Depresiones y tallarines

6.12 - Sobre la atención

"Por esto es necesario hablar de las cualidades y dificultades del clínico y no sólo de las del paciente." Dolores Mosquera (1)

Después del retorno de la depresión, su psiquiatra seguía con su explicación habitual: la imprevisibilidad biológica y la falta de eficacia, entonces, por alguna misteriosa razón, de la medicación. Por supuesto, estaba convencido de que los años de estabilidad anteriores habían sido el resultado de los efectos de la medicación. De modo que decía que era necesario ir probando los ajustes de las dosis, a ver si se conseguía revertir la situación.

Era una explicación que de hecho no explicaba nada, porque estaba basada, supongo, en estadísticas, pero que no estaba basada, en absoluto, en mi madre.

Ya he dicho y repetido que no estoy en contra de la medicación, sino a favor de la atención. Y si la conclusión de una actitud atenta es que la medicación, no de manera general, sino "aquella medicación concreta, para aquella persona concreta y en aquel momento concreto", no es útil, o que el balance entre utilidad y efectos secundarios es desproporcionado, pues si la conclusión es esta, se debe reaccionar. No se puede seguir como si no pasara nada, con una confianza en la medicación basada sólo en las estadísticas, y no en la historia clínica y el momento presente de la persona.

La biología y la química son muy importantes, pero empecinarse con la química (la utilización de medicamentos) cuando no está funcionando, y a la vez empecinarse "en no ver nada más que la química", es una actitud muy poco profesional. Y poco resolutiva, porque supone ignorar oportunidades terapéuticas: las emociones en definitiva son química, de forma que incidiendo sobre las emociones también se puede incidir sobre la química, y no sólo a la inversa.

La incidencia funciona en las dos direcciones y, por lo tanto, ocuparse sólo de una dirección, la de la medicación (sobre todo cuando esta dirección no funciona) es, como mínimo, estar despreciando el cincuenta por ciento de las posibilidades terapéuticas. O peor, en casos como el de mi madre: quedarse con "cero" posibilidades terapéuticas, dado que se insiste en la opción que no funciona, mientras que no es contemplan otras posibles opciones.

Lo repito una vez más: no cuestiono la utilidad (o la posible utilidad según los casos) de la medicación. Pero siempre me ha decepcionado, e incluso irritado, la actitud de aquellos profesionales que no són capaces de ver ninguna otra cosa al margen de la medicación.

Porque con esta opción corta de miras lo que hacen es mantenerse fieles a sus ideas, a sus creencias. Como si fuera una religión, "la única religión verdadera". Y el resultado inevitable es que de esta manera se incapacitan para ver la persona real que tienen delante, con toda su complejidad.

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(1) Dolores Mosquera, citada por Sandra Llubiá en "¿Tengo TLP?", Ideas y libros, 2013 (2a. ed., p.56)
 


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