Depresiones y tallarines

3.19 - Formas de ser
"La libertad es la voluntad de ser responsables de nosotros mismos." Friedrich Nietzsche

¿La sensación de seguridad que daba mi madre antes de casarse se correspondía con una verdadera seguridad? ¿Por qué tomó las decisiones que tomó? ¿Por qué su padre era tan importante para ella? ¿Por qué tenía una relación difícil con su madre? ¿Por qué se casó con el hombre que se casó, con las cosas tan inquietantes que él le decía por carta durante el noviazgo? ¿Por qué...?

Muchas preguntas, y hoy pocas posibilidades de obtener respuestas... porque ella ya no está, y porque si estuviera, quizá tampoco sería capaz de responderlas: que seamos protagonistas de unos hechos no quiere decir que sepamos siempre por qué los hemos protagonizado, o por qué los hemos gestionado de la manera que lo hemos hecho. A menudo somos grandes desconocedores de nosotros mismos.

De las distintas facetas o características de mi madre ahora me referiré a una que es probable que tenga relación con lo que he expuesto: su anhelo de ser "una persona modélica" en todo, tal como queda de manifiesto en esta lista suya:

(*) "Quería ser:
Buena como la Madre Teresa.
Ordenada como mi marido.
Inteligente como mi hermana.
Dulce como María Luisa.
Simpática como Isabel.
Guapa como Ingrid Bergman.
Esbelta como Marylin.
Alegra y sociable como Queta.
Etc., etc., etc."
(la lista acaba así, con los "etc.").
Si hubiera continuado la lista, habría podido añadir puntos como, por ejemplo, "buena proselitista religiosa", "excelente administradora familiar", "modélica madre y educadora"... porque eran deseos suyos que en otros momentos también manifestaba. De la manera que era ella, con su elevado grado de autoexigencia, la lista podía ser inacabable.

Sí, mi madre tenía estos anhelos de perfección, y tener anhelos de este tipo (ideales, ilusiones...) en principio no es malo, nos ayuda a vivir. Pero ser esclavos de estos anhelos también nos puede hacer muy desgraciados:

"Es de sentido común que cuanto más exigentes o menos realistas sean nuestros criterios, más probabilidades tendremos de sentirnos defraudados. Un problema bastante frecuente que mina nuestra autoestima son esas exigencias no razonables que nos marcamos a nosotros mismos y que se traducen en el tan manoseado 'debería'." Luis Rojas Marcos (1)

Por otro lado, la extensión de una lista de este tipo no es lo más determinante. Uno de los puntos, cualquiera, solo uno, vivido de manera suficientemente obsesiva, puede arruinar completamente una vida.

Además, desde la perspectiva de la estabilidad mental, es igual que el punto sea de tipo altruista y solidario, o a la inversa, egoísta, frívolo... Lo que cuenta (como factor mental desestabilizador) es su carácter obsesivo.

Mi madre tenía este punto obsesivo. Sobre todo en el ámbito religioso. Un punto obsesivo que también incluía, y esto todavía era más grave, lo que deberían hacer las personas "de las cuales ella se sentía responsable". Sobre todo los hijos, aunque ya fueran mayores de edad y estuvieran completamente independizados.

Si los hijos no hacían el que ella consideraba que tenían que hacer, "se sentía una fracasada". (2)

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(1) Luis Rojas Marcos. La autoestima. Espasa, 2007 (p. 155)
(2) Y por eso algunos de los hijos nos enfrentamos a sus expectativas (y a las de nuestro padre), dado que si no lo hubiéramos hecho habríamos sido unos desgraciados. No porque nuestra opción fuera mejor que la suya (esto podría ser opinable), sino sobre todo porque nuestra opción "era la nuestra".
 


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