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LA "MINA DE ORO" Y LA CAÑA DE AZÚCAR

 

No cabe duda de que Colom tenía proyectado el viaje a las Indias desde hacía mucho tiempo. El primero lo emprendió con una escuadra reducida; su objetivo sería ratificar su teoría con el testimonio de los tripulantes que lo acompañaban y con la muestra de algunos nativos, flora y fauna que traería desde allí como presente para los Reyes Católicos. Pero muy pronto se organizó una nueva expedición - el segundo viaje - mucho más importante, con un número superior de naves y con pasajeros, entre los que ya se incluían clérigos y frailes para los servicios religiosos y para la evangelización de los indios; conformaban también el pasaje guerreros para la conquista, campesinos y agricultores, artesanos con sus utensilios y algunos esclavos nativos de la Guinea portuguesa, más acostumbrados al cultivo de productos tropicales, así como animales domésticos - caballos y perros - , para la exploración, conquista y colonización de las nuevas tierras.

 

Por todo ello, es muy comprensible que Colom tuviese mucho interés en realizar aquellos viajes por las colonias portuguesas de África, algunos de ellos acompañado de su hermano Bartolomé y del mismo Miguel Ballester que, como veremos más adelante, ya en el segundo viaje del descubrimiento, fue quien por primera vez plantó y elaboró la caña de azúcar en la isla de La Española.

 

Paolo Emilio Taviani en I viaggi di Colombo (Novara, 1986) en la página 32, escribe:

 

"A una prima impresione, il Genovese, che ha conosciuto gli ignami in Guinea, confonde con casi l'ajes, cioé la batata (...) Chi le ajes crescono piú grosse e buone di quante abbia visto altrove, poiché l'Ammiraglio dice che ne aveva giá visto in Guinea (...) Studi recenti compiuti particolarmente in Dominicana hanno portato a concludere che l'ajes e il tubero che lo Scopritore definisce, per il recordo della Guinea...".

 

El mismo autor genovés dice en la página 429:

 

"Il fallimento dell'impresa coloniale di Colombo all'Hipaniola: Nel "Manual de historia dominicana" -che, in qualche punto riportiamo integralmente e il resto riassuntivamente- Moya Pons sottollinea che il plano di Colombo era stato dii constituire nell'Hispaniola una fattoria o colonia simile a quelle che egli aveva visto, molti anni addietro, lungo le coste di Guinea e Capo Verde, in Africa".

 

Es evidente, por tanto, que Colom estuvo en el Castillo de la Mina (de oro) de la Guinea porque son muchas las referencias recogidas en este sentido por Hernando Colón y Las Casas; este último especifica que los viajes a la Mina los realizaba Colom como residente en el territorio de Portugal -Porto Santo- y como natural del mismo reino por razón de su matrimonio con una portuguesa y, además, añade que en estos viajes solía acompañarlo su hermano Bartolomé. El relato de Las Casas es como sigue:

 

" En estos viajes de descubrimiento o en algunos de ellos, se halló el Almirante D. Cristóbal Colón y su hermano D Bartolomé Colón, según yo pude colegir de cartas y cosas escritas que tengo en las manos"; y continúa más adelante: "anduvieron ambos muchas o algunas veces, como arriba dije, ocupados y en compañía de los portugueses".

 

Colom tenía bien planificado su proyecto naval y fueron a la Guinea portuguesa con el fin de descubrir e informarse de los productos agrícolas tropicales, de su cultivo y posterior elaboración.

 

Como acabamos de apuntar, Colom y su equipo humano estudiaron la posibilidad de cultivar aquellos productos de la Guinea en las nuevas tierras tropicales de las Antillas. Colom estaba seguro al haber navegado en 1477, con los corsarios noruegos Pining y Poshort, desde Tile o Tule (en la actual Groenlandia) hasta Vinland, la tierra del vino, en la costa oriental del norte de Canadá. Colom sabía que las islas antillanas, donde pensaba llegar, se encontraban en paralelo inferior repecto del que él había estado, o sea, en el Trópico, en línea recta desde el Golfo de la Guinea portuguesa hacia el Caribe.

