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PIREX (1915, Corning, Nueva York)
En busca de las raíces antiguas de las palabras
contemporáneas, los etimologistas explican a menudo que el Pyrex, el vidrio
resistente al calor, fue llamado así por su creador, Jesse Littieton, que se
basó en la palabra griega “pyra”, que significa fuego del hogar. Por lógico
que ello parezca, en realidad el nombre de este famoso tipo de vidrio procede de
una fuente mucho más humilde: la palabra pie, en inglés “empanada”, puesto
que el primer producto Pyrex fabricado por la Corning Glass Works fue una
bandeja circular de unos veinte centímetros de diámetro, para empanadas.
Una mañana del año 1913, el
doctor Jesse Littieton llegó a su laboratorio de la firma Corning Glass Works,
en Corning, en el estado norteamericano de Nueva York, con un pastel de
chocolate que ofreció a sus colegas. Entre mordisco y mordisco, éstos
reconocieron que estaba delicioso.
La noche anterior, Littieton
cortó el fondo cóncavo de un recipiente de vidrio y pidió a su esposa que
confeccionara una tarta en él. Aquel vidrio no corrosivo y resistente al calor,
había sido fabricado en Alemania a fines del siglo XIX, y ya había encontrado
varias aplicaciones industriales. Pero nadie, antes que Littieton, pensó en
hornear en él.
Corning presentó la primera línea
de recipientes de Pyrex para hornear en el año 1916. El público, impresionado
por la novedad que representaba cocinar en vidrio, adquirió más de 4.000.500
artículos de Pirex, tan sólo en el año 1919, a pesar de que el vidrio de
aquellas primeras versiones era grueso, pesado, algo descolorido y afeado por
numerosas grietas y burbujas internas.
Pero
cocinar implica más operaciones que hornear, y Littieton comprendió que si el
Pyrex quería convertirse en uno de los grandes en el campo de los utensilios de
cocina, había de resistir el fuego directo de los fogones. Durante más de una
década, los técnicos experimentaron diversos métodos para reforzar el vidrio.
Por ejemplo, mediante un rápido enfriamiento por aire, o por inmersión en baños
de aceite frío. Después de numerosos fracasos, dieron con la técnica
consistente en alterar ligeramente la composición del propio vidrio, y pasaron
meses efectuando pacientes pruebas, en cuyo transcurso los científicos de la
Corning hirvieron y frieron más de 8.000 kilos de patatas en vasijas de vidrio.
Finalmente, en el año 1936, la Corning anunció una línea de Pyrex resistente a la llama. Ya era posible usar utensilios de vidrio para cocer y freír, y no sólo para hornear. La perfección de estos artículos, resistentes al calor y al fuego, abría a la investigación técnica un nuevo reto, de alcance aún mayor: vajillas irrompibles con aspecto de porcelana de calidad. Después de años de experimentación, y habiendo roto docenas de miles de platos, el producto fue presentado en el año 1970 con la marca Corelle.
ESTROPAJOS CON JABÓN: (San Francisco, 1917)
En el año 1917, Edwin W. Cox, de San Francisco, era un vendedor puerta a
puerta entre cuyas mercancías figuraban las nuevas y tan anunciadas baterías
de aluminio. Las ventas eran mediocres, porque las amas de casa de la Costa
Oeste todavía no estaban al corriente de lo último en la tecnología de las
cacerolas.
Por propia experiencia, Cox sabía
que una queja corriente en todas las cocinas era que la comida se pegara a
cacerolas y sartenes.
¿Por qué no idear un
estropajo que combinara las características abrasivas de la limadura de acero
con la capacidad limpiadora del jabón?
En su propia cocina, Cox
introdujo pequeños estropajos cuadrados de viruta de acero en una solución
jabonosa. Cuando se secaba cada estropajo, era sumergido de nuevo, y el proceso
se repetía diligentemente hasta que cada estropajo quedaba saturado de jabón
seco.
En sus visitas a las amas de
casa, descubrió que aquellos estropajos, todavía carentes de nombre, abrían
puertas y facilitaban las ventas. Cada mujer recibía un ejemplar de muestra
gratuito. Muchas pedían más y no pocas llamaron a casa del vendedor para
averiguar dónde se podían comprar estropajos de aquel tipo. Al cabo de unos
pocos meses, la demanda superó la capacidad de Cox para fabricarlos en su
cocina. Así pues, dejó de vender cacerolas y ollas y se metió en el negocio
de la fabricación de estropajos jabonosos.
Al necesitar un nombre apropiado para el nuevo producto, Cox aceptó la sugerencia de su esposa, que se refirió a los nuevos estropajos como «SOS», iniciales internacionales para solicitar socorro en el sistema Morse.
TETERA SILBADORA (1921, Alemania)
Las primitivas sociedades utilizaron teteras y también silbatos. En las
ruinas mayas, los arqueólogos han exhumado recipientes de barro, que cuentan
con 2000 años de antigüedad, y están provistos de múltiples silbatos. Cuando
se vierte agua por uno de los orificios, otro emite un débil silbido.
Se ignora si estos recipientes
fueron las primeras teteras silbadoras de la historia, pero lo que sí se sabe
es que en el año 1921, mientras visitaba una fábrica alemana de teteras,
Joseph Block, un ejecutivo retirado de Nueva York, que había trabajado en el
ramo de los utensilios de cocina, concibió esta idea.
