10.9 - No hay culpables
"Según mi parecer, todos los trastornos mentales tienen que ver con trastornos en la relación. Y se tiene que ver qué relaciones pueden estar alteradas: las familiares, las escolares, las de los amigos... tenemos que hablar de ello pero sin culpar a nadie." Jorge L. Tizón (1)En esta historia (este relatado sobre mi madre visto desde mi subjetiva perspectiva) hay víctimas, pero creo que no hay culpables. Todo el dolor que hay creo que es sobre todo fruto de las limitaciones de cada cual, los miedos y las inseguridades, que de otras causas.
Desde mi punto de vista todo el mundo se preocupaba de lo que le convenía a mi madre... pero, este era el problema, se hacía sin tenerla demasiado en cuenta "a ella". De hecho, ella era la primera engañada (por los demás), y autoengañada (por ella misma): interiorizaba que su interés era "aquel que los demás consideraban que era su interés".
La culpa y la responsabilidad son cosas distintas. Y es desde el ámbito de las responsabilidades, de las relaciones, de las causas, que a mí me parece positivo hablar del pasado. No con ningún ánimo acusador, sino con la voluntad de entender algo más las cosas, nuestras complejidades y contradicciones, nuestras miserias, nuestras impotencias y vulnerabilidades. Y las consecuencias que de ello se pueden derivar. (2)
Lo subrayo: en cuanto a los problemas emocionales de mi madre, me parece fuera de lugar buscar los presuntos culpables de sus problemas. Y por supuesto creo que esto no toca si pienso en el protagonismo de mi padre en la vida de ella. Es obvio, tal como ya he dicho antes, que la forma de ser de mi padre, y su relación con mi madre, estaba condicionada por la época en qué vivió y la educación que había recibido. (3)
Además, él también era una víctima. Víctima en primer lugar de su incapacidad de ver "realmente" a mi madre, con todo lo que esto supuso para su vida, la de los dos. Sufrió ella, y sufrió él: la vida junto a ella no fue nada fácil.
Aunque quizás no lo parezca (a la vista de alguna de las cosas que he dicho de él en alguno otro momento), siento por mi padre un gran respeto y una inmensa ternura. Por toda su vida junto a mi madre, intentando gestionar aquel lío de tan mal gestionar: por un lado su idea de cómo debía ser mi madre, por otro mi madre real.
Y a la vez todos, los otros líos familiares, cada hijo un lío, y él procurando que todos saliéramos adelante.
Me conmueve pensar en él... y sobre todo siento una compasión inmensa al recordar los últimos años de su vida, terribles. Tan desvalido, tan derrotado, tan anulado por la enfermedad. La larga agonía de mi padre me marcó, me ha marcado profundamente.
--
(1) Ara, 31-5-2015
(2) De hecho, creo que la palabra culpabilidad debería usarse sólo en el ámbito judicial, en el cual evidentemente no es que esté justificada, sino que es imprescindible. Pero su uso y abuso en las relaciones familiares a menudo lo que hace es complicar todavía más situaciones ya complicadas.
(3) M. Lavilla, D. Molina y B. López lo explican así: "Las dificultades para aceptar la realidad provienen de que tenemos un esquema o concepto de cómo deberían ser las cosas que hemos adquirido en nuestro entorno familiar o social y que hemos dado por válido. (...) Por ejemplo, hay parejas en conflicto cuyas dificultades provienen de expectativas idealizadas de cómo el otro tiene que comportarse". Mindfulness, o cómo practicar el aquí y el ahora; Paidós, 2008 (p. 59).