 


UNA OJEADA AL PASADO PARA ENTENDER MEJOR ESTA HISTORIA

 

Cataluña en la Corona de Aragón

 

Desde finales del siglo XII Cataluña ha estado vinculada al reino de Aragón y, desde la mitad del siglo XIII, también a los reinos de Valencia y Mallorca, así como a otras posesiones del Mediterráneo, fruto de las sucesivas conquistas. Estos territorios estaban gobernados conjuntamente, con un sistema feudal y autonómico, por una sola cabeza y todos ellos conformaban la Corona de Aragón, de manera que los ciudadanos catalanes, valencianos y los de las islas recibían, sin distinción de procedencia, el topónimo de "aragoneses". También entonces en la corte de la Corona de Castilla los "aragoneses" eran considerados como "extranjeros" de aquellos reinos.

 

Las cortes generales de la Corona de Aragón se celebraban en distintos lugares del territorio según la conveniencia del momento. Zaragoza, Alcañiz, Barcelona, Cervera, etc.... fueron sede de dichas cortes y allí se reunían los representantes de las distintas comarcas geográficas como, por ejemplo, la de la isla de Cerdeña.

 

A finales del siglo XV, una vez entronizada en Castilla y Aragón la misma estirpe dinástica de la casa de Tratámara, con los Avis en Portugal y los Evureux en Navarra, se abría un camino hacia la unidad de los diferentes reinos peninsulares, auque todavía no se consolidaría. Pero con el matrimonio de los Reyes Católicos, si bien no se consiguió la unificación, quedó establecida una confederación a título "principal" entre la Corona de Castilla y la Corona de Aragón, lo que permitió la conquista de Granada, la expulsión de los judíos y la gran empresa del descubrimiento del Nuevo Mundo por Colón, coincidiendo con la fecha del año 1492.

 

El matrimonio entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. El arzobispado de Tarragona, sede en la que se gestiona la legítima dispensa matrimonial de los Reyes Católicos.

 

Desde el año 1462, la familia real residía en Tarragona con motivo de "la guerra de los diez años", que enfrentaba las tropas de Juan II de Aragón con el pueblo catalán y la "Generalitat" o gobierno de Cataluña. En Tarragona fue precisamente donde, después de una larga enfermedad, el 13 de febrero de 1468 murió la reina Juana Enríquez, hija del Almirante de Castilla, segunda mujer de Juan II y madre del heredero de la Corona de Aragón, Fernando. Juana Enríquez no pudo ver cumplido su codiciado y difícil matrimonio entre los dos Trastámara y primos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón

 

Durante las cortes celebradas en agosto de 1469 en Cervera (Lérida), ciudad a medio camino entre Zaragoza y Barcelona, donde los reyes de Aragón tenían un palacio, tuvo lugar un parlamento en que el joven Fernando, ya entonces rey de Sicilia desde el 13 de junio del mismo año y heredero de la Corona catalano-aragonesa, aceptaba las condiciones de un matrimonio con la infanta Isabel de Castilla, enlace cuya ceremonia, aun de forma ilegal, se celebraría en Valladollid el mes de octubre de aquel 1469.

 

Los problemas de parentesco entre los primos contrayentes los resolvió el arzobispo de Toledo, Alfonso de Carrillo, presentando una bula expedida por Pío II con la que se dispensaba el grado de consanguinidad, aunque más tarde se comprobó que dicho documento no era auténtico porque había sido falsificado por el propio Fernando y su padre Juan II, con el consentimiento del arzobispo Carrillo.

 

La historiadora vienesa Susanne Schüller-Piroli, en el libro Los papas Borgia. Calixto III y Alejandro VI (Valencia, 1991), en la página 109 escribe:

 

"...la reputación del joven Fernando en Aragón sufrió un duro golpe, cuando el mayor de sus hermanastros, Don Carlos de Viana, murió en una cárcel, donde le había tenido cruelmente prisionero su propio padre. La responsabilidad por esa trágica muerte de legítimo heredero del trono de Aragón y Navarra recayó sobre Fernando -hijo del rey Juan en segundas nupcias- y sobre la madre de Doña Juana Enríquez. La indignación catalana se dirigía en buena parte contra ella. Mayor todavía era la hostilidad en Navarra, donde Juan regía, en realidad, sólo como heredero de su primera esposa, Blanca d'Evreux.

