Depresiones y tallarines

3.2 - Cine familiar

(*) "No es fácil hablar de la propia depresión, es necesario condensar muchos años de vida en unas páginas y esto es muy complicado."

En casa de mis padres había un armario lleno de películas que había filmado mi padre. Películas de primeras comuniones, de celebraciones familiares, de excursiones, de viajes... Recuerdo que las primeras las filmaba con una pequeña máquina que funcionaba dándole cuerda, de forma que cuando se acababa la cuerda se acababa la escena.

En estas películas, cuando sale mi madre a veces es gesticulando para que no la filmen, creo que sobre todo por coquetería, porque tenía miedo de no salir suficientemente favorecida. En general, en las películas salimos todos sonrientes, jugamos, correteamos, estamos contentos...

Parte de estas películas se conservan, y si alguna vez las miramos nos hacen sonreír. A todos nos gusta conservar buenos recuerdos, y en estas películas no hay sombras, todo son luces. Porque mi padre filmaba lo que se filma o fotografía en todas las familias: los buenos momentos. Y por eso, tal como he dicho, si ahora las miramos se nos dibuja una sonrisa.

El archivo de fotografías que conservaba mi madre y que cuando murió en parte se dispersó, era más heterogéneo. De entrada, porque la época que documentaban las fotos era mucho más extensa. Incluso había la foto de algún bisabuelo. Y también había muchas fotos posteriores a la época de las filmaciones, una época, la de las filmaciones, que no tengo claro hasta cuando duró.

En este archivo fotográfico (una manera pomposa de decir "caja de fotografías desordenadas") todas las imágenes ya no eran luminosas y sin sombras. De vez en cuando también podías encontrar, por ejemplo, la foto de una cena de negocios de mi padre en la cual mi madre salía con una cara tristísima, o una foto de carnet con la misma tristeza.

No se trata de comparar ahora la cantidad de fotos de un tipo y del otro, de sacar conclusiones del recuento, sino sólo de apuntar que estas fotos con la cara triste son reales.

Además, hacer este cálculo comparativo no serviría tampoco para sacar conclusiones útiles. Porque es un hecho que, quién fotografía, selecciona el motivo y el momento, y quien guarda fotografías también hace una selección posterior parecida, decidiendo "lo que mete en la caja". Y también decide, más tarde, cuando quizá saca fotos de la caja y las tira. De modo que, al final, lo que queda en la caja (en los recuerdos) no es tanto un reflejo de lo que ha pasado, sino lo que queremos recordar del pasado.

Yo de alguna manera también he elegido. Sin negar el relato que se refleja en las películas familiares, quiero aportar ahora otro punto de vista, un punto de vista que a mí me parece que había quedado oculto por el relato "de los buenos recuerdos".

Sólo pretendo esto, añadir este punto de vista al expositor.

 

 

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