4.8 - Discretas
"Ellas no hace falta que sean sabias: basta que sean discretas."El padre Escrivá justificaba posteriormente esta frase del punto 946 de Camino con el argumento del contexto histórico en que la escribió, en concreto refiriéndose a que entonces no había mujeres en las universidades (la primera edición de Camino se publicó el 1939). En lugar de preguntarse por qué no había, o por qué había tan pocas, lo encontraba normal.
De hecho, algunas mujeres sí que iban a la universidad. Por ejemplo, Clara Campoamor había ido: se había licenciado en derecho, y después había sido diputada, del 1931 al 1933, durante la Segunda República. Destacó como defensora de los derechos de la mujer.
Pero Clara Campoamor no era precisamente el modelo de mujer que tenía en mente el padre Escrivá. Y mientras ella reivindicaba los derechos de las mujeres, el padre Escrivá iba redactando Camino. Según las biografías de sus simpatizantes, iba revisando el texto e incorporando ampliaciones. (1)
Es decir, no escribe Camino de un tirón y lo da por definitivo, sino que tarda años, porque reflexiona sobre cada uno de los puntos que incluye. Reflexiona y, después, toma decisiones tan significativas como, por ejemplo, incluir en el punto 980 esta cita de Santo Pablo:
"¿Acaso no tenemos facultad de llevar en los viajes alguna mujer hermana en Jesucristo, para que nos asista, como hacen los demás apóstoles y los parientes del Señor y el mismo Pedro?"En este caso, esta debía de ser su conclusión: del mismo modo que los apóstoles fueron servidores de Jesucristo, "las mujeres tienen que servir a los hombres".De hecho, en cuanto a este tema el padre Escrivá no es nada original, dado que se limita a repetir los estereotipos machistas de la época (religiosos y laicos). Cómo en el caso de Pío XI el 1930 con la encíclica Casti Connubii (2). Y como en el caso (por la parte laica) de los compañeros de Clara Campoamor del Partido Republicano Radical, que votaron en contra del derecho al voto de la mujer.
Esta concepción de las mujeres como asistentas no era solo teórica o ideológica, sino que quedaba reflejada en la organización interna del OD. Por ejemplo, en la organización de las casas de los "numerarios" o "numerarias" (las personas del OD que no se casan). En estas casas, las personas encargadas de hacer de asistentas en las casas de los hombres eran las numerarias, dado que se suponía que ellos, "como hombres", estaban dedicándose a trabajos más importantes, trabajos que les impedían cocinar, fregar, limpiar los lavabos, hacer la colada, etc.
En ningún momento, en los escritos o charlas de padre Escrivá hay referencias a las virtudes del trabajo doméstico de los hombres. Y por supuesto, era impensable la posibilidad que ellos llegaran a hacer de asistentes en casas de mujeres.
No sé como funciona hoy el OD. El último párrafo lo he redactado en pasado, porque me refería al OD del cual mi madre se hizo miembro el 1958. En cualquier caso, si el OD evolucionaba, lo hacía con lentitud. Por ejemplo, unos cuantos años después, el 1968, el padre Escrivá todavía decía cosas como esta:
"Por eso, me atrevo a afirmar que las mujeres tienen la culpa del ochenta por ciento de las infidelidades de los maridos, porque no saben conquistarlos cada día, no saben tener detalles amables, delicados." (3)Para hacer patente esta gran consideración, el argumento definitivo consistía al decir que no era posible minusvalorar las mujeres, "dado que Dios se había hecho hombre a través de una mujer". Para el padre Escrivá, como para la Iglesia, la Virgen María estaba dotada de un montón de virtudes consideradas femeninas, que a su vez tenían que ser el referente de todas las mujeres.La manifestación más exhaustiva de esta atribución de virtudes eran las letanías del rosario. Y el rezo del rosario, con las correspondientes letanías, era un hábito que el padre Escrivá no se cansaba de recomendar.
El resultado era que, mientras rezaban el rosario y recitaban las letanías, a las mujeres como mi madre no los era fácil cuestionar el papel que los maridos y la Iglesia les habían asignado: "Reza y no pienses". (4)
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(1) Con el título "Consideraciones espirituales" ya había hecho circular unos primeros textos (más reducidos) el 1934. Sobre el punto 946, además de la explicación del contexto histórico, algunas personas del OD justifican la frase con el argumento de que es una frase bíblica (cómo si la Biblia fuera un buen referente, con su recopilación de genocidios, esclavitudes, actitudes misoginas, lapidaciones, etc.). Por otro lado, Pedro Rodríguez, en "Camino, edición crítico-histórica" (Rialp, 2002; según las personas del OD el estudio más riguroso de Camino) al hablar de esta frase se esfuerza en justificarla de distintas maneras, pero no hace ninguna referencia al tema bíblico. Curiosamente no dice tampoco que otros autores ya la habían usado, como por ejemplo Severo Catalina (La mujer, 1857) o Leopoldo Augusto de Cueto (La mujer de Guipúzcoa, 1872), es decir, que era una frase conocida y coherente con la tradición misogina dominante.
(2) "(...) se atreven todavía a decir, con mayor audacia, que es una indignidad la servidumbre de un cónyuge para con el otro; (...) tal libertad falsa e igualdad antinatural con el marido tórnase en daño de la mujer misma, pues si ésta desciende de la sede verdaderamente regia a que el Evangelio la ha levantado dentro de los muros del hogar, muy pronto caerá (...) en la antigua esclavitud, y volverá a ser, como en el paganismo, mero instrumento de placer o capricho del hombre." Pio XI, Casti Connubii, 1930, www.vatican.va
(3) Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer. Rialp, 1969 (p. 207). Es parte de una entrevista que le hizo Pilar Salcedo y que se había publicado el año anterior en Telva y Mundo Cristiano (mi madre estaba subscrita a las dos revistas).
(4) No sé si a mi padre le hacía mucha gracia que mi madre fuera del OD (él no lo era). Pero podía estar contento, dado que el OD era un formidable aliado suyo: el OD esperaba de mi madre que fuera una esposa sumisa, dedicada a los hijos y pendiente del marido. Exactamente lo mismo que esperaba mi padre.