 

Rodrigo (de Borja, el cardenal valenciano) fue muy prudente. Primero, se las agenció para conocer personalmente al príncipe Fernando antes de pronunciarse sobre él. El futuro papa y el futuro rey se encontraron antes del final del verano de 1472 en Tarragona (sede del arzobispo Urrea). El primer resultado de este encuentro -explica la historiadora Schüller- fue que Rodrigo recomendó de modo apremiante al papa Sixto IV la concesión de una legítima dispensa matrimonial para Fernando e Isabel. Sólo de ese modo podría alcanzarse la participación interna en España y ganarse a la nación para la lucha contra los infieles. El papa prestó oídos a estas afirmaciones y le dio poderes a su legado para legitimar el matrimonio de la joven pareja".

 

Palacio de la Cambrería de la Catedral de Tarragona, donde murió el 13 de febrero de 1468 la reina Juana Enríquez, hija del Almirante de Castilla, segunda mujer de Juan II de Aragón y madre de Fernando el Católico.

 

Palacio de la Cambrería en el Pla de la Seu de Tarragona      //   Interior del Palacio de la Cambrería en el Pla de la Seu de Tarragona.

(Fotos de Joan Farré publicadas en la obra Tarragona Mediaval, editada por Diario de Tarragona, 1999.)

 

 

 


1493: CATALANES CON COLÓN  EN LA ESPAÑOLA

 

La estancia de Colón en Tarragona tras su vuelta del viaje del descubrimiento del Nuevo Mundo antes de ser recibido por los Reyes Católicos

 

Hay un hecho a resaltar sobre el viaje de vuelta a la Península después del descubrimiento del Nuevo Mundo por Colón, que demuestra que el 3 de abril de 1493 fue la fecha de la recepción de los Reyes Católicos al Almirante, coincidiendo con la estancia de los monarcas en Cataluña. El mes de diciembre anterior, el rey había sido víctima de un atentado con arma blanca en Barcelona, resultando herido gravemente  en el cuello.

 

Colón llegó primero a Restelo (Lisboa) el 4 de marzo de 1493, donde permaneció hasta el 14 del mismo mes amarrado en el estuario del Tajo, haciendo limpieza del barco y reparando algunos desperfectos. Nos resulta extraño que hasta la fecha de14 de marzo de 1493, Colón no envie la carta -relación a los Reyes Católicos, que debiera tener preparada, en la que les comunica el nuevo descubrimiento y explica los hechos más relevantes. Esta carta fue enviada por un mensajero a caballo, antes de partir hacia Sevilla a bordo de la carabela "La Niña", con la que había vuelto del Nuevo Mundo.

 

El viernes 15 de marzo "La Niña" anclaba en aguas del Guadalquivir con un cargamento de nativos y animales exóticos traídos de las Indias; desde Sevilla emprendió el viaje por tierra -por caminos reales- hasta Córdoba, donde residía su amada Beatriz Enríquez de Arana y el hijo de la unión con ésta, Hernando, así como el hijo de su primer matrimonio, Diego.

 

El padre Las Casas explica en la Historia de las Indias que era muy joven, nueve años de edad, cuando fue testimonio directo de la vistosa llegada a Sevilla de la caravana de Colón y su séquito, con indios nativos, animales y productos exóticos que había traído de aquellas nuevas tierras; también confirma que desde Lisboa, el 14 de marzo de 1493, Colón había enviado a los reyes una extensa carta explicando todo el viaje y que los reyes respondieron a la misma con otra misiva, fechada el 30 del mismo mes de marzo, que concluía diciendo:

 

"...y porque queremos que lo que habéis comenzado con la ayuda de Dios se continúe y se lleve adelante, y deseamo que vuestra venida fuese luego, por ende, por servicio nuestro, que déis la mayor prisa que pudiéreis en vuestra venida, porque con tiempo se provea todo lo que es menester; y porque como veis el verano es entrado, y no se pase el tiempo para la ida allá, ved si algo se puede aderezar en Sevilla o en otras partes para vuestra tornada a la tierra que habéis hallado.

 

Y escribidnos luego con este correo que de volver presto, porque luego se provea como se haga, entanto que acá vos venís y tornáis de manera que, cuando volviérades de acá, esté todo aparejado. De Barcelona, a treinta días de marzo de noventa y tres años. Yo el Rey. Yo la Reina."

