Depresiones y tallarines

4.17 - Sumar y restar

"La Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, aquietará tu corazón (...) si acudes a Ella con confianza." Camino, 504*

Continúo con el tema del apartado anterior, pasando ahora de las consideraciones generales al caso de mi madre.

Es obvio que, cuando te sientes perdido, desvalido, impotente, sentir que tienes un Padre Celestial que te quiere y una Virgen María que vela por ti, puede ser muy reconfortante. Tener fe, rezar, ir a misa, creer en el Cielo y en la vida eterna, todo esto a mi madre la ayudaba a vivir. Igual que ayuda a millones de personas: si no fuera así, no existirían las religiones. Todos necesitamos creencias, y necesitamos también acompañarlas de hábitos y rituales: somos seres de costumbres, sociales, comunitarios.

Si pienso en ella, me enternece, por ejemplo, recordarla cuando rezaba el rosario o el Ángelus, o recordar sus pequeños altares con el Niño Jesús y la Virgen María. Recordar las velas encendidas, sus estampas, su botellita de agua bendita en la mesilla de noche para sentirse protegida. O sus coleciones de burritos y patitos, a los cuales la gente del OD atribuía significados que no tengo del todo claros, pero que sin duda para mi madre eran importantes. (1)

Tener una segunda familia, la de la gente del OD, ayudaba a vivir a mi madre. Una segunda familia dentro de la cual se sentía acogida. De hecho, ella tenía tres familias: la familia del marido y los hijos (más los padres y hermanos), la familia de la gente del OD con la que se relacionaba, y la familia sobrenatural, Dios, la Virgen y los santos. Las tres se las sentía suyas y a las tres las quería. (2) (3)

En diferentes momentos, en estos escritos (no sé si con el suficiente acierto) he intentado no hacer una crítica del hecho religioso, sino solo una crítica de algunos aspectos concretos de la religiosidad de mi madre, y solo en la medida que considero que eran aspectos que incidían, de una forma o de otra, sobre sus estados emocionales.

Es en el contexto de la manera concreta de vivir la religión de mi madre que sitúo los comentarios que hago sobre este tema. Insisto, no con la intención de desacreditar ni de hacer ninguna "enmienda a la totalidad" del hecho religioso, sino sólo con la intención de identificar, entre las vivencias, influencias y prácticas religiosas de mi madre, la parte que sumaba y la parte que restaba, con relación a la difícil gestión de sus emociones.

Mi punto de vista obviamente no es el mismo que el de las personas que comparten las creencias de mi madre. Para estas personas, el hecho religioso, en concreto el católico (y todavía más concretamente el OD), siempre sumaba. Yo, en cambio, creo, digo, que también hubo resta. Y que fue importante. ¿Más importante que la suma? No lo sé, creo que la suma también fue importante. Quizás es suficiente decirlo así, que existieron los dos efectos.

Decirlo, en lugar de negarlo cómo hacen otros. Cómo hace también, tal como he explicado antes, la Pastoral de la Salud del Consejo Pontificio Vaticano, cuando al hablar de las depresiones (y al profundizar de manera exhaustiva en sus causas) ni se plantea que el hecho religioso, además de ser a menudo una gran ayuda, "un verdadero antidepresivo", en determinadas circunstancias también puede restar. (4)

Es posible que alguien, leyendo todo esto, piense que estoy obsesionado con el tema religioso, y sobre todo con el OD. Pero para habla de mi madre (ya lo he dicho y repetido antes) me es imprescindible hablar de la religión, y del OD en concreto. Por eso hablo de él.

En cambio, si mi madre hubiera sido atea y se hubiera sentido atraída por el Partido Comunista y se hubiera afiliado a él, y a causa de su militancia y del autoritarismo del partido hubiera acabado cayendo en una depresión, ahora en lugar de habla del OD estaría hablando del Partido Comunista. Pero no fue así, mi madre no se hizo del Partido Comunista, ni de la Iglesia de la Cienciología, ni de las Carmelitas Descalzas. Se hizo del OD.

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(1) En cuanto a sus oraciones me pasa igual, cuando pienso en sus ruegos a la Virgen o a algún santo para que "intercedieran" ante Dios, con el objetivo que Él satisficiera sus súplicas. A mí, que no creo en nada de esto (o quizás precisamente porque no creo), me enternece profundamente pensar en mi madre rezando, desvalida y a la vez esperanzada...
(2) El padre Escrivá usaba la palabra "familia" para referirse a la gente del OD, la familia espiritual de la cual él era el padre, "El Padre".
(3) O quizás ella lo vivía como una única familia, que incluía las tres familias, y precisamente por eso sufría tanto cuando veía que un hijo perdía la fe (o no hablaba bien del OD).
(4) En una nota de uno de los primeros apartados me he referido al psiquiatra y psicoanalista Jordi Font. Igual que en el caso de la Pastoral de la Salud, él (en "Religión, psicopatología y salud mental", Paidós, 1999) habla de la relación entre la religión y diferentes patologías, pero solo habla de coincidencias o coexistencias, no dice en ningún momento que el hecho religioso pueda ser, en algunos casos, motivo o favorecedor de alguna patología (salvo cuando se refiere "a las sectas" y otras desviaciones de lo que para él es la ortodoxia...).

 


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