Depresiones y tallarines

9.5 - Respetar su voluntad

"Escuchar es un arte del que muy pocos son capaces. Nunca escuchamos, realmente. La palabra tiene un sonido y cuando escuchamos el sonido lo interpretamos, tratamos de interpretarlo según nuestro propio lenguaje o tradición. Nunca escuchamos con profundidad, sin distorsión." Jiddu Krishnamurti (1)

Antes ya he planteado la pregunta de hasta qué punto, al morir mi madre, se respetó o no su voluntad. Lo cierto es que no lo sé, no encuentro que sea una pregunta fácil de responder, y menos de manera categórica. De entrada (también lo he dicho antes), creo que los deseos y las disposiciones de mi madre había que entenderlos como el conjunto de lo qué decía en los distintos papeles que escribió sobre este tema, más todas las conversaciones en las que también se refería a ello (unos papeles y conversaciones que no siempre reflejaban un mismo criterio).

Y todavía seria necesario añadir a lo anterior sus miradas silenciosas, unos días vivas y otros más apagadas, ya que es posible que, a menudo, fueran un reflejo todavía más fiel de sus temores y deseos.

No es fácil, condensar todo esto, papeles, conversaciones, miradas y silencios, en una idea sencilla, lineal y clara.

Hago un inciso. De hecho, lo que me parece es que a veces es muy complicado, respetar "del todo" la voluntad de alguien. Porque es habitual que la voluntad de una persona no sea monolítica sino plural, es decir, que contenga un conjunto de pequeñas voluntades, que quizás no siempre viven en feliz armonía. De modo que en ocasiones es complicado satisfacerlas, todas a la vez. O imposible.

Normalmente todas las personas tenemos voluntades que se contradicen poco o mucho. Y a algunas personas esto les ocurre con más intensidad. De las diferentes voluntades que debido a su especial manera de ser tenía mi madre, ¿cual o cuales era mejor que los demás procuráramos favorecer?

Pondré el ejemplo para mí más claro, y a la vez más conflictivo: mi madre quería sufrir y no sufrir, las dos cosas. No me extenderé ahora sobre el deseo de sufrir (ya he hablado de él lo suficiente antes), sólo diré que este deseo era coherente con sus convicciones religiosas.

Mi yo racional entendía los motivos (coherentes con sus creencias) que tenía mi madre para querer sufrir. Pero a la vez, mi yo emocional sufría con su sufrimiento, durante los momentos (los días, o las largas temporadas), en que la dominaba su deseo, a veces infructuoso, a veces desesperado (soy consciente de la rotundidad del adjetivo), de evitar cualquier sufrimiento.

Consciente de estas dos voluntades opuestas, en el momento crítico en que estaba en juego su vida no me costó decidirme a favor de la opción de apaciguar los sufrimientos, en lugar de tener en cuenta el mundo de sus ideas y sus creencias.

Resumiendo. Al margen de que mi madre muriera con la asistencia espiritual que deseaba y rodeada de la familia tal como quería, al margen de que no muriera en casa tal como le hubiera gustado, lo cierto es que, en cuanto al momento en que se decidió tirar la toalla y no hacer más esfuerzos para conservarle la vida no sé si se respetó o no su voluntad. Creo, además, que es imposible responder de forma categórica.

Desde la perspectiva emocional que yo lo viví y recuerdo, creo que se respetó su voluntad en conjunto más espontanea, más poderosa, más global. Desde la perspectiva de otros hermanos, de aquellos que compartían con ella sus convicciones religiosas, no lo sé. Si caso, deberían ser ellos, los que hicieran esta valoración.

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(1) www.jkrishnamurti.org
 


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