GAUDÍ

 

 

Bellesguard (1900-1909)

 

En unos terrenos junto al torrente de Belén, al pie de la sierra de Collserola, que fueron de Martín el Humano, más tarde de los beneficiados de San Justo y finalmente del obispo de Astorga, Juan Grau Vallespinós, Gaudí proyectó en 1900 un edificio para la nueva propietaria doña María Sagués, viuda de Jaime Figueras.

 

Con la mente puesta en lo que fuera morada del ultimo rey de la dinastía catalana, Gaudí elaboró una casa en la que transformó el estilo gótico alargando hasta extremos inverosímiles los maineles de las ventanas tríforas y convirtiendo las dovelas de los arcos de medio punto de las casonas catalanas de siglo XV en un mosaico en relieve de menudas piedras formando dibujos geométricos utilizando las que encontró en el propio lugar. En el interior, la casa que por fuera es de piedra verdosa y negruzca, se convierte en una cascada de blancura inmaculada, presente en los arcos y columnas de la escalera, el techo del comedor, de arcos tabicones escarzanos de ondulados riñones, y en las nervaduras lobuladas de los dormitorios. La elevada aguja sostiene en alto la cruz, la corona y la bandera, como un hito histórico en recuerdo de la bodas reales, en 1409, poco después de la muerte del heredero, Martín el Joven, en Sicilia.

 

De esta casa es famoso su desván, de arcos aligerados que arrancan de una extraña solera central y soportan otro espacio en lo alto, alrededor del cual un juego de escaleras permite llegar hasta la cúspide del edificio, donde una pequeña tribuna recuerda la visión que el rey Martín tuvo de la llegada de las naves con la noticia de la victoria de San Luri.

 

 

 

 

 

Bodegas Güell 1895

 

En las escarpadas costas de Garraf, sobre la carretera que de Barcelona conduce a Cálafell, en el término de Sitges, don Eusebio Güell poseía una extensa finca famosa por la cueva de la Falconera, por la que desemboca al mar un caudaloso río subterráneo que Güell intentó, en vano, conducir a Barcelona para abastecimiento de aguas a la ciudad.

 

En 1882 Gaudí proyectó para aquel lugar un pabellón para cazadores en un estilo semejante al de la casa Vicens que no se llegó a construir. Aquellas tierras fueron dedicadas luego al cultivo de la vid mediante grandes bancales de piedra en seco para nivelar los riscosos peñascales entre los que apenas crecen algunos algarrobos y arbustos, como palmitos o romeros.

 

En 1895 firmó Gaudí un plano que se presentó al Ayuntamiento de Sitges para obtener el permiso de la Dirección de Carreteras y el edificio destinado a bodega, junto a otros más antiguos que habían pertenecido al cabildo de la catedral de Barcelona, viviendas y una capilla, que se terminó en los primeros años de este siglo. Los inclinados faldones de su cubierta a dos aguas, recubiertos de aplacado de piedra del mismo lugar, recuerdan una pagoda oriental encajando la obra, por su dinamismo patente en la graciosa chimenea bulbosa, con el proyecto para Tánger y la casa de los Botines.

 

Fue atribuido desde antiguo a Francisco Berenguer Mestres, a pesar a que los hechos comprobados, tales como la inexistencia de los planos en el archivo de Berenguer y las propias afirmaciones de Gaudí, demuestran que se trata de un edificio de Gaudí en colaboración con su amigo y fiel epígono Francisco Berenguer. Cuando la filoxera destruyó los viñedos de Garraf, la bodega dejó de tener razón de ser y fue destinada a otros menesteres.

