Depresiones y tallarines

4.10 - Las amigas

"El amigo de verdad es amigo en las cuatro estaciones." Eduardo Galeano (1)

Es evidente que a mi madre alguna amiga suya del OD le ofreció una amistad sincera y cariñosa, una calidez genuina.

¿Pero qué habría pasado con aquellas amigas del OD si ella un día los hubiera dicho que dejaba el OD? O todavía peor, si los hubiera dicho que no sólo dejaba el OD, sino que además pensaba que todo aquello de la religión eran fábulas, y el OD en concreto una organización opresiva, entre otras cosas porque promovía el sometimiento de las mujeres.

¿Habrían seguido siendo amigas suyas, en este caso? Me parece que habría sido complicado. Porque creo que el principal interés de aquellas amigas, en cuanto a mi madre, era sobre todo "su bienestar religioso". Es decir, que fuera una buena católica. Si se podía ser buena católica y a la vez feliz, espléndido. Pero si todo junto no podía ser y había que elegir, la elección era clara: la dimensión religiosa tenía que ser la prioridad.

Esto es fácil de entender, si te sitúas en su punto de vista (el de ellas y de mi madre): en esta vida sólo estamos de paso; la verdadera felicidad no es la terrenal, sino "la de la otra vida"; para seguir el camino que lleva hacia el cielo y la felicidad eterna, el OD es una opción inmejorable; etc.

Hago un inciso: mi madre también tenía otras amigas, en general creyentes y practicantes, pero no todas. No obstante, en esta página me refiero sólo a las amigas que, como ella, pertenecían al OD.

Sigo. De hecho, pienso que la amistad de aquellas amigas del OD era parecida al amor de mi padre: te quiero -argumentaba él- porque confío que tú acabarás siendo cómo yo creo que debes ser. Te queremos -pensaban ellas- porque confiamos que, igual que nosotras, irás siguiendo el camino que nos lleva hacia el cielo.

¿Se puede hablar en casos así de verdadera amistad? No lo sé, primero habría que ponerse de acuerdo sobre que entendemos por amistad. En cualquier caso, creo que hay "formas de amistad" que no se basan en el hecho de compartir creencias o ideologías, pero que hacen (o como mínimo pueden hacer) "la breve vida terrena" algo más fácil, suave y agradable.

¿Qué se puede salvar, de un tipo de amistad sobre todo muy ligado al hecho de compartir unas mismas creencias? Supongo que la respuesta no es fácil, porque cada caso puede ser distinto. Supongo que depende de muchas cosas: de las fragilidades previas y del grado de autoestima de cada cual, de la disponibilidad o no otras amistades, de la existencia o ausencia otros espacios de socialización...

La respuesta no es fácil, pero de todas formas a mí la pregunta no me parece gratuita.

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(1) Los hijos de los días. Siglo XXI Editores, 2011.

 


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