10.10 - Otra vez: no hay culpables
"Cuanto mayor es el dolor, más dioses necesitamos." John LennonAntes ya he subrayado que otro referente del complicado rompecabezas emocional de mi madre era el OD. Cómo en el caso de mi padre, aunque establezca vínculos entre la enfermedad de mi madre y la influencia del OD, a ninguna de las personas del OD con quién ella se relacionaba no la considero culpable de sus problemas. Creo que, de cara a ella, estas personas actuaron siempre de buena fe, convencidas de que hacían las cosas "como había que hacerlas", porque eran las mejores para mi madre, porque Dios lo quería así, etc.
Que desde mi punto de vista algunos de aquellos criterios fueran enfermizos, opresores, reaccionarios, etc. es una cosa... y otra cosa es que todo esto puede ser compatible con una actuación de buena fe.
De hecho, a pesar de la poca simpatía que le tengo, a la vez también puedo sentir ternura hacia el padre Escrivá. Sólo hace falta que me lo imagine convencido de haber sido escogido por Dios para llevar a cabo aquel proyecto divino, el OD, según él tan innovador. Para mí, que no creo en nada sobrenatural, y lo digo sin ningún tipo de ironía, es enternecedor ver como una persona se puede llegar a construir un sistema de creencias como el del padre Escrivá (o el de mi madre). (1)
La gente del OD que tenía relación con mi madre a grandes rasgos era como el padre Escrivá: gente con las mismas creencias sobrenaturales, unas escalas de valores parecidas y dispuesta a vivir según ellas. Las que conocí creo que eran personas honestas.
Personas que gracias a su fe vivían en un mundo de certezas, sin la necesidad de plantearse según qué preguntas. Sus creencias incluían las respuestas necesarias para ir viviendo, y si surgía alguna contradicción, alguna duda o alguna resistencia, sólo tenían que consultar a la persona adecuada el criterio correcto. Y asumirlo:
"No amas la obediencia, si no amas de veras el mandato, si no amas de veras lo que te han mandado." Surco, 375Este mundo para mí es extraño y lejano (pero no incomprensible, son cosas distintas). Y cuando pienso no en ideas sino en personas concretas (aquella, la otra...), estas personas a menudo me provocan ternura. Porque al final, todo esto de las creencias (del tipo que sean) sólo son accesorios, y en el fondo todos somos iguales, cada cual con nuestras invenciones, desvalidos, frágiles, perdidos en medio de esta aventura de existir, de esta aventura tan extraña. (2)Todos intentando ser más o menos coherentes, y al mismo tiempo llenos de aspectos prosaicos y contradicciones, como por ejemplo cuando el padre Escrivá se cambiaba el nombre y también el apellido, él que pregonaba la naturalidad y la sencillez... Al final, santos o sinverguenzas, todos nos parecemos mucho. (3)
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(1) Me provoca tanta ternura cómo a Miguel Delibes la figura de Don Justo del Espíritu Santo, uno de los personajes de sus "Viejas historias de Castilla la Vieja" (Alianza Editorial, 1969), y que a mí me recuerda el fervor con que mi madre seguía el proceso de beatificación y santificación del padre Escrivá: "Don Justo del Espíritu Santo publicaba trimestralmente la hojita en loor de la martir Sisina y en ella dejaba constancia de los favores recibidos. (...) Aún recuerdo que en la hojita del último trimestre del año once, el Antonio agradecía a la mártir Sisina su intercesión para encontrar una perdiz alicorta que se le amonó entre las jaras (...) Todas estas gracias significaban que la joven Sisina, mártir de la pureza, velaba desde Arriba por sus convecinos y ellos correspondían enviando al párroco un donativo de diez céntimos y en casos especiales, de un real, para cooperar a su beatificación."
(2) Creo que la fe, religiosa o laica, en la medida que es un "prejuicio" no favorece al pensamiento racional. También es cierto que sin fe (la que sea) cuesta mucho vivir. Seguramente es imposible (de esta necesidad de la fe ya he hablado en el capítulo "Creer"). Otro tema es el tipo concreto de fe/prejuicios que cada uno de nosotros interiorizamos.
(3) O cómo cuando escribía de manera servil a Franco pidiéndole favores: "Se trata de la petición que, a instancias de su Embajador ante la Santa Sede, tenemos presentada en el Ministerio de Asuntos Exteriores solicitando ayuda para la construcción de nuestro Colegio Romano de la Santa Cruz (...) donde van a reunirse católicos de todo el mundo en un ambiente cristiano y español. (...) No he de encarecerle, mi General, lo que es para la Iglesia y para España el Opus Dei. (...) No olvide, mi General que aun cuando se trata de una institución católica, aquí y en todas partes detrás del Opus Dei se ve a España. (...) Este año, en Italia, hemos tenido un centenar de vocaciones; todos ellos aprenden español y aman a España". (8-8-1949).