El joven  Bartolomé de nueve años fue testigo del paso por Sevilla hacia Córdoba (donde visitaría a su amada Beatriz Enríquez y a sus hijos Diego y Hernando, que estaban bajo su cuidado) de los carruajes en los que viajaban Colón y sus hombres, acompañados de indios nativos, pájaros y frutas exóticas traídos desde las Indias para presentarlos a los Reyes Católicos que se encontraban en Barcelona.

Un error histórico

 

El hecho de que la carta de los reyes lleve la fecha del 30 de marzo y que Colón se presentase ante ellos en Barcelona el 3 de abril (acontecimiento que no tuvo repercusión alguna en los "dietarios" y registros oficiales de la Ciudad Condal) ha suscitado muchas dudas entre los historiadores que piensan que Colón estaba todavía en Andalucía y, por tanto, no tenía tiempo material para hacer este viaje en tan pocos días. Con toda probabilidad, ante los intereses y ambiciones de otros estados, los reyes habrían llevado con la máxima discreción y cautela la llegada del Almirante.

 

En este sentido, Antonio Rumeu de Armas, en su Estudio Histórico-Crítico del Libro Copiador de Cristóbal Colón, ejemplar conocido entre los estudiosos como el "manuscrito de Tarragona" por haber aparecido en esta ciudad en una librería de textos antiguos, dice lo siguiente:

 

"Los soberanos de Castilla, ante la ambigua conducta del rey de Portugal, Juan II, han decidido precipitar el desarrollo de la empresa indiana para consolidar la posición de la tierra firme y de las islas, recién descubietas, repoblarlas con renovado esfuerzo, la tarea exploradora iniciada. En este 30 de marzo la segunda expedición oceánica estaba firmemente resuelta."

 

La causa del error en el que caen algunos historiadores ha sido considerar que en el momento que los reyes enviaron la misiva a Colón, éste se encontraba en algún lugar de Andalucía, sea en la casa de los Pinzón en Palos, sea con los padres franciscanos de Santa María de la Rábita en Huelva, sea en Sevilla o en Córdoba; consideran, por tanto, inviable que con los cuatro días que van desde el 30 de marzo al 3 de abril Colón pudiese haber llegado a Barcelona, donde fue recibido por los Reyes Católicos. No contemplan la posibilidad de que  el Almirante se encontrase en un lugar más cercano como podía ser, Tarragona, donde organizaría con sus amigos su inminente y más importante viaje, con un mayor número de naves, hombres y utensilios, ya que este segundo viaje debería ser de exploración, colonización y evangelización de todas aquellas nuevas tierras descubiertas.

 

Así pues, Morales Padrón en Cristóbal Colón, Almirante de la Mar Océana (Madrid, 1988) dice que fue "a mediados de abril" y puntualiza "del 15 al 20"; parecida afirmación había hecho el escritor norteamericano Washington Irving, en 1.827: "A mediados de abril llegó Colón a Barcelona". Ricardo de la Cierva en la Gran Historia de América, publicada en fascículos por la revista "Época" durante los años 1991-1992, dice:

 

"Había pensado (Colón) llegar a Barcelona por mar, pero ante la orden de los reyes, que debió llegarle a primeros de abril, inició inmediatamente su viaje por tierra, a través de Córdoba -donde abrazó a su amante Beatriz de Arana y a sus hijos-, Murcia, Valencia, Tarragona y Barcelona para este viaje triunfal, que culminó en el momento más alto de la vida de Colón, la recepción de los reyes en Barcelona".

 

Como dice la Cierva, ciertamente Colón escribió en su Diario de a bordo que pensaba ir en barco hacia Barcelona. El rumbo que según este historiador siguió el Almirante así lo confirma: el recorrido desde Sevilla a Córdoba y de allí hasta Murcia lo habría de hacer, naturalmente, en carruajes y por caminos reales; pero nuestra opinión es que en algún puerto del litoral murciano, posiblemente Cartagena, lo estaría esperando su cortejo y la carabela "La Niña” con la tripulación que lo había acompañado en su viaje de vuelta, desde donde continuaría por vía marítima siguiendo una ruta hacia Valencia, Tarragona y, finalmente, Barcelona. Si Colón hubiese ido a Barcelona por tierra, no habría razón alguna para que se hubiese desviado hacia el este, desde Córdoba a Murcia. Parecería más lógico que hubiera atajado por el norte hacia Albacete, Almansa y Valencia; pero esto suponía no sólo invertir más tiempo con unos medios de transporte lentos, como eran los carruajes, sino también el peligro de los propios caminos. En cambio, resultaba mucho más rápido y seguro hacer la última parte del viaje con un medio en el que el Almirante era un experto.