 

 

 

Restauración de la Catedral de Mallorca (1903-1914)

 

El obispo don Pedro Campins Barceló (1859-1915) fue una personalidad en el terreno. eclesiástico de su tiempo, a la altura de Juan Bautista Grau Vallespinós y José Torras i Bages, prelados con los que Gaudí. mantuvo excelentes relaciones de amistad. El obispo Gampins era un entusiasta de la reforma litúrgica, y después de una visita “ad limina” al Vaticano en 1899, y de recorrer diversas catedrales italianas y francesas, se entrevisto con Gaudí en la Sagrada Familia. Captó inmediatamente el espíritu renovador del arquitecto y le encargo un proyecto de restauración litúrgica de la Seo mallorquina.

 

Gaudí visitó la isla por vez primera el año 1903 siendo portador de un ambicioso proyecto, que contemplaba el traslado del coro al presbiterio y el trascoro a una capilla lateral; el altar barroco a otra capilla y el gótico encima de la puerta del Mirador para dejar visible la silla episcopal y la boca de la capilla de la Trinidad. Proyectó las cantorías a ambos lados del altar, exento bajo un baldaquino heptagonal, las rejas, lámparas y mobiliario litúrgico del presbiterio, las naves y la sacristía. Las tumbas de Jaime II y Jaime III de Mallorca en la capilla de la Trinidad y la culminación de los techos y campanario con agudas cubiertas de pinos faldones y profusión de pináculos. Revistió de cerámica el muro del fondo del presbiterio y se propuso hacer lo mismo, con cerámica troceada, en la capilla de la Trinidad.

 

Diseñó nueve vidrieras (un rosetón y ocho ventanales) para representar en ellas las invocaciones del Regina de la letanía lauretana. Modificó los púlpitos Y colocó lampadarios en las columnas ochavadas de las naves.

 

Su obra quedó, una vez más, inconclusa, pero existe lo suficiente para comprender el ambicioso proyecto y la compenetración entre obispo y arquitecto. La inapreciable colaboración de Juan Rubió, José M. Jujol, Jaime Llongueras, Joaquín Torres García, Iva Pascual y Vicente Vilarrubias dio profundidad a la obra realizada.

 

 

 

Cripta de la Colonia Güell (1908-1916)

 

Es esta a la vez la más incompleta, perfecta, original y sorprendente obra de Gaudí. Iniciados sus estudios mecánicos en 1898 al tiempo que se hacía la casa Calvet, no fue colocada su primera piedra hasta 1908, lo que supuso diez años de estudio y preparación del proyecto.

 

Y no era para menos, pues la iglesia de la Colonia Güell, de la que sólo se hizo la cripta, está elaboradísima con muy particulares aplicaciones de los materiales, uso de formas de la geometría reglada alabeada, combinación armoniosa de la piedra basáltica, el ladrillo recocho y la cerámica, muy especialmente el profundo simbolismo religioso de los paraboloides hiperbólicos que representan la Santísima Trinidad, el “Alfa” y “Omega” del Apocalipsis, el Crismón, la cruz en llamas, el monograma de María, los peces eucarísticos y la sierra de San José.

 

La maqueta estereostática utilizada para determinar las formas ideales para la estructura es un hallazgo en el campo del cálculo estructural que, ya en 1910, fue comentada con elogio por el catedrático de la Escuela de Ingenieros Industriales Félix Gardellach Alivés. La obra se interrumpió en 1917 y, al morir al año siguiente don Eusebio Guell, no se continuó. Le falta la iglesia superior y los acabados del interior de la cripta. A pesar de ello, su fuerza expresiva es tan grande que escapa de la simple consideración arquitectónico-constructiva para adentrarse en el campo insondable de la imaginación tridimensional de Gaudí. Se ha dicho que la contemplación de su interior sugiere. aquellos versos de San Juan de la Cruz que tan caros eran a Marcelino Menéndez Pelayo:

 

Entréme donde no supe  y quedéme sin saber, toda ciencia trascendiendo.

 

Auténtica arquitectura mística, tensión extrema de columnas inclinadas, bóvedas convexas, arcos de líneas quebradas que conducen la mente al éxtasis religioso y arquitectónico.