Depresiones y tallarines

8.4 - Más recuerdos

"En nuestra tierra toda la burguesía y una buena parte de la clase dicha menestral tiene servicio." Myself (1)

Clara fue la última de la larga lista de mujeres de la limpieza que pasaron por la casa de mis padres. La última, y también la que duró más años.

Un día mi madre le dijo que se sentara, que tenían que hablar. Clara dejó el trabajo, se sentaron y, entonces, mi madre, sin muchos preámbulos, le preguntó que como era que sólo tenía tres hijos. Clara se quedó perpleja, y entonces le explicó que la vida era difícil, que costaban salir adelante.

Dado que mi madre insistía, Clara le dijo que para evitar los embarazos usaban métodos anticonceptivos, y entonces mi madre le hizo el discurso de la doctrina de la Iglesia, le dijo que lo que hacían era un pecado... y que en aquellas condiciones, no tenía claro si podría seguir trabajando con ella.

Siguieron hablando. Mi madre, para rebatir el argumento de las dificultades económicas, le dijo que su madre, la madre de Clara, a pesar de vivir con muchas más estrecheces, había tenido nuevo hijos. Clara le contestó que era verdad, pero que ella quería que sus hijos tuvieran más oportunidades de las que ella había tenido. (2)

La conversación de aquel día acabó incómoda y extraña, y por suerte, al día siguiente ya no salió el tema. Y ya no salió nunca más.

Clara ahora recuerda riendo aquella anécdota. Dice que se asustó, pero que "eran cosas de mi madre", como cuando a las doce la hacía parar de trabajar y le hacía rezar la Ángelus. Ríe también porque a la vez recuerda, con agradecimiento, otras muchas cosas de ella. Por ejemplo, recuerda cuando mi madre se preocupaba para que cotizara y así más adelante pudiera cobrar una jubilación (la que cobra ahora). Recuerda que le pagaba bien (mejor de lo que era habitual, hasta el punto que algunas conocidas de mi madre la criticaban porque "desestabilizaba al alza el mercado de las sirvientas"). Recuerda que había sermoneado a una vecina en casa de la cual Clara también iba a trabajar, porque le hacía pasar hambre (la tenía hasta entrada la tarde sin haberle dado nada de comer). Recuerda que se preocupó por un hijo de Clara con problemas de adicciones, implicándose en algunas gestiones. Recuerda que se implicó en unas reclamaciones para aclarar un lío burocrático kafkiano que afectaba el marido de la Clara (con motivo del cual mi madre llegó a escribir al Director de la Policía Nacional). Recuerda...

Clara recuerda muchas cosas de estas de mi madre. Y el resumen de sus recuerdos es un sentimiento de agradecimiento, un recuerdo cariñoso, cálido, y también divertido. (3) (4)

He puesto el ejemplo de Clara porque en el apartado anterior he hablado de los buenos recuerdos que mi madre dejó entre sus amigas, con las que tenía una relación de igualdad, y en cambio en este caso la relación era de dependencia laboral. De las mujeres que pasaron por la casa de mi madre algunas han muerto, a otros les he perdido la pista. Conservo un contacto esporádico con Clara, y también con Silvia, otra de aquellas mujeres. En el caso de Silvia su recuerdo de mi madre es igual de bueno, o todavía más: cuando habla de ella habla con una inmensa ternura y con un inmenso agradecimiento. (5)

Vuelvo a Clara. Ella todavía guarda un tercer tipo de recuerdo de mi madre, el de los días que la encontraba estirada en la cama, silenciosa, con los ojos apagados. El recuerdo de aquellos días que ya sabía que no debía decirle nada.

Dado que Clara estuvo yendo a casa de mi madre muchos años, de aquellos días tristes conoció muchos, y cuando los recuerda me dice: "Pobrecilla, tu madre, que mal que se lo pasaba cuando estaba así".

--
(1) Myself. La dona ben educada. Editorial Barcino, 1927 (p. 39)
(2) Clara, que era la mayor, desde muy pequeña tuvo que ayudar su madre en todo: iba a buscar agua a la fuente, a buscar leña, recogía carboncillo por el brasero, se ocupaba de sus hermanos pequeños, llevaba la comida a su padre que iba a jornal... Con la oleada migratoria de los años sesenta dejaron el pueblo y vinieron aquí. Cuando llegó, Clara era totalmente analfabeta, no había ido nunca a la escuela, y moverse por la ciudad le daba mucho miedo: no podía leer los carteles de las estaciones del metro, ni los nombres de las placas de las calles, ni los precios de las tiendas... Buscó casas para limpiar y no paró de hacer trabajos hasta el día en que se jubiló. Esto, mientras a la vez se ocupaba de su familia, de sus hijos (y mientras aprendía a leer y a escribir un poco).
(3) A partir de entonces a veces quizás le hablaba de que debían tenerse los hijos que Dios quisiera, le hablaba de la doctrina de la Iglesia, de qué usar anticonceptivos no estaba bien, pero no hizo nunca más ninguna alusión al tema laboral.
(4) Mi madre a veces se pasaba de la raya en su militancia proselitista. Pero también tenía una gran capacidad de generosidad, solidaridad y afecto. Si alguien sólo la había conocido puntualmente en el contexto de su faceta de proselitismo invasivo, se podía quedar con una idea de ella polarizada, incompleta. Pero para la gente que la conocía bien, que la había tratado a lo largo de años, lo más normal era que de ella les quedara una imagen parecida a la de Clara, con la generosidad muy presente.
(5) Clara me explica estas cosas un día en su casa, a la hora de comer, mientras junto con su marido nos comemos una fideuada espléndida. Mientras comemos, cada vez que Clara habla de mi madre ríe, sobre todo ríe. Todavía más cuando dice que no fue nunca capaz de aprenderse el final del Ángelus, que a mi madre le gustaba recitarlo en latín, "Gratiam tuam quaesumus..."
(6) En alguno otro momento ya he explicado que mi madre también se lo pasó mal debido a la convivencia con las mujeres de la limpieza, a menudo decía que en su casa en lugar de mandar ella mandaban las muchachas. Esta opinión la generalizaba, pero en el caso de Clara y Silvia no me parece que fuera así, la relación me parece que era bastante cordial y fácil. Otra cosa es que mi madre habría preferido no tener mujeres de la limpieza, pero esto era incompatible con tener ayudas para hacer los trabajos de la casa (al margen del hecho de que algunos hijos se implicaran en algunos trabajos y que ella agradeciera aquellas colaboraciones).
 


< Índice  |  ^ Arriba