Depresiones y tallarines

8.9 - Laia

"La memoria no es objetiva, pero puede que tampoco lo sea la realidad, a fin de cuentas lo que existe es la percepción que cada uno tiene de lo que sucedió. (...) Cuando recordamos algo tenemos nuestra versión que acostumbra a diferir de las de otras personas que también presenciaron la escena." Nolasc Acarín (1)

Laia ahora tiene catorce años. Le pregunto qué recuerdo tiene de la abuela, si es que tiene alguno, porque la abuela murió cuando ella sólo tenía cuatro años. Y dice que recuerda estar sentada con ella, en la sala mirando la tele y comentando lo que hacían, o hablando de otras cosas. Dice que recuerda la abuela con una actitud atenta e interesada hacia ella, y que no recuerda más detalles. Dice que guarda de ella un buen recuerdo.

Antes había preguntado a la madre de Laia lo mismo, si sabía qué recuerdo tenía Laia de su abuela, y me había dicho que entonces Laia era muy pequeña, que quizás no tenía ninguno, pero que ella recordaba a Laia, cuando iba a ver a la abuela, sentada junto a la cama de ella: nuestra madre estirada en la cama, en silencio, apagada, debido a la depresión, y Laia a su lado a su aire, hablando, porque siempre ha sido parlanchina.

La madre de Laia sitúa la escena en el dormitorio, Laia en la sala de la tele; para la primera la escena es triste y sin una actitud activa por parte de mi madre, para la segunda la escena no es triste, y mi madre está activa.

Supongo que es posible que las dos tengan razón. Quizás de unos mismos hechos una se fijó más en unos detalles, y la otra en otros. Después, dado que no podemos estar atentos a todo, aquel recuerdo cada una lo ha acabado redondeando con aquello que era más coherente con la percepción inicial. El resultado son dos recuerdos distintos, quizás los dos con el mismo tanto por ciento de autenticidad. O quizás, sencillamente, son recuerdos de días distintos.

Al margen del grado de autenticidad de un recuerdo o del otro, es bonito que Laia se quedara con el que se quedó. Fuera exactamente o no como ella lo recuerda, seguro que es más saludable que una niña de cuatro años se quede con esta imagen amable de su abuela, y no con el recuerdo de una persona deprimida y ausente. Con esta imagen de su abuela, de mi madre.

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(1) Nolasc Acarín. El cerebro del rey. RBA, 2001 (p. 203)
 


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