Depresiones y tallarines

3.7 - El punto de vista

"Si te pones una meta inalcanzable lo primero que vas a sentir es ansiedad, porque por mucho que te esfuerces nunca la vas a alcanzar. Esa ansiedad te va a bajar el rendimiento, te quitará motivación, y estarás más ansioso porque te verás más alejado de tus objetivos. El impacto final de todo eso es la depresión." Walter Riso (1)

En los capítulos anteriores he hablado del secretismo, del distinto protagonismo de las depresiones y las euforias, de los ingresos, del dinero. En conjunto he hecho descripciones de los temas, y en menor medida he avanzado opiniones. De todas formas, soy consciente, tal como decía Nietzsche, de que "no hay hechos, sino interpretaciones". Ahora, además, interpretaré de manera explícita.

Mi punto de vista sobre los problemas emocionales de mi madre es que era una persona con una fragilidad biológica, que esta fragilidad permaneció asintomática hasta los treinta años, que se manifestó debido a sus dificultades para gestionar su vida y que se cronificó por el mismo motivo.

Mi punto de vista incluye que un elemento fundamental para entender las dificultades de mi madre para gestionar su vida es su matrimonio. Por un lado por la manera de ser de mi padre, por otro a causa de las responsabilidades inherentes al hecho de ser madre. Por lo tanto, dado que el tema de estos escritos son las depresiones de mi madre, debo hablar también de mi padre y de la vida familiar.

Mis padres se casaron el 1950, en pleno nacionalcatolicismo, en un momento en que los derechos de las mujeres estaban muy recortados. No era sólo una cuestión de costumbres sino también de leyes. El franquismo había eliminado los adelantos legislativos conseguidos durante la República, y de las mujeres lo que se esperaba era sobre todo que fueran hogareñas y sumisas:

"Existe una potestad de dirección, que la naturaleza, la Religión y la Historia atribuyen al marido, dentro de un régimen en el que se recoge fielmente la tradición católica que ha inspirado siempre y debe inspirar en lo sucesivo las relaciones entre los cónyuges." Preámbulo de la Ley española del 24 de abril de 1958 (2)

Por ejemplo, las mujeres casadas no podían trabajar sin el permiso del marido, ni abrir una cuenta corriente sin su autorización, ni alquilar un piso, ni sacarse el pasaporte. El lugar de residencia debía ser siempre el que decidiera el marido, y era él quien tenía la patria potestad de los hijos, hasta el punto que los podía dar en adopción sin el consentimiento de la madre.

Mi padre era un marido como muchos maridos de aquella época, convencido de su papel superior dentro del matrimonio, y por lo tanto también convencido del rol subordinado de la mujer. En la medida que estaba convencido de ello, actuaba en consecuencia, dado que pensaba que era lo mejor que podía hacer. No sólo lo mejor, sino también su obligación.

La relación entre mis padres no era horizontal, igualitaria, sino vertical. Podría haber sido también vertical pero no tan negativa para mi madre si mi padre hubiera entendido la manera de ser de ella, sus particularidades y necesidades. Pero no fue así, él se pasó toda la vida pensante que debía conseguir que ella fuera diferente de cómo era. Y esto provocó que sus vidas fueran muy difíciles. Y que mi madre, incapaz de soportar aquella presión, acabara convirtiendo sus dificultades en depresiones.

Tal como he dicho más arriba, este es mi punto de vista.

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(1) Walter Riso. La Vanguardia, 28-3-2016
(2) Cita recogida por José Antonio Marina y María de la Válgoma en La lucha por la dignidad, Anagrama, 2000 (p. 131).
 


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