Block, incorporó aquel
dispositivo. Intrigados por la idea, los fabricantes alemanes produjeron treinta
y seis teteras silbadoras, que se pusieron a la venta en los grandes almacenes
Wertheim de Berlín una mañana a las nueve: al mediodía ya no quedaba ninguna.
El año siguiente, esta tetera
se presentó en los Estados Unidos, en una feria celebrada en Chicago. Durante
la semana que duró la exposición, Joseph Block mantuvo silbando continuamente
al menos una tetera de demostración. Su ruido obligó a muchos jefes de compras
de los almacenes a buscar otros artículos más silenciosos, pero para entonces
ya se habían conseguido buenas ventas.
Joseph Block, a pesar de haberse retirado, volvió a encontrarse metido en negocios y llegó a vender a los grandes almacenes y tiendas de su país unas 5.000 teteras silbadoras cada mes.
LICUADORA (1922, Racine, Wisconsin)
Dice la leyenda que Fred Waring, popular director de la banda de los
Pennsylvanians, inventó la licuadora a fin de que un pariente suyo, que padecía
trastornos digestivos, pudiera ingerir con facilidad frutas y verduras.
Este episodio familiar no es
cierto, pero sí lo es que el director de orquesta financió la creación y el
lanzamiento al mercado de una licuadora de alimentos denominada Waring Blendor,
e insistió en escribir esta última palabra con una o para distinguirla de los
mezcladores que fabricaba la competencia.
Fred Waring nunca tuvo un
pariente con problemas digestivos, y su interés por la licuadora no iba
dirigido a su aplicación a los alimentos, sino a la mezcla de los daiquiris, su
bebida predilecta.
El verdadero inventor de la
licuadora, inicialmente conocida como “vibradora”, fue Stephen J. Poplawski,
un americano de origen polaco procedente de Racine, en el estado norteamericano
de Wisconsin, que ya en su infancia mostró una obsesión por inventar
dispositivos destinados a la mezcla de bebidas. En tanto que la licuadora de
Waring iba destinada a mezclar daiquiris, la de Poplawski pretendía elaborar
batidos de leche malteada, que constituían su bebida predilecta. Por opuestos
que fueran sus gustos, sus caminos llegarían a encontrarse.
En el año 1922, después de 7
años de experimentación, Poplawski patentó una licuadora, y anotó que era el
primer aparato mezclador que tenía un elemento agitador montado en el fondo de
una taza, y que mezclaba bebidas malteadas cuando la taza se situaba en una
cavidad en la base del aparato.
Mientras Fred Waring ofrecía su licuadora a los dueños de los bares, Stephen Poplawski veía su aparato mezclador tras el mostrador de todos los establecimientos expendedores de bebidas no alcohólicas. Y Racine, población natal de Poplawski, parecía ser el lugar perfecto para comenzar, puesto que allí radicaba también la Horlick Corporation, principal empresa fabricante de la malta en polvo utilizada para la elaboración de refrescos. Poplawski, en el año 1953, durante un litigio de patentes, dijo que en el año 1922, no pensaba en la mezcladora para la maceración de frutas y verduras.
DESCALCIFICADORES DE AGUA (1924, St. Paui, Minnessota)
Un servicio que en muchos lugares se
considera obligado es el suministro de agua blanda, es decir, sometida a un
tratamiento para eliminar iones de calcio y magnesio, a fin de que no formen un
residuo insoluble en las tuberías, y de que no se combinen con el jabón para
formar un desagradable y espeso precipitado en platos y ropas.
Sin embargo, es un
problema que todavía hoy persiste, porque el agua blanda no fluye de los grifos
de todas las casas. En muchos lugares de diferentes países, el agua era
“dura”, y esto perjudicó las ventas de los primeros lavaplatos. Sin
embargo, hubo un hombre que ejerció un efecto profundo en la calidad del agua
en Estados Unidos.
Emmet Culligan supo que
un amigo de su adolescencia, que había estado experimentando con sistemas para
descalcificar el agua, hizo una demostración de su “máquina
acondicionadora”, que utilizaba una arena natural, la zeolita, para filtrar
los iones de magnesio y calcio en las aguas duras.
La resina de la zeolita
contenía iones de sodio que, literalmente, sustituían en el agua a los iones
indeseados. Cuando se agotaba la zeolita, es decir, cuando la mayor parte de su
sodio intercambiable había sido sustituido por magnesio y calcio, podía ser
regenerada mediante lavado en una solución muy concentrada de sal común, o sea
cloruro de sodio.
Culligan se hizo con un
saco de zeolita y, en su casa, metió este producto químico en una lata de café
perforada. Seguidamente, hizo pasar agua dura del grifo a través de ella. A
continuación, utilizó el agua filtrada para lavar los pañales de su bebé. La
efectividad del resultado conseguido le convenció a él, y también a su
esposa. Inmediatamente, decidió iniciar un negocio basado en la descalcificación
del agua.
Culligan fundó su nueva empresa en el
año 1924, para producir unas máquinas filtradoras que se vendían a doscientos
dólares. A pesar de este precio, las ventas fueron resonantes y volvió a
embolsarse dinero en abundancia.
El negocio de Culligan prosperó con rapidez y en el año 1938 se había extendido considerablemente a través del país. Una década más tarde, su red de ventas era ya de alcance nacional. Las amas de casa utilizaban agua filtrada para lavar con notable ventaja la ropa, tanto a máquina como manualmente, y también los platos. |