BROMATO DE ARMONIO en Buenos Aires el 01/07/96
Artículo publicado en LA GACETA (Tucumán, Argentina)
Ante una sala repleta, el quinteto volvió a recoger anoche la
gratitud de su público, con otra lograda propuesta que tuvo una fuerte
y precisa presencia musical y el acostumbrado humor de alto vuelo.
...El núcleo del espectáculo lo marcó la situación
de dos políticos corruptos -Mundstock
y Rabinovich-, de un supuesto
partido liberal-nacionalista que, tras ganar las elecciones, intentan convencer
a un músico de poca monta -encarado por Núñez
Cortés- para que amolde el Himno Nacional a las preferencias de
su agrupación y del flamante presidente.
Nos salió un concepto virulento, con toques críticos que, sin
caer en una cosa de actualidad, tiene un contenido moderno",definió
López Puccio.
La fecha de esta publicación es del 1 de Julio de 1996.
Información facilitada por gentileza de Pablo José
Ruiz Pesce, miembro del CALL (Club de Amigos de Les Luthiers, con sede en
Buenos Aires) y autor de la página
de Tucumán.
Artículo publicado en SIGLO XXI (Tucumán, Argentina)
Justamente hacia España
partirán los "Luthiers" para hacer una gira de cinco semanas después
de terminar su serie porteña en octubre. Entre febrero y fines de marzo
harán otra gira por territorio ibérico, antes de regresar a
la Argentina para una nueva temporada en el Coliseo.
La fórmula del Humor
Luthier de Les Luthiers: Carlos Iraldi. Colaborador
creativo: Roberto Fontanarrosa. Sonido: Oscar Amante.
Diseño de iluminación: Ernesto Diz. Repertorio:
Sonata a la carta, Pequeña serenata para grandes instrumentos,
Disuacidio. Fragmento de ópera (“La hija de Escipión"),
Hematopeya, Cántico enclaustrado de Educación Sexual, Música
en serie, Himnovaciones. Teatro: Coliseo.
Este frasco (que se entrega como sucinto programa de concierto) ya no es aquel
inaugural de 1967, de la Cantata Laxaton, sino el último preparado
de la química de la risa de Les Luthiers: el Bromato de Armonio. Quien
en cambio conserva su identidad pese, paradójicamente, a su índole
apócrifa, es Mastropiero.
Su vigencia se extiende incluso más allá de la parodia de aquellos
pretéritos y solemnes locutores de radios oficiales de música
clásica. Hoy los locutores ya no amenizan música seria con voz
engolada. Su conquista es anunciarla como los números de un sorteo
de quiniela.
Bromatos para la lucidez
Les Luthiers que nacieron esencialmente musicales, regresan otra vez de mano
de Euterpe, sin desdeñar su histriónico espíritu burlón
de los últimos años.
En realidad ésta fue la ecuación predilecta de su trayectoria
más reciente. Ecuación en la que los amantes del teatro buscaban
más actuaciones y los músicos más parodias de géneros,
mientras Les Luthiers echaban a correr sus deliciosos disparates, sin otra
fórmula que el ingenio, la ironía, la elegancia.
"Bromato de armonio" no empieza sin antes regalar su broma habitual
para esa tertulia despistada y verborrágica que no escucha el gozoso
carnavalito barroco que asoma por los parlantes.
El primer hallazgo es la presencia de Matropiero (Marcos Mundstock), quién
con ayuda de "efectos especiales", bucólicos y eróticos,
de Daniel Rabinovich, escribe su partitura "Para Elisabeth", que
no es la "Elisa" presunta de Beethoven, pero cuya Sonata a la Carta
es tan romántica como este cuasi Brahms que retoza en el exquisito
trio de latín (violín de Lopez Puccio), violata (viola de gamba
de Jorge Maronna) y piano (auténtico de cola de Nuñez Cortés).
Más sencillo en su estructura es el de la Princesa Conegunda (López
Puccio con su bonete cónico de hada), encantada más por el instrumento
grandioso de Cardozo, que por los que le ofrece su enamorado (Nuñez
Cortés): el bass-pipe a vara, la mandocleta, la gaita de cámara,
que concluye con la aclaración del laudista principesco (Maronna);
una verdadera demostración del arsenal pesado de Les Luthiers.
En ese momento aparece otro de los felices inventos, especie de leivmotiv
que atraviesa este bromato: "La comisión" de reforma del
himno nacional en alguna democracia latinoamericana (cualquier parecido con
nosotros es pura coincidencia).
El dúo de políticos (Mundstock-Rabinovich), más Mangiacaprini,
el compositor elegido para la ocasión (Nuñez Cortés),
gastan los mejores sarcasmos de su artilleria al retratar a toda una fauna
nada ejemplar de hombres públicos.
Les Luthiers también se divierten con su cuarteto vocal-instrumental
de ayuda al suicida verdadero (Disuacidio), con el fragmento de ópera
"La hija de Escipión"en el que Rabinovich le canta frente
al balcón a Juana María del Sagrado Corazón y en el que
Mundstock se manda un aria belcantista, con ayuda de López Puccio y
Nuñez Cortés en sendos teclados "formales" y también
con la hematopeya "La redención del vampiro" en el que brilla
la vis cómica de Mundstock, burlándose de todos los "chupasangre"
que en el mundo (político) han sido y son.
La originalidad de las ocurrencias, el magnífico trabajo en equipo,
la precisión milimétrica en la puesta, la ausencia de divismo,
fueron siempre el signo de humor inteligente de Les Luthiers, que son ratificados
en este "Bromato de armonio", verdadero antídoto contra la
estupidez de los chistes y chacotas radiales y televisivos de cada día.
Sus lecciones para humoristas de toda laya se sostienen a menudo en un filoso
juego verbal, donde las palabras tan manoseadas y desfiguradas por el mal
uso, parecen nacer de nuevo, devueltas a su cauce original y purificadas de
solemnidades y de mentiras reiteradas.
Entre los ocho números cabe rescatar, todavía, dos. El cántico
enclaustrado de "Educación Sexual Moderna"a cargo de unos
monjes que dan lecciones con canto gregoriano en la forma de "organum",
es decir, en auténticas dos voces en quintas. El tema es casi inédito
en Les Luthiers, no obstante las sutiles referencias eróticas a lo
largo de su trayectoria.
El otro es la reposición de "Quién mató a Tom MacCoffee",
un delicioso número de jazz en el que brillan los dedos de Nuñez
Cortés, acompañado en contrabajo por Maronna y en bateria por
Rabinovich. La sátira a ciertos policiales norteamericanos es un verdadero
canto a la música. El magnífico trio (vocal-instrumental) es
el que mató a Tom por desafinado y para salvar el jazz de los malos
intérpretes.
Porque hacen resplandecer con alegría las palabras, purificándols
con la ironía y porque escriben músicas espléndidas en
todos lo géneros (clásicos o populares), que ellos tocan admirablemente
en sus propios y eufónicos "instrumentos informales", Les
Luthiers merecen gozarse como auténtico lujo del espíritu y
de la inteligencia, sin poses doctorales ni pedanterias intelectuales.
***Artículo escrito por René Vargas Vera,
para el diario La Nación, sección Espectáculos,
del día03 de julio de 1996.***
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