Depresiones y tallarines

7.4 - Resistir o claudicar

"Es muy discutible la libertad de elección. ¿Puede alguien tomar una decisión libre cuando ha vivido bajo la dominación de unos determinados patrones culturales?" Gemma Lienas (1)

Continúo con el tema iniciado antes. Había dicho que quizás fue una cuestión de azar, el hecho de que la vida de mi madre en un momento determinado se hubiera encaminado cómo se encaminó. Aun así, también hay motivos para pensar que el azar no lo explicaría todo.

El caso es que mi madre tenía carácter, pero no tenía la seguridad ni el grado de determinación de Santa Teresa o de Katharine Hepburn. Ni tampoco, por ejemplo, la fuerza indómita de la pintora y escritora Leonora Carrington (1917-2011), de quien Fernando Savater dice:

"No debía ser fácil intentar domar a esta yegua bravía de pura raza (...) Ella, desde luego, no lo consintió." (2)
Pienso que mi madre, en un entorno más abierto y más libre del que la rodeó, no tan adverso, sí que habría sido capaz de reivindicarse más, de hacer valer sus anhelos de libertad. Pero en aquel contexto difícil las circunstancias la desbordaron.

Y es que mi madre tenía carácter, pero menos que Leonora. Era reivindicativa, pero también menos que Leonora. Y sobre todo, sobre todo esto, a diferencia de Leonora mi madre era respetuosa con las jerarquías (religiosas y sociales). El resultado fue que Leonora no acabó sometida y mi madre sí.

Otro ejemplo. Mi madre no tenía tampoco la seguridad ni la determinación que un siglo antes ya tenía la sufragista y abolicionista Elizabeth Cady Stanton (1815-1902), la cual, en el momento de casarse, ya no quiso asumir ningún rol subalterno en relación con su marido:

"Pese a todo, como en la mayoría de las ocasiones, la voluntad de Elizabeth prevaleció, y en mayo de 1840, les casó un clérigo que quedó desconcertado (...) ante la insistencia de Elizabeth de eliminar la palabra 'obedecer' de la ceremonia." Laurel Thatcher Ulrich (3)
Que mi madre cuando se casó hubiera forzado algo así era inimaginable. Había límites que ni se planteaba que pudiera llegar a desafiar. Era reivindicativa, "pero hasta un cierto punto". Y estas diferencias de grado de clarividencia y determinación (en relación por ejemplo a Elizabeth Cady Stanton o Leonora Carrington), explican en buena parte por qué, a pesar de su carácter y su espíritu de independencia, la vida le fue como le fue.

Además, el caso es que cuando mi madre se casó de Leonoras y Katharinas (contemporáneas suyas) había alguna, pero pocas, lo que abundaban eran las mujeres que, con agrado o a la fuerza, se acababan sometiendo. Ir a contracorriente en una sociedad tan machista como aquella no era fácil.

A la vez, también es cierto que hagas el que hagas no hay garantías. Tanto desafiar las convenciones como someterse a ellas, sobre todo siendo una mujer y en aquella época, podía pasar factura. Vivir casi siempre pasa factura, una u otra, sea cual sea el camino que elijas. Todavía más, insisto, si eres una mujer y vives en sociedades en las que el papel adjudicado a las mujeres consiste en estar subordinadas a los hombres.

Leonora bordeó la locura (estuvo ingresada una temporada en un psiquiátrico), mientras que mi madre acabó cayendo en el pozo de las depresiones. Una con una actitud desafiante, la otra asumiendo el papel que se esperaba de ella:

"Desbordada por sus obligaciones familiares, contrariada en sus aspiraciones personales, sólo hallaba verdadero refugio en la enfermedad (...) expresando con su cuerpo las frustraciones que no se atrevía a confesar a los que la rodeaban; y sobre todo, que no se atrevía a confesarse a si misma." Christiane Collange (4)
El grado de malestar que provoca la subordinación forzada cuando se tiene un carácter independiente es proporcional a la intensidad de este carácter independiente. Cuanto más fuerte es el carácter independiente de alguien, más dañada queda la persona si acaba sometida.

El anhelo de autonomía de mi madre era menor que el de Leonora Carrington, el de Katharine Hepburn o el de Elizabeth Cady Stanton, pero seguía siendo muy elevado. Y al ser elevado, también fue elevado el precio que pagó al sentirse limitada.

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(1) Gemma Lienas. Pornografia i vestits de núvia. Editorial Empúries, 2007 (p. 114)
(2) Fernando Savater, prólogo de Memorias de abajo, de Leonora Carrington. Siruela, 1995
(3) Laurel Thatcher Ulrich. Las mujeres que se portan bien no suelen hacer historia. Nabla Ediciones, 2008 (p. 53). En el libro salen diferentes citas de Elizabeth, como esta: "De hecho, me daba la impresión de que todos los libros enseñaban el liderazgo 'por orden divino' del hombre, aunque mi mente no llegó jamás a ceder ante semejante herejía." (p. 51)
(4) Christiane Collange. Jo, la teva mare. Alta Fulla, 1985 (p. 144)
 


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