10.5 - Por casualidad
"El azar no sabe a donde va ni qué semillas siembra." Màrius Torres (1)Una cosa es ser hijo y otra ejercer de hijo. Llega un momento en que, si te lo planteas, serlo implica inexorablemente hacerte la pregunta de cómo quieres serlo. Si entonces miras de cara la situación que tienes delante, puedes ver lo que ocurre. Y a partir de aquí, plantearte la actitud que quieres adoptar. Puedes hacer esto, o mirar hacia otro lado.
Yo fui hijo durante cuarenta años, y los once siguientes intenté hacer de hijo. Este periodo de estos últimos años se inició un poco por casualidad, y a partir de entonces, el proceso fue siguiendo solo, de manera más bien automatizada. Hecha la reflexión inicial, tomada la decisión, ya no había que pensar sobre la actitud adecuada, sino, a grandes rasgos, sólo ir viviendo el día en día.
Es extraño que, a partir de aquel punto inicial bastante arbitrario, resultara una experiencia para mí tan importante. Porque es de las pocas cosas que creo que realmente han dado un sentido, un sentido profundo, a mi vida. Esta y alguna más del mismo tipo.
Entonces, y también después, algunas personas de la familia, y algunos amigos, en alguna ocasión me han dicho que aquello que había hecho era relevante, especial. Me lo han valorado: aparecer en la escena familiar en aquel momento de crisis y, durante los años siguientes, ir coordinando aquella situación, durante las distintas fases que se fueron encadenando.
No me gusta mucho este discurso de los méritos y los agradecimientos. Y además creo que en este caso no es el adecuado. La verdad, y lo digo muy convencido, es que fui un afortunado al poder vivir aquellos años junto a mis padres. También es verdad que al principio no era consciente de ello, parecía que todo pasaba de manera desordenada, bastante confusa, a menudo sólo con la preocupación de enfrentar los asuntos más inmediatos que debían gestionarse. No había tiempo para reflexionar.
Fue poco a poco, que fue apareciendo esta sensación de privilegio. Una sensación de privilegio que todavía se hizo más evidente, mayor, después de la muerte de mis padres, cuando ellos ya no estaban. De hecho, hoy, diez años después de la muerte de mi madre, todavía tengo más esta sensación: por suerte, se produjo "aquella casualidad" (o en plural, casualidades) que hizo que volviera a la casa de mis padres en aquel momento. No fueron sólo razonamientos y decisiones, hubo también mucho azar, en aquel retorno.
La vida es extraña. Creo que las cosas más importantes que he vivido a menudo me han pasado bastante por casualidad. Y, a menudo, "en contra" de mi voluntad (cuando menos de entrada). Y para acabarlo de complicar, a veces han sido experiencias que han ido acompañadas de diferentes grados de sufrimiento. Qué líos. (2)
La parte buena es esta: han sido retos que en un momento dado me han interpelado y que, en la medida que he podido reaccionar ante ellos, en la medida que he podido asumirlos, me han permitido aprender algo. De hecho, creo que me han permitido ser un poco mejor persona. Algo que vete a saber qué quiere decir, pero que yo la concreto así: ser capaz de estar más atento y de ser un poco compasivo.
Un último apunte. Durante aquellos años no hubo sólo conflictos y sufrimiento, ni mucho menos. Sobre todo con mi madre también compartimos muchos momentos gratificantes, agradables, fáciles. Momentos de tranquilidad, de sonrisas, de complicidades. De estos momentos no me olvido. Entre otras cosas, porque fueron, además de felices, también ocasiones de aprendizajes y de crecimiento. Por suerte, hay muchas formas de aprender.
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(1) Màrius Torres, Última rosa (fragmento).
(2) Por ejemplo, la enfermedad de mi padre la encontraba (y la encuentro) espantosa. Es igual si pienso en él, o si la revivo a través de personas conocidas que la han sufrido más recientemente o que la están sufriendo ahora.