Depresiones y tallarines

5.16 - La homeopatía

"El otro día un amigo me expuso las diferentes concepciones que hay de la salud (...) también con relación a la forma de enfocar las depresiones. (...) Me habló de la homeopatía y las cosas que dijo me gustaron. (...) Me dijo que la homeopatía tenía en cuenta los factores físicos y psíquicos (...) que es una opción seria, y que en muchos casos de depresiones los resultados son satisfactorios."

Me sabe mal tenerlo que reconocer, pero esto es parte de una carta que le escribí a mi madre. La fecha no la sé, porque tenía su misma mala costumbre de no poner fechas, pero supongo que corresponde a pocos años antes de reincorporarme en el domicilio familiar. Ahora me parece extraño, que lo hubiera escrito yo, pero no lo puedo negar, tengo la carta delante.

Me podría justificar (en cuanto al hecho de haberla escrito), si en aquel momento mi sugerencia lo hubiera hecho con la intención de que ella redujera o dejara la medicación convencional, y así ahorrarse los importantes efectos secundarios que le provocaba (teniendo en cuenta que de efectos positivos no estaba claro que hubiera). Es decir, si la sugerencia lo hubiera hecho no confiando en hipotéticos efectos positivos de la homeopatía, sino solo para evitar los negativos de la medicación que se tomaba.

También podría argumentar que, además de la reducción o supresión de los efectos secundarios negativos de los medicamentos, quizá se habrían podido producir verdaderos efectos positivos. Unos efectos positivos que según la homeopatía serían el resultado de "las propiedades terapéuticas de las disoluciones infinitesimales", pero que se podrían explicar más fácilmente por el efecto placebo. Pero que, en cualquier caso, y esto sería el importante, serían efectos positivos.

Por lo tanto, si me planteo si a mi madre la homeopatía le habría podido ser de utilidad, la respuesta es que sí y no. Sí, porque si hubiera tenido fe, quizás le habría hecho algún efecto. No porque, dado que no tenía fe, no era posible que le hiciera efecto (al margen de que, encima, cuando estaba hundida no tenía fe en nada). (1)

Otro aspecto interesante, relacionado con este tema. Seguramente, la diferencia más grande entre la atención facilitada por un homeópata y un médico convencional es el tiempo dedicado a las visitas, y el interés, por parte del primero, en tener una visión general de la persona enferma. (2)

En el caso de un médico homeópata, este tiempo mayor y este interés global forma parte de su oferta, de forma que tiene sentido que se consigan resultados positivos. Al menos, en los casos de aquellas dolencias en que está demostrada la eficacia de las palabras, y la de los placebos. Y las depresiones son una de estas enfermedades. (3)

De modo que se puede pensar que si mi madre hubiera encontrado un médico homeópata ("o como un homeópata", en el sentido de que le dedicara tiempo, estuviera interesado en una visión global de su salud y de sus problemas emocionales, alguien capaz de ganarse su confianza, etc.), quizás sí que la habría ayudado. No solo a ahorrarse los adversos efectos secundarios de los medicamentos antidepresivos que se tomaba (unos medicamentos, no me cansaré de repetirlo, de una eficacia no demostrada, en su caso) sino quizás también a beneficiarse de algún efecto positivo de las bolitas homeopáticas gracias al efecto placebo.

Por otro lado, todo esto lo pienso ahora. Entonces no recuerdo qué pensaba de este tema, sólo tengo el testimonio un poco incómodo de esta carta, de la que no recordaba nada hasta que la he encontrado.

Y todavía otra cosa: escribí aquella carta "hablando de teorías", y lo cierto es que cuando, unos años más tarde, me impliqué de verdad en los problemas de mis padres, la realidad me desbordaba bastante. Todo lo veía muy complicado, y me daba miedo, pensar en la posibilidad de un cambio profundo en los tratamientos de mi madre (suponiendo que ella hubiera estado de acuerdo en el cambio).

No veía claro lo que se hacía, pero tampoco veía clara ninguna alternativa. Y además, tal como he dicho, tenía miedo. Miedo que buscando mejoras las cosas todavía empeoraran, y entonces yo pudiera ser "el culpable" de aquellos cambios negativos. Sí, también tenía miedo e inseguridades, de forma que era más fácil ir tirando.

Bien, supongo que sobre todo he introducido esta anécdota de la carta sobre la homeopatía para dejar constancia de que, en algunas ocasiones, creo que yo también fui un poco a la deriva, y que a veces mi aportación a la hora de facilitar la gestión de los problemas de mi madre no fue tan positiva y clara como me habría gustado.

 

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(1) De esto ya he hablado antes, sobre todo en el apartado "Creer".
(2) Dylan Evans, en 'Placebo' (Alba Editorial, 2010, p. 221), dice esto: "Es muy probable que los diversos elementos que distinguen la típica visita a un médico convencional de la visita a un especialista en alguna disciplina alternativa -como el tiempo, el entusiasmo, el ritual y el contacto- aumenten la respuesta placebo en la terapia alternativa y la disminuyan en la terapia convencional. (...) Es, por lo tanto, muy posible que, en el contexto de la práctica clínica actual, algunos tipos de terapia alternativa puedan ser más eficaces que la medicina ortodoxa para aliviar ciertas enfermedades, por mucho que sean placebos puros."
(3) Esto está demostrado en muchos estudios, pero hay que ser cauteloso, porque no se puede hablar "de las depresiones", generalizando, como si todas fueran iguales.
 


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