8.10 - El Cielo
"¿Qué hace falta para ser feliz? Un poco de cielo azul encima de nuestras cabezas, un airecillo tibio, la paz de espíritu." André MauroisA pesar de que soy bastante incrédulo y escéptico, de vez en cuando, como un juego, me gusta imaginarme a mis padres en el Cielo. Es una fantasía que me atrae porque cuando ellos estaban vivos a veces hablaban de ello, era su gran ilusión: poder ir al Cielo al morir.
A mi padre me gusta imaginármelo encima de unas nubes de algodón, sentado en una butaca, de cara al solo, con su sombrero de lona blanca de cuando iba de excursión, leyendo el ABC o el Alcázar, con una mesita al lado con su café, relajado, sonriendo, satisfecho de comprobar que en el Cielo todo está organizado de forma eficiente, con disciplina, seriedad, formalidad y horarios puntuales.
No hace falta ni decirlo, me gusta imaginármelo con toda su lucidez, sin ningún indicio de su deterioro, del gran deterioro que acabó convirtiendo en un mal sueño el final de su vida.
A mi madre, cuando me la imagino en el Cielo, me la imagino tal como era ella, haciendo unas cuántas cosas a la vez. Me la imagino en la cocina, contenta al comprobar que es una cocina muy bien equipada, con la despensa provista de ollas y cazuelas de todo tipo. Mientras con una mano quizás mete en el horno algún pastel (quién sabe si de cabello de ángel), con la otra va escribiendo una carta al Abad de Montserrat, o quizás al Observatore Romano o a Julio Anguita, vete a saber a quién... (1) Todo esto, mientras sigue los diálogos de la serie que están haciendo por la tele (quizás Colombo o Ironside), o mientras intenta hablar por teléfono con algún hijo o hija, para invitarle a comer (en este caso sin suerte, porque de momento no hay línea directa entre el Cielo y la Tierra).
Me imagino a mi madre activa, ocupada, pero a la vez tranquila, sin agobiarse, contenta. Alejada tanto de las euforias desbordadas y devastadoras como de los profundos estados depresivos, de aquellas oscilaciones que convirtieron su vida en "una mala noche en un mala posada", tal como decía su admirada Santa Teresa.
Me gusta imaginarlos así, los dos sin la presión de las obligaciones, contentos, con buena salud, haciendo las cosas que les gustaban.
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(1) Julio Anguita fue secretario general del Partido Comunista de España y coordinador general de Izquierda Unida. A pesar de las diferencias ideológicas (sobre todo en cuanto al divorcio, el aborto y el laicismo), mi madre a menudo hablaba de él con simpatía, diciendo que coincidía mucho con sus reivindicaciones de tipo social.