6.7 - Más hombres
"En los primeros lustros de ejercicio profesional me encontré, como todos los psiquiatras de entonces, con que gran número de mis pacientes acudían también a un confesor." Juan Antonio Vallejo-Nágera (1)El oficio de psicólogo clínico es históricamente muy reciente. Antes, lo más pareciendo a los psicólogos eran los curas, y sus consultas los confesionarios. Cómo en todos los oficios, había (supongo que hay) de todo tipo, unos más cálidos y empáticos, otros más rígidos y dogmáticos...
A falta de psicólogos, mi madre tuvo algunos psiquiatras que ejercieron un poco de psicólogos, y unos cuántos sacerdotes que a su manera también hicieron este trabajo. Creo que en general estos sacerdotes priorizaron el ámbito de la doctrina y no el de los malestares, y supongo que esta prioridad estaba relacionada, como mínimo en parte, con su creencia de que el sufrimiento era bueno, redentor.
Antes he hablado de los psiquiatras hombres y de su mayor dificultad, en principio, para captar las eventuales particularidades de los malestares emocionales de las mujeres. Los sacerdotes, obviamente, tienen esta misma limitación.
Psiquiatras hombres, ginecólogos hombres, médicos de cabecera hombres, sacerdotes hombres... El caso, pero, es que a mi madre se ve que ya le iba bien, esta constelación de hombres como "consultores de la salud del cuerpo o del espíritu". Nunca oí que se quejara, al contrario, lo valoraba positivamente (en el caso de los sacerdotes, como buena católica además estaba completamente en contra del sacerdocio femenino).
Ya mayor, una vez mi madre fue a la consulta de una psiquiatra (antes he hablado de una psicóloga, esta era psiquiatra). Creo que la idea fue de su hermana, y creo que un factor que valoró mi tía en aquel momento fue precisamente este, que fuera una psiquiatra, una mujer.
A pesar de que la psiquatra era una persona atenta, pausada y que sabía escuchar, no hubo continuidad, fue una única visita. Mi madre no se quejó, pero decidió no volver. Creo que aquello que para mi tía podía ser un factor positivo, una mujer psiquiatra, para mi madre debía ser negativo. Porque estaba condicionada por sus prejuicios, en la medida que de alguna manera asociaba la máxima excelencia en el ejercicio de una profesión con el hecho de ser hombre (al margen de las profesiones "históricamente femeninas", maestras, enfermeras, cuidadoras, etc.).
También es cierto lo que ya he dicho otras veces, que mi madre era "muchas mujeres", a veces contradictorias entre ellas. En cuanto a este tema, por un lado tenía este tipo de prejuicio, creo que se puede decir así, hacia las mujeres que ejercían estas profesiones (al menos en los casos que la tuvieran de atender a ella). Y por otro lado también reivindicaba que las mujeres pudieran estudiar y acceder a estos trabajos.
En ella convivían actitudes opuestas, la defensa de una postura y a veces también la contraria. Un buen ejemplo de estas contradicciones es que, a pesar de quejarse de no haber podido realizar estudios superiores (algo que si habían hecho sus hermanos), tuvo mucho interés en que sus hijos fuéramos a la universidad, pero en cambio mucho menos en que fueran sus hijas.
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(1) Juan Antonio Vallejo-Nágera. Vallejo y yo. Planeta, 1989 (p. 151)