Depresiones y tallarines

7.5 - Visiones opuestas

"Ninguna obra de arte es comparable a la voz amiga que ha acudido a tiempo para impedir que el cerco del desasosiego se cierre a tu alrededor. En circunstancias extremas sólo el arte de la amistad produce obras maestras." Rafael Argullol (1)

Hay familiares que piensan que mi madre supo vivir, que siempre hizo bastante lo que quiso. Después de todo lo que he escrito hasta ahora, creo que es obvio que mi opinión es, al menos en parte, distinta.

Soy consciente de que a veces mi madre se encontraba muy a gusto, con su vida. Entonces se podía sentir contenta y feliz sin la necesidad de hacer nada extraordinario, solo disfrutando las rutinas cotidianas. Por ejemplo, mirando los geranios y los ciclámenes de las macetas que tenía en la ventana. A veces mi madre podía ser muy feliz con muy poca cosa. También es cierto lo contrario, que a veces podía ser infeliz a causa de muy poca cosa, sobre todo cuando sus expectativas no eran lógicas.

Vuelvo a coger el hilo. Creo que mi madre hizo lo que quiso... "dentro de lo que pudo", dentro de los límites que, previamente, ella misma había ido asumiendo. Dentro de los límites que le imponían sus decisiones e interiorizaciones previas (lo mismo que nos ocurre a todos). Dentro de estos límites, dentro de los ambientes, expectativas y costumbres propias de estos límites, es verdad que podía dar la sensación "de que hacía lo que quería", una sensación favorecida por su forma de ser dinámica, incluso impulsiva, imaginativa, divertida, sorprendente.

Por ejemplo, además de su carácter extrovertido, ayudaba a dar esta sensación de libertad su forma de vestir. En ocasiones podía ir con vestidos buenos de tiendas caras, tal como le gustaba a mi padre. Pero otras veces iba con vestidos que se había hecho o arreglado ella (le gustaba mucho coser), unos vestidos que a veces parecían de hippy ibicenca, sencillos de formas y sobrios de colores, o de colores más vivos, estampados o bordados...

Encima de aquellos vestidos se podía poner todo tipo de collares, ya fueran collares lujosos y caros, por ejemplo un colgante con un gran diamante, o collares de perlas falsas y de oro de imitación. O hechos de conchas recogidas en la playa, de semillas, de plumas de periquito... De todo tipo. Era una manera de vestirse que por supuesto sorprendía la gente con quien se relacionaba, gente en general bastante convencional. Además, se pusiera el tipo de trajes y collares que se pusiera, siempre lo llevaba con gracia, con una gran elegancia.

Trajes, collares, costumbres poco habituales como ir a la playa cuando justo empezaba a amanecer, extroversión, simpatía, la suerte de tener mujeres que la ayudaban con los trabajos de la casa, y que por lo tanto le permitían ratos libres, algunos viajes con mi padre, las visitas regulares a sus amigas, las escapadas a la casa de los Pirineos, su correspondencia con un montón de gente... (2)

Todo esto que he expuesto es cierto. Entonces, ¿por qué, tal como he dicho antes, mi visión de su vida es diferente de la de aquellas personas que consideran que siempre tuvo mucha libertad para hacer lo que quería, y que, en conjunto, todo le fue razonablemente bien?

¿Por qué yo pienso que en la vida de mi madre, además de las satisfacciones y alegrías, también hubo mucha frustración, tanta, que pienso que esta frustración y tristeza pueden ser la principal explicación de sus depresiones? ¿Es que la mía es una visión cargada de prejuicios, sesgada, distorsionada, tirando a pesimista, mientras que otras personas son más objetivas y optimistas? ¿Es quizás solo una cuestión de dónde pone cada uno el acento?

¿O es que quizás yo también tengo en cuenta algunos aspectos de su vida que otras personas de la familia a lo mejor ignoran... o que quizás prefieren ignorarlos?

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(1) Rafael Argullo. El caçador d'instants. Destino, 1996 (p. 88)
(2) Me he referido a las sirvientas o empleadas del hogar. No fueron sólo una ayuda sino también una constante fuente de malestares para mi madre, sobre todo cuando vivían en casa, algo que durante muchos años fue lo habitual.
 


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