6.9 - No abandonarse
(*) "Estirada en la cama, con Agatha Christie, Simenon o Sherlock Holmes olvidaba mi estado, sumergida en la acción, saltándome las descripciones. Parece increíble, pero es verdad."Cuando pasaba por etapas depresivas, todo el tiempo que podía permitírselo mi madre se lo pasaba en su habitación, estirada en la cama. Allí, la única actividad de la que era capaz era, algunos ratos, leer novelas. Decía que mientras leía aquellas novelas eran los únicos espacios del día en que se sentía un poco liberada de su sufrimiento.
Luego, cuando se terminaba la etapa depresiva, metía en seguida todas las novelas dentro de unas grandes bolsas y las guardaba en algún armario. Cuando estaba bien decía que no podía perder el tiempo leyendo novelas. (1)
Ya he hablado antes de la actividad que era capaz de mantener mi madre durante las peores épocas depresivas. No se pasaba todo el día estirada en la cama, porque a pesar del inmenso esfuerzo que le suponía, se obligaba a cumplir los mínimos que ella misma se imponía (y que los otros esperábamos de ella).
Más adelante, cuando empezó a reflexionar sobre sus problemas emocionales, llegó a la conclusión de que esta actitud suya de autoexigencia para responder a lo que se esperaba de ella, aunque le supusiera unos esfuerzos inmensos también tenía una parte positiva para ella misma, dado que le evitaba seguir una inercia de progresivo abandono. Lo explicaba así (supongo que durante algún periodo de estabilidad) en una de sus notas:
(*) "Constato que, normalmente, las personas con depresión no hacen nada, y mi experiencia me dice que tener unas obligaciones mínimas, aunque comporten esfuerzos extraordinarios, ayudan un poco a soportar la carga."Horario muy relajado, pero con unos mínimos. Lo contrario es peor, dado que un depresivo se abandona, nadie puede sacarlo de la cama, y la cama agota más que trastear en cosas fáciles.
"Gracias a la insistencia de mi hija, no dejé nunca la piscina. Y era toda una aventura, porque con la medicación no sé qué me pasaba con la vista que calculaba mal las distancias, y cuando me parecía que había llegado a la punta e intentaba cogerme al bordillo, me hundía y tragaba agua.
"No dejé nunca de ir a misa cada día. No podía, me costaba, pero fui siempre.
"Puedo estirar las sábanas, sin deshacer la cama. Y quizás puedo poner una lavadora y después tender la ropa. Soy una cocinera bastante experimentada, pero cuando paso por la depresión sólo sirvo para hacer tallarines. Eso sí, los hago sola, me cueste el tiempo que me cueste.
"Poca cosa más, pero ya ha pasado toda la mañana, aunque sea difícil de entender. Por la tarde, coser algún calcetín. Soy hábil con la costura, pero cuando estoy así, no paso de los calcetines."
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(1) De pequeña sus padres no la dejaban leer, le decían que era perder el tiempo. Novelas de aquellas de Agatha Christie o Simenon tenía muchas, quizás cincuenta o setenta... y en cada nueva etapa depresiva las iba releyendo como si fuera la primera vez.