 

Rumbo naval y terrestre de Colón por la Península en el viaje de vuelta después del descubrimiento del Nuevo Mundo.

El itinerario de Colón hasta su encuentro con los Reyes Católicos en Barcelona: por caminos reales desde Sevilla a Córdoba y Murcia, y desde el litoral murciano por mar.

 

Es muy interesante la opinión de Consuelo Varela en Cristóbal Colón. Retrato de un hombre, cuando dice: "A Colón, como buen marino, lo que de verdad le gusta es vivir en el barco y, siempre que puede, evita bajar a tierra en sus viajes; incluso Oviedo, maliciosamente -continúa diciendo Varela- relata que en el primer viaje no descendió a tierra hasta que llegó a la isla de Cuba". Existe la certeza de que la noche de Navidad de 1492, cuando la nave "Santa María" embarrancó, Colón estaba descansando a bordo y, por tanto, no había desembarcado para ir a dormir, ni siquiera para celebrar aquella festividad con el resto de los tripulantes.

 

La singladura de Tarragona es un dato clave para esclarecer el error histórico respecto de la fecha del 3 de abril y el momento en que los Reyes Católicos recibieron a Colón en Barcelona porque nos permite dar una explicación muy sencilla: entre la fecha de la carta de los reyes, del 30 de marzo, y el 3 de abril transcurren cuatro días, tiempo más que suficiente para hacer llegar una misiva desde Barcelona a Tarragona -55 millas de distancia- en una sola jornada, con un correo como Collantes y con caballos al galope por caminos reales, de forma que a Colón y a los suyos les sobrarían otras tres jornadas para preparar el viaje y navegar hacia Barcelona.

 

De Tarragona era Miguel Ballester, amigo fiel de Colón y uno de sus hombres de confianza; también era tarraconense el fraile Bernat Boyl, que cinco años antes había sido secretario del rey Fernando II y había ejercido como diplomático en asuntos de estado en Francia. Aún podríamos añadir otros ciudadanos de Tarragona que acompañaron al Almirante en otros viajes, como es el caso de un tal Andreu y su hermano Joan Anton, escudero y criado respectivamente del propio Colón

 

La sede arzobispal de Tarragona había estado ocupada desde 1445 hasta 1489 por Pedro de Urrea, mano derecha de Juan II de Aragón; una vez muerto aquél, entre 1490 y 1511, fue nombrado arzobispo Gonzalo Fernández de Heredia, un personaje que también había sido embajador de Juan II en la corte romana, cargo que siguió desempeñando en tiempos de Fernando II. Entre los cargos que ostentó el arzobispo Fernández de Heredia en Roma destacamos el de capitán de la guardia del Palacio Sacro durante el cónclave que tuvo lugar en el año 1492, tras la muerte de Inocencio VIII, del que saldría elegido papa el cardenal valenciano Roderico Borja con el nombre de Alejandro VI; también fue prefecto de la Ciudad Eterna en 1503 al morir este mismo papa, el cual había otorgado diferentes bulas al fraile Bernat Boyl nombrándolo vicario de la Iglesia de Roma en el Nuevo Mundo y había ratificado el Tratado de Alcaçobas, donde quedaba definida y delimitada la línea de demarcación que dividía entre España y Portugal los territorios recientemente descubiertos y por descubrir.

 

El "manuscrito de Tarragona “ o Libro copiador de Cristóbal Colón

 

Sin duda, no es extraño que fuera Tarragona, antigua ciudad catalana y mediterránea, sede arzobispal metropolitana y primada, donde apareciera quinientos años después de haber sido escrito un libro copiador de Colón conocido por todos los eruditos del mundo como "manuscrito de Tarragona". Este importante documento, descubierto en una librería de antigüedades bibliófilas de la ciudad tarraconense, fue adquirido por el Estado español en el año 1987 a cambio de una nada despreciable suma de dinero, aunque su valor es incalculable. En la actualidad este ejemplar se halla depositado en el Archivo General de Indias en Sevilla.

