5.13 - La TEC
Cuando durando el último año de su vida mi madre vio como reaparecía la depresión y que los cambios de medicación que se hicieron no daban ningún resultado, un día el psiquiatra le insinuó la posibilidad de los electrochoques, y ella le corto en seco. Unos cuántos años antes había dejado a otro psiquiatra porque también le había hecho la misma propuesta:(*) "No volví más con el psiquiatra que, cansado de atontarme con pastillas, me recetó, como último recurso, el electrochoque. Sólo el nombre ya me asusta. Oir la palabra y recordar películas terroríficas fue una misma cosa, y es que además no hablaba sólo de uno, sino de unos cuántos, con la finalidad de conseguir la estabilización sólo durante unos meses."La palabra "electrochoque" no deja indiferente. Genera reacciones fuertes no vinculadas a la realidad de su utilización actual, sino sobre todo a las escenas de las películas y novelas en las que sale el tema, como norma presentando los electrochoques de antes, sin sedación, y además muchas veces utilizados no como método terapéutico sino punitivo. Un tipo de utilización que, desgraciadamente, fue real. (1)Encuentro comprensible el miedo de mi madre, dado que ella también estaba influida por el cine y la literatura, y seguramente también por el recuerdo del funcionamiento de los antiguos manicomios, a través del testimonio de algún conocido, o de algún artículo leído sobre el tema.
Ella insistía una y otra vez en que sufrir una depresión era lo peor que le podía pasar a alguien, una cosa tan terrible que quien no hubiera sufrido nunca ninguna depresión era imposible que lo pudiera llegar a imaginar. Entonces, si aquello era lo peor del mundo, ¿qué interpretación se le puede dar a su rechazo radical a la posibilidad de pasar por un electrochoque? ¿Que para ella todavía había "una cosa peor" que las depresiones? ¿Que peor que una depresión era "aquello", un electrochoque?
He hablado con alguna persona a quien recientemente le han aplicado electrochoques (me parece fundamental diferenciar entre la práctica actual y la de hace unas décadas) y su testimonio no me asusta, sobre todo si lo comparo con el testimonio de las personas que han pasado depresiones graves. He recogido testimonios de satisfacción, y también de agradecimiento, de personas que han recibido electrochoques (hoy TEC, terapia electro convulsiva). Mi madre también tuvo alguna referencia desdramatitzadora de este tipo:
(*) "La vigilia había hablado con una amiga que hace años que está atrapada en una depresión. Me había dicho que le estaban aplicando electrochoques. Me pareció ver mejor a mi amiga, no se me abrazó llorando como hacía siempre, y aunque con fallos de memoria, tenía mejor aspecto."Explico todo esto porque, aunque lo pueda entender, no deja de extrañarme, este rechazo visceral a esta opción, descartando ya de entrada incluso la posibilidad de hablar de ella, como era el caso de mi madre. Sobre todo, me cuesta asimilarlo teniendo en cuenta que, tal como ya he dicho, la gente que ha pasado por una grave depresión coincide en asegurar, igual que mi madre, que "aquello es lo peor del mundo". (2)Digo esto y no quiero juzgar nada ni relativizar en absoluto el sufrimiento de mi madre, de ninguna manera (o el sufrimiento de las personas que sufriendo depresiones, habiéndoselos sugerido la TEC la rechazan como ella). Además, tampoco es tan complicada entenderla, esta actitud: una cosa son las razones, y otra las emociones, y este tipo de decisiones (de hecho todas nuestras decisiones, aunque a menudo no seamos conscientes de ello) están muy condicionadas por las emociones.
Bien, como mínimo quería exponer este hecho, que quizá sorprende un poco, y que sobre todo me sirve para darme cuenta (para darme más cuenta) de que a menudo "los caminos de nuestra mente son un misterio". (3)
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(1) Una de las utilizaciones más siniestras fueron las de Donald Ewen Cameron durante sus experimentos para "formatear cerebros" con presuntas finalidades terapéuticas (y también en el marco de sus colaboraciones con los programas de tortura de la CIA), aplicando electrochoques 30 o 40 veces más intensos que los en aquel momento recomendados en la práctica psiquiátrica (además de la administración de diferentes cócteles farmacológicos). Este personaje, por otro lado, fue el primer presidente de la Asociación Mundial de Psiquiatría (y en el momento de la publicación del primero DSM, también presidente de la Asociación Americana de Psiquiatría). Noami Klein, en "La doctrina del xoc" (Paidós, 2007) le dedica el primer capítulo.
(2) No tengo una opinión clara sobre la utilización actual de la TEC. Por suerte tampoco me hace falta, quiero decir que no tengo ninguna persona cercana que se esté planteando esta opción. No me parece grave la pérdida de la memoria inmediata justo después de las sesiones, teniendo en cuenta que después poco a poco este tipo de memoria se va recuperando. Tampoco me parece grave que los efectos antidepresivos de la TEC sean temporales, que no duren, y que al cabo de un tiempo se deba repetir (quizás) la TEC, o buscar un tratamiento alternativo. Digo que no me parece grave sobre todo teniendo en cuenta lo que dicen las personas que han pasado por una depresión, "que es lo peor del mundo".
(3) Supongo que si yo hubiera pasado las depresiones de mi madre habría tenido muchas posibilidades de acabarme suicidando, porque no tengo los frenos que ella tenía. Pero si por el motivo que fuera no lo hubiera hecho (suicidarme) y hubieran ido pasando los años, probando diferentes tratamientos y sin que las depresiones me marcharan, quizás no habría descartado probar la TEC. Pero todo esto sólo son suposiciones...