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GAUDÍ
Parque Güell (1900-1914)
Con visión perfecta del problema trazó caminos de formas onduladas para ganar los fuertes desniveles y parcelar el terreno en 60 lotes, además de construir la entrada con edificios para portería y servicios, la gran escalinata y la plaza llamada del teatro griego, en parte sostenida por un porticado de 86 columnas de un muy especial estilo dórico que hubiera puesto los pelos de punta a Mnesicles.
También
usando piedra del propio terreno, Gaudí elaboró muros de
El que desde 1922 es parque municipal de Barcelona ha sido incluido en las listas de Patrimonio Mundial auspiciadas por la UNESCO, y desde 1969 es monumento histórico-artístico de carácter nacional. El dragón, lagarto o lo que quiera que sea, en la escalera imperial, es una de las esculturas más conocidas del siglo XX.
El estudio detenido de este parque, en general y en sus innumerables pormenores, sirve para penetrar en el mundo imaginativo de Gaudí y en su concepción de la arquitectura total.
Casa Batlló (1904-1906)
Una piedra
arrojada en un estanque poblado de nenúfares y lotos produciría
El doble desván que culmina la fachada tiene a la vez el carácter animalístico y legendario del lomo de un enorme dragón sin cabeza ni cola. Una torre cilíndrica con los anagramas helicoidalmente dispuestos de Jesús, María y José termina con la bulbosa forma que sostiene una cruz de cuatro brazos de cerámica vidriada mallorquina.
La parte
baja, de piedra arenisca labrada con movidas formas y sostenida por
La alegría que refleja este proyecto tiene también clara expresión en la brillante y policroma fachada posterior y en la armonía cromática del patio de luces, revestido de azulejos de tonos distintos, más oscuros cuanto más altos están.
Aquí se configura la plenitud de Gaudí, la visión de un arquitecto exultante trabajando en una obra libre de las complicaciones simbólicas y moralizadoras de Mallorca, Astorga, las Teresianas, etc, Si de alguna manera hubiera que definir la casa Batlló sería diciendo que se trata de una sonrisa arquitectónica, de un explosión de placer compositivo de quien se halla en pleno dominio de su propio y personal estilo, que le permite desligarse de toda imitación o de toda escuela contemporánea o histórica.
Casa Milà (1906-1910)
Esta enorme casa es el ejemplar más compendioso del concepto gaudiniano de la arquitectura, pues en ella se hallan soluciones constructivas ingeniosísimas, plástica compositiva en el roquedal de la fachada e imaginación desbordada en las chimeneas y salidas de escaleras de la azotea, levantada sobre una sinfonía de arcos tabicones catenáricos.
Los pormenores de carpintería, parqué, mosaico hidráulico, con la estrella de mar en relieve de color verde manzana, los variadísimos cielos rasos, llenos también de invocaciones marianas, y la forja, definitivamente barroca, de los balcones, componen un conjunto capital en la historia de la arquitectura.
Un famoso político francés, desgraciado, dijo que no pensaba volver a una ciudad capaz de permitir que tal cosa se construyera. La capacidad de comprensión de muchas personas no ha podido seguir el destino creativo de Gaudí, que antes de encerrarse en su obrador de la Sagrada Familia se despidió del mundo de la arquitectura civil con este monumento insigne del paseo de Gracia barcelonés.
Sagrada Familia (1883-1926)
La capacidad de relacionar ingeniosamente arquitectura y liturgia llegó en la Sagrada Familia a su mayor grado de perfección El estudio del “L'année liturgique” del abad de Solesmes, don Prosper Guéranger, le ayudó a comprender los misterios y recovecos del año cristiano, que combinó a las mil maravillas con los símbolos arquitectónicos y escultóricos dando lugar a una armónica configuración, muy especialmente en la fachada del Nacimiento.
Edificio
que no empezó ni terminó, es lo bastante importante la obra de Gaudl en este
monumento como para
La cantidad de ensayos que Gaudí llevó a cabo en la Sagrada Familia desbordan el campo de la construcción y se adentran en los de la música, del trabajo y de la religión. La Sagrada Familia es un hábil entrelazado de símbolos religiosos y artísticos, y en sí misma es el símbolo de la ciudad donde, desde 1882, se levanta piedra sobre piedra, esfuerzo tras esfuerzo, con sacrificio, tal como creyó Gaudí que tenía que hacerse para encontrar, quizá lenta y penosamente, la visión beatífica.
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