 

Un encuentro crucial

 

El citado "manuscrito de Tarragona" es, nada más y nada menos,  un libro donde Colón copiaba todos los documentos dirigidos a los Reyes Católicos; son un total de treinta y ocho hojas escritas por las dos caras y que reproducen siete cartas-relaciones y otras dos misivas de carácter íntimo, escritas durante los viajes del Almirante al Nuevo Mundo entre 1492 y 1504, año este último en que volvió de su cuarto y postrer viaje.

 

Una de estas cartas puede considerarse como "la partida de nacimiento de América" porque en ella se recogen las primeras noticias escritas referidas a las denominadas entonces indias occidentales.

 

De las siete cartas-relaciones, dos eran ya conocidas y se habían publicado más de una vez, por lo que se puede garantizar la autenticidad del documento. Vale la pena apuntar como dato de interés que el texto del "Libro Copiador" está repleto de vocablos catalanes, portugueses y alguno en italiano.

 

Rumeu de Armas, autor de la transcripción y de los comentarios que conforman el Estudio Histórico-Crítico, dice que "el Libro Copiador constituye uno de los hallazgos más importantes dentro de los actos conmemorativos del Quinto Centenario del Descubrimiento. Tras considerar las particularidades del "manuscrito", el mismo Rumeu de Armas escribe: "Aunque sea arriesgado vaticinar el desarrollo de acontecimientos futuros, no vacilamos en afirmar que uno de los hechos más memorables y significativos desde el punto de vista histórico, será, sin lugar a dudas, la aparición del Libro Copiador de Cristóbal Colón. Hay que calificar el hallazgo de trascendente por su relieve e importancia en el panorama de las primeras expediciones a América. Ningún otro texto superviviente se le puede comparar, en extensión y calidad...".

 

Durante una visita que nosotros realizamos en enero de 2000 al Dr. Ricardo E. Alegría, director del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe en el Viejo San Juan, el sabio arqueólogo nos dijo que gracias al "manuscrito de Tarragona" se había zanjado una centenaria polémica mantenida por eruditos y estudiosos de aquel país hermano entorno a si Colón había desembarcado para conocer la isla de Boriquén -así la denominaban los nativos-, o si sólo navegó por su perímetro. La precisión y los detalles con los que se describe el paisaje, la flora y la fauna de dicha isla determina con claridad que Colón la recorrió detenidamente.

 

El Almirante tomó posesión de la isla de Boriquén -que en la lengua araucana de los indígenas significa "tierra del señor valiente"- el 19 de noviembre de 1493 y la rebautizó con el nombre de isla de San Juan Bautista, en honor al príncipe Don Juan, hijo de los Reyes Católicos. Allí desembarcó, según parece, por la parte de su extremo occidental y quedó sorprendido de la transparencia de sus aguas, la riqueza de la vegetación y del perfil de sus accidentes.

 

Con motivo del Quinto Centenario del Descubrimiento, el Libro Copiador de Cristóbal Colón fue publicado en 1989 por Testimonio Compañía Editorial, de Madrid, en tres volúmenes. El primer volumen corresponde al  Estudio Histórico-Crítico que del documento escribió Antonio Rumeu de Armas; en el segundo volumen podemos encontrar la traducción al castellano o español actual de las siete cartas-relaciones y de las dos misivas particulares; el tercer volumen contiene la reproducción facsímil del mismo manuscrito, encuadernado en tapas de piel repujada y adornada con cinco clavos dorados en cada una de las cubiertas.

 

De la pubicación se hizo una edición limitada y numerada de 980 ejemplares, según acta notarial, con la firma autógrafa de Don Alberto Ballarín Marcial, notario de Madrid y miembro del Ilustre Colegio, en la que se hace constar que una parte de esta edición, concretamente cuarenta y dos ejemplares numerados con cifras romanas y tinta roja, iba destinada a los veintiún países hispano-americanos. También en una visita efectuada por nosotros al Museo del Faro de Colón en Santo Domingo, tuvimos la oportunidad de contemplar un ejemplar expuesto en una de sus vitrinas.

 


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