10.11 - Protagonistas y cómplices
"El camino hacia la autonomía emocional se inicia en el momento en que nos damos cuenta de que estamos siendo manipulados." Miriam Subirana. "Sólo es posible redefinir una relación luego que tal relación se haya definido claramente." M. Selvini (1)Mi madre a veces era consciente de la influencia de mi padre, con relación a sus problemas emocionales, pero en cambio, era poco consciente del papel de la religión, en este sentido.
Es cierto que alguna vez quizás se quejaba (por ejemplo del machismo del padre Escrivá), pero siempre era una queja muy contenida: la Iglesia en general, y el Opus en particular, eran "obra de Dios" y, por lo tanto, aunque viera algo que la disgustaba, como por ejemplo algunos rasgos discriminadores hacia las mujeres, no era motivo de ninguna oposición seria. La capacidad que tenía a veces para ver su situación matrimonial "desde fuera" no la tenía para ver, también desde fuera, su situación religiosa.
Ya he expuesto antes el doble mensaje que le llegaba a mi madre. Por un lado, que tenía que aspirar siempre a la excelencia. Y por otro lado, que tenía que tomarse la vida más relajadamente, que tenía que ser menos autoexigente, para evitar los estados de frustración y de ansiedad que tanto la perjudicaban.
Las personas concretas del Opus que ella tenía como referentes supongo que no eran muy conscientes de este doble mensaje, ni del conflicto que a ella le generaban estos consejos contradictorios, incompatibles.
Por parte de mi padre no sé si había también un doble discurso, no lo tengo claro; quizás en su caso no era así, y su claridad, su falta de ambivalencia, hacían que quedara más expuesto y que, por lo tanto, fuera el objetivo principal de las quejas de mi madre.
Creo, por lo tanto, que mi madre tenía razón cuando relacionaba a mi padre con sus depresiones. Pero también creo que todavía habría tenido más razón si esta relación lo hubiera hecho extensiva a las personas del Opus con quien trataba. Pero no era así.
Por ejemplo: ya he hablado antes de que, unos y otros (marido y entorno religioso), compartían el punto de vista de que los problemas emocionales de mi madre no tenían ninguna dimensión "sistémica", relacional. Sobre este tema, no albergaban ninguna duda: ella tenía que cambiar, ella tenía que curarse, ella...
Es decir, nadie se planteaba (ni marido ni entorno religioso), que quizás, además de aquello que ella tuviera que cambiar, "también había otras cosas que tenían que cambiar". Nadie pensaba esto. Y el resulta era que la confusión, los malestares y el desamparo de mi madre todavía eran mayores. (2)
Que esta actitud "desentendida" de unos y otras fuera a causa de ignorancia, de incapacidad o de comodidad, esto ya es otro tema. Es posible que fuera una mezcla de todo.
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(1) Miriam Subirana. Manipuladores y manipulables. El País, 21-9-2012. M. Selvini y otros. Paradoja y contraparadoja. Paidós, 1988 (p. 43)
(2) En la lista, junto con mi padre y la gente del Opus, también habría que incluir a los psiquiatras; de ellos y en este sentido ya he hablado antes, en el capítulo "Consejos y contradicciones".