6.6 - Profesionales hombres
"Hay muy pocas mujeres que sean psiquiatras, especialmente a nivel de consultoras." Dorothy Rowe, 1983 (1)Mi madre decía a menudo que si alguien no ha sufrido nunca una depresión, es imposible que pueda entender como se siendo quién la sufre. Es una opinión compartida y expresada por la mayoría de personas que han pasado por depresiones severas. Por otro lado, las mujeres que han tenido hijos dicen que, si alguien no han tenido hijos, es imposible que se pueda entender lo que se siente durante el embarazo, el parto y la crianza.
No sé si alguno de los psiquiatras de mi madre había sufrido alguna depresión. Sí que sé que todos los psiquiatras y ginecólogos de mi madre fueron hombres.
La aproximación a los problemas emocionales de alguien (y su interpretación) no es nunca neutra, sino que está condicionada por el contexto cultural. Después de la biología (ser hombre o mujer) todo es cultura (por ejemplo los diferentes roles y estereotipos asociados con ser hombre o mujer). No hay nada neutro: ni la psicología, ni la psiquiatría, ni la ginecología...
Desde los médicos de cabecera hasta los distintos especialistas, todos los profesionales de la salud que atendían a mi madre eran hombres. No me parece irrelevante, desde el punto de vista del tipo de atención que ella podía recibir (y no por falta de interés de aquellos médicos, esto no lo cuestiono). Eran todos hombres, y además de serlo tenían "una base intelectual masculina" a la hora de ejercer su profesión. Una base intelectual inevitablemente parcial o sesgada, heredera de la ausencia histórica de las mujeres de las facultades, de las instituciones de investigación y de los centros de salud (con la salvedad de las enfermeras).
Con la creciente incorporación de la mujer "al mundo laboral cualificado", con la presencia creciente de las mujeres como profesionales de la psicología y la psiquiatría, las cosas han ido cambiando. Por suerte. Pero cuando mi madre era joven, que una chica fuera a la universidad era la excepción. Y por lo tanto, también eran una excepción las psicólogas y las psiquiatras que ejercían. Si es que había, no lo sé.
Por otro lado, también es cierto que ser mujer no garantiza la capacidad de empatitzar con otras mujeres. Es un buen punto de partida, pero no una garantía. De hecho, la única profesional relacionada con la gestión de los problemas emocionales de mi madre (la psicóloga de la que ya he hablado antes) no destacó por su capacidad de empatía ni por su buen trabajo.
Al margen de aquella desafortunada excepción, creo que a mi madre la habría ayudado, cuando buscaba ayuda profesional para sus problemas emocionales, encontrarse algunos ojos capaces de mirarla desde una sensibilidad femenina, de una manera más cómplice. Pero no fue así. (2)
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(1) La depresión, Paidós, 1998 (p. 231). Hay que tener en cuenta que la primera edición del original en inglés es de 1983, y que se refiere al Reino Unido. Sobre este tema, la autora, Dorothy Rowe, también recoge esta cita de Judith Gray: "Si el médico es una mujer, la comunicación es más fácil, se concede más tiempo, se administran fármacos con menos frecuencia." (p. 197).
(2) Obviamente también es cierto que hay profesionales hombres con una gran sensibilidad y capacidad de empatía. Por supuesto no reivindico que a las mujeres cuando necesitan ayuda les deban atender siempre mujeres. Lo prioritario es encontrar la ayuda. La mejor en cada caso. Lo único que he querido explicar es que la ausencia de mujeres de profesiones como la psicología y la psiquiatría ha limitado y condicionado, durante décadas, las características de las ayudas disponibles.