieron como frutos ya marchitos.
 
Eso lo dice él mismo en 
Dios inmediato
(Ed. Trotta)
Eugen y yo somos del mismo año, del 40. 
Pero él, a los quince días de su ordenación, fue enviado a un balneario como capellán; y yo, gracias a la invitación de un compañero, empecé a hacer de cura, también a los quince días, en una parroquia obrera, la que -bajo la pluma de Josep Ricart- ha quedado inmortalizada como  Egara, Una parroquia obrera bajo el franquismo
Editora Pedagògica del Vallès
Terrassa (1979)

Ofrezco también, de cosecha propia, dos sermones eucarísticos


 
Gracias por la visita
Miquel Sunyol

sscu@tinet.cat
31 mayo 2007
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