Depresiones y tallarines

5.7 - Estreñimiento

"Una depresión es, en sentido literal, una hondonada del terreno o una disminución de la presión atmosférica, cualquier cosa que va hacia abajo partiendo de un estado precedente más o menos equilibrado." Emanuela Muriana y otras (1)

Creo que desde pequeña mi madre ya tenía algunos problemas de estreñimiento. Cuando a los treinta y siete años finalmente le diagnosticaron que sufría una depresión y se empezó a medicar, el problema del estreñimiento se agravó todavía más, hasta el punto de convertirse, con razón, a partir de entonces, en un tema obsesivo para ella. Creo además que los últimos años de su vida este problema todavía fue peor, ya fuera por los medicamentos concretos que entonces se tomaba o por algún cambio relacionado con la edad.

Aquellos últimos años vigilaba mucho lo que comía, de forma habitual montones de espinacas, de kiwis y de zumos de naranja, hasta el punto que alguna vez que había sido ingresada debido a algún traumatismo u operación (esto pasó distintas veces), le llevábamos fiambreras con unos purés hechos según sus instrucciones que tenían un aspecto espantoso, pero que ella decía que, "para su problema", le iban mejor que la comida del hospital.

La preocupación que tenía mi madre en cuanto a sus problemas de estreñimiento era tan grande que a menudo decía que, si estuviera en un campo de concentración, esta sería la causa de su muerte, al no poder disponer de sus laxantes. Porque se tomaba laxantes de todo tipo, tanto los de "mantenimiento" como los excepcionales, en casos ya de emergencia después de días con los intestinos del todo bloqueados.

Lo explico porque me parece un detalle relevante, en el contexto de este recorrido por su vida y sus depresiones. Me cuesta entender que recetándole los medicamentos que le recetaban, nadie le hablara de sus efectos secundarios de manera más clara. Y que cuando estos efectos secundarios aparecían, nadie le prestara atención, o muy poca.

Que yo sepa, ningún psiquiatra consideró que el estreñimiento de mi madre "también" era competencia suya, en la medida que lo provocaba o empeoraba la medicación que le recetaba. Para ellos el estreñimiento "no era un problema de salud mental", y por lo tanto ellos no debían ocuparse de él. Si acaso, que fuera "a un digestólogo", que son los que se ocupan del tema. Y de hecho alguna vez fue, y no le resolvieron nunca nada, al margen de proponerle en alguna ocasión alguna solución radical puntual.

¿Cómo le podían resolver el problema si la causa no se modificaba? Y el problema no era menor, porque el estreñimiento, además de los obvios dolores de intestinos, en los momentos más críticos le provocaba también dolor de cabeza, dificultades para pensar, sensación de ahogo y cansancio. Podía provocarle estados muy invalidantes.

De un médico al otro, cada cual ocupado sólo de su parcela, indiferentes a lo que pasaba en las otras parcelas, aunque aquello que pasara lo hubieran provocado o favorecido ellos con sus intervenciones. Supongo que mi madre de mayor debía tener las tripas completamente alteradas, por un lado debido a los efectos de los medicamentos, y por otro, debido a todos los intentos (también farmacológicos) de minimizar el problema del estreñimiento. Durante años, sus tripas fueron un verdadero campo de batalla.

Pues bien, la pregunta relacionada con este tema que considero que es oportuna es esta: todo aquel caos, todos aquellos malestares relacionados con el estreñimiento, en ocasiones bastante invalidantes, ¿contribuían a facilitar su estabilización emocional? ¿O al contrario, todavía la dificultaban más? Todo aquel sufrimiento (físico y mental) relacionado con sus estreñimientos, ¿no contribuiría también, en alguna medida, a alimentar todavía más sus depresiones?

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(1) Emanuela Muriana, Laura Pettenò, Tiziana Verbitz. Las caras de la depresión. Herder, 2007 (p. 15)
 


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