4.15 - El holocausto
"Haga de si misma un holocausto en honor de tres amores: Dios, su esposo y sus hijos. Ellos han de absorverla completamente. No ha de tener más ilusiones, porque todo lo demás tiene categoría de minucias y pequeñeces que han de desaparecer ante los tres grandes ideales con que la ha bendecido el Señor."Es parte de la carta que un jesuita le escribe a mi madre, un año después de haberse casado ella (todavía faltaban unos años para que se hiciera del OD). En aquella época aquel sacerdote hacía de consejero espiritual de mi madre; al parecer antes ella le había escrito diciéndole que estaba preocupada por su responsabilidad como madre (hacía poco había nacido mi hermano mayor).
Entonces las cosas eran así, lo que se esperaba de las mujeres era su holocausto familiar (1). Su mundo debía ser exclusivamente el de la religión, la maternidad, los hijos y el marido. El pensamiento dominante masculino era este. Y no sólo dentro de la Iglesia. Por ejemplo, Gregorio Marañón, médico, escritor, político y pensador liberal, que se había opuesto a la dictadura de Primo de Ribera y que en un primer momento apoyó la Segunda República, un intelectual a la vez presuntamente defensor de los derechos de las mujeres, escribía esto:
"Prácticamente -digámoslo de un modo rotundo- una buena madre durante los años de la fecundidad, que son los centrales de su vida, no podrá ser ni deberá ser apenas otra cosa que madre. (...) Nada hay, por tanto, que añadir; la madre debe ser madre por encima de todo; y la maternidad, ya lo sabemos, no implica sólo un problema de incompatibilidad en el tiempo, sino que supone el máximo desarrollo de la esencia misma de la feminidad; y esta feminidad llena de trabas al espíritu para la abstracción mental y ética que se precisa ante el ejercicio de muchos de esos cargos públicos." (2)Por parte de la Iglesia, las directrices todavía eran más claras:"Esténse con gusto en casa, si la obligación no las obliga a salir, y esto nunca se propasen a hacerlo sin licencia de su marido (...) a quien también deben agradar y obedecer con la mayor prontitud en todas las cosas que no contradicen a la piedad cristiana." Catecismo para párrocos (3)Digo todo esto para contextualizar lo que después se encuentra mi madre cuando se hace del OD, es decir, nada nuevo en estos aspectos de la condición de la mujer y de su papel dentro de la familia. Y nada nuevo tampoco en cuanto a los holocaustos (familiares o del tipo que sean), que se esperan de todo católico:"Hay que darse del todo, hay que negarse del todo: es preciso que el sacrificio sea holocausto." Camino, 186--"Para acompañar a Cristo en su Gloria, en el triunfo final, es necesario que participemos antes en su holocausto, y que nos identifiquemos con El, muerto en el Calvario." Forja, 1022. (4) (5)
(1) Los diccionarios asocian la palabra holocausto en primer lugar con sacrificios humanos: "Entre los hebreos sacrificio en que la víctima es consumida enteramente por el fuego". Y en segundo lugar, en sentido figurado, se refieren a ofrendas y sacrificios.
(2) Gregorio Marañón. Tres ensayos sobre la vida sexual. Biblioteca Nueva, Madrid, 1931 (p. 123, 146)
(3) Catecismo para párrocos. Editorial Magisterio Español, 1971 (segunda parte, capítulo VIII, punto 27, "En qué consisten los deberes de la mujer", p. 369). Es uno de los libros que había en la biblioteca del piso de mis padres. Lo más sorprendente es que el texto de este catecismo es del Concilio de Trento (1545), y resulta que cuatro siglos más tarde todavía se reeditaba (no sé si se sigue publicando), la Iglesia lo usaba y familias como la de mis padres lo tenían de referente, o como mínimo se lo habían comprado.
(4) Forja es otra de las obras del padre Escrivá. En Camino y Forja no es difícil, encontrar citas parecidas (y en Surco, otra obra suya, igual).
(5) Otra cita para situarse en el ambiente que rodeaba a mi madre: "Consideran unos que la destrucción de la víctima es esencial para que haya sacrificio (...) Otros, sin embrago, consideran que lo esencial en el sacrificio es la oblación de la víctima y que basta que la destrucción sea potencial: esto es, que el oferente esté dispuesto a llegar a la destrucción, si la persona a quien la víctima se ofrece, o las circunstancias, así lo exigieren." Lo escribe Alfonso Rey en "¿Por qué ir a Misa el domingo?", Ediciones Palabra, 1974 (p. 42), Ediciones Palabra, 1974 (p. 42). La editorial es del OD (me imagino que el autor también, el libro está lleno de citas del padre Escrivá). Es otro de los libros que había en casa de mis padres.