8.1 - Aventuras en el cementerio
"Hasta que fue demasiado tarde no me di cuenta de que había muchas facetas de ella que ignoraba por completo." Oliver Sacks (1)Después de morir mi padre, mi madre adopto la costumbre de, muchos sábados por la mañana, ir al cementerio donde él estaba enterrado. No iba sola, se llevaba unos cuántos nietos y nietas. Con los muchos que tenía, le costaba poco recoger media docena y llenar el coche. Se apuntaban entusiasmados, porque ir al cementerio con la abuela era toda una aventura.
En el cementerio corrían de un lado para otro, jugaban con la tierra, miraban por las rendijas de las lápidas intentando ver algún difunto... La tumba más atractiva era la de un poeta, porque, además de suntuosa, se ve que alguna vez, mirando por una rendija, alguien "¡lo había visto!". Se lo pasaban en grande.
Un día mi madre fue al cementerio por la tarde. En lugar de ir acompañada por unos cuantos nietos, fue con un matrimonio amigo. Estuvieron paseando por el cementerio, se ve que se despistaron y, cuando quisieron salir se encontraron que ya habían cerrado.
El hombre era muy aprensivo, y al ver que empezaba a anochecer se empezó a poner nervioso, algo que no le convenía nada, porque estaba delicado del corazón. Cada vez más angustiado, cogió una de las escaleras que sirven para llegar hasta los nichos más altos y se encaramó en lo alto de una de las paredes del cementerio, y entonces empezó a pedir auxilio. Sin que nadie le oyera, porque a aquellas horas por aquellos andurriales no había nadie. Su mujer, desde abajo, intentaba tranquilizarlo, le pedía por favor que bajara, que se haría daño, que se serenara... Pero era inútil.
Mientras, mi madre no perdía el tiempo. Con una pequeña navaja que siempre llevaba en el bolso, empezó a "serrar" la cadena que cerraba la puerta. Se estuvo quizás dos o tres horas sierra que serrarás, envolviéndose la mano con el pañuelo cuando se le empezó a levantar la piel. No paró hasta que consiguió romper la cadena.
Cuando llegó a casa y me lo explicó, además de maravillarme de que hubiera sido capaz de romper la cadena con su pequeña navaja, me reí mucho, mientras ella también reía explicándolo. Pero el caso es que también me despertó la curiosidad, y al día siguiente cogí la bici y me fui al cementerio. Y entonces me volví a partir de risa.
La cadena que mi madre había roto era la de la puerta de entrada... y justo al lado había la puerta de salida, un torno, una puerta giratoria de dirección única, siempre accesible si se quiere salir, precisamente para evitar que, si a la hora de cerrar, alguien se queda despistado, no se quede atrapado dentro.
Mi madre estaba acostumbrada a salir por la puerta de entrada, y con la sorpresa y el desconcierto de ver la cadena puesta, ni ella ni la pareja que la acompañaba se dieron cuenta de lo fácil que era salir. Y cuando volví a casa y se lo expliqué ella también se rió a gusto.
Explico estas dos anécdotas, la de los nietos jugando en el cementerio y la de ella serrando la cadena, para hacer visible también esta parte descomplicada y alegre de mi madre, dado que si no la imagen que se puede sacar de la mayoría de los textos es que todo era siempre muy difícil. Y no era así, mi madre, cuando estaba bien (sin euforias ni depresiones) era feliz, estaba muy a gusto, y también sabía hacer estar a gusto a la gente que la rodeaba.
De anécdotas parecidas podría explicar muchas. O hablar de los momentos intrascendentes y tranquilos, felices, como cuando por la tele hacían alguna película "de las buenas" (como las de Frank Capra) y se lo pasaba de primera mirándola, aunque ya la hubiera visto antes unos cuántas veces. O mirando un capítulo de alguna serie de detectives, que también le gustaban mucho, como Ironside, La señora Fletcher, Colombo... Mirando la tele y al mismo tiempo cosiendo o haciendo alguna otra cosa, porque mirar la tele y no hacer nada más al mismo tiempo para ella era algo inconcebible.
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(1) Oliver Sacks. En movimiento. Anagrama, 2015 (p. 215). El libro es autobiográfico, y la cita hace referencia a su madre, con la cual durante muchos años tuvo una relación complicada.