10.12 - Eran otros tiempos
"Si bien nuestra identidad femenina (...) es el resultado de una historia humana de siglos y el producto de la familia que nos tocó en suerte, el cambio y el rescate del negro agujero de la depresión es tanto una tarea como una responsabilidad que debemos asumir, en primer lugar, cada una de nosotras." Emilce Dio Bleichmar (1)En los capítulos anteriores he dicho que esta historia no la veo como una historia de culpables y víctimas. Entiendo que este planteamiento puede decepcionar a alguien, dado que a menudo nos gustan más las simplificaciones que los matices. De hecho, quizás yo a veces también caigo en ello, en el trazo grueso, pero como mínimo no lo hago de manera intencionada. (2)
Con estos textos quizás también hay otro riesgo. Este riesgo es que del planteamiento que hago a lo largo del relato, alguien pueda pensar que era difícil, que a mi madre las cosas le hubieran podido ir de modo diferente a cómo le fueron. Que teniendo en cuenta la sociedad en la que vivió (tan poco favorable para una mujer que quisiera reivindicar unas aspiraciones que no encajaran con el modelo imperante de mujer sumisa), era difícil que su vida hubiera podido ser distinta.
Pero esto no es del todo cierto. Es indiscutible que en 1950, cuando se casó mi madre, el ambiente social y cultural era represivo, gris y desolador, y que el modelo de matrimonio imperante era el que era. Ya he hablado mucho, de este modelo, no hay que insistir en ello. No obstante, que fuera así no quiere decir que entonces la única alternativa posible fuera seguir siempre el carril de las directrices y convenciones dominantes.
En lugar de poner más ejemplos de mujeres conocidas que desafiaron las convenciones de las respectivas sociedades (tal como he hecho antes al habla de los casos de las famosas Katharine Hepburn, Leonora Carrington, Elizabeth Cady Stanton o Santa Teresa), ahora pondré un ejemplo mucho más cercano y discreto, el de la hermana pequeña de mi madre.
Mi tía se casó unos años después de mi madre. Dijo que se quería casar con un chico que a mis abuelos no los parecía apropiado, y tuvo que soportar sus presiones en contra, sobre todo al principio. Finalmente se casó con aquel chico, y escogió bien, porque mi tío fue un buen compañero y marido de mi tía.
En teoría, mi madre era la rebelde y con carácter, la que hacía lo que quería, y mi tía la dócil. Pero como ya he dicho antes, mi madre se casó muy influenciada por las preferencias de su padre, mientras que mi tía (a pesar de que para ella su padre también era muy importante) en aquel caso no se dejó influenciar por él.
Por otro lado, mi tía, a pesar de haber ido al mismo colegio de monjas y haber recibido la misma educación religiosa que mi madre, más adelante, ya casada, conoció personas con opciones religiosas más progresistas, se le ensancharon los horizontes, y sin dejar nunca de ser creyente, su religiosidad siguió caminos distintos de los de mi madre. Por ejemplo, mi tía no tuvo "cuanto más hijos mejor". Y también ha sido siempre más tolerante que mi madre, con la gente que no pensaba como ella. (3) (4)
En pleno franquismo la única opción posible no era sólo ser franquista y católico practicante, fiel a los criterios a menudo reaccionarios y misóginos de la Iglesia oficial de entonces. Quizás era la opción más aconsejable si no querías tener problemas. Pero también había gente que intentaba salir del guion. Y que en diferente medida lo conseguía. Cómo por ejemplo mi tía. (5)
Las dos opciones eran posibles, subordinarse o empoderarse. Mi madre, a pesar de su ansia de libertad, se confundió y acabó subordinándose, mientras que mi tía, aparentemente sumisa, acabó empoderándose. (6)
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(1) Emilce Dio Bleichmar. La depresión en la mujer. Temas de Hoy, 1999 (p.18)
(2) Entiendo que la eventual decepción puede venir de diferentes sectores, tanto del lado de quien crea que el relato no es suficientemente crítico con el OD, cómo de quien crea que lo es demasiado.
(3) En la evolución de mi tía fue determinante conocer a Alfonso Comín. Le conoció en el CICF (Centro de Influencia Católica Femenina), una entidad creada el 1952 vinculada a una visión progresista de la mujer y del catolicismo.
(4) Un ejemplo más de que dentro de la Iglesia había sensibilidades distintas: otra tía mía, hermana de mi padre y que se hizo monja misionera, se vinculó a la teología de la liberación, cosa que no gustaba nada a mis padres.
(5) Cuando digo "no tener problemas" obviamente me refiero a problemas de críticas y rechazos, porque evidentemente con esta opción sumisa podías acabar atrapada en otros problemas todavía más graves, sobre todo a largo plazo, tal como le pasó a mi madre.
(6) Uso la palabra empoderamiento tanto por su significado como porque precisamente empezó a ser conocida con motivo de su utilización por parte del movimiento feminista de los años 70 (después, su uso se ha extendido a otros muchos ámbitos).