Depresiones y tallarines

6.10 - El milagro

(*) "El día 9 de marzo de 1987 pensé que se había realizado en mí un milagro porque mi depresión se curó en un cuarto de hora. Los últimos dos años habían sido terribles, con euforias de ocho o diez días, para caer después otra vez en la depresión."

Esto lo escribe unos años más tarde, cuando ya ha sufrido nuevos episodios depresivos. El 1987 estaba tan convencida del milagro, que fue a ver al psiquiatra para decirle que no volvería, que estaba definitivamente curada gracias al milagro, y que por lo tanto dejaría la medicación.

La medicación la dejó poco a poco, según su criterio (el de ella, y en contra del del psiquiatra), hasta que la eliminó del todo. Al mismo tiempo, le hizo prometer a mi padre que no insistiría para que se volviera a medicar. Tenía casi sesenta años, y la bonanza duró unos tres años, el periodo más largo de estabilidad, hasta entonces, desde que habían empezado sus oscilaciones emocionales, veintinueve años antes.

Durante aquellos años posteriores al milagro, la alegría de mi madre es evidente, pero su estabilidad seguramente no es tan sólida como ella se pensaba. Unos cinco meses después del milagro, dice en un escrito: "duermo muy poco y siento una gran energía". Un detalle que, teniendo en cuenta su fragilidad, no es ningún buen agüero.

El día del milagro, el 9 de marzo, había ido a ver a una amiga suya del OD para decirle que dejaba el OD, porque se sentía una inútil. A continuación vuelve a casa y, sólo llegar, telefonea a la amiga y le dice: "Estoy curada, y esta vez es para siempre".

El 9 de marzo es también el día del aniversario del nacimiento del padre Escrivá, y también es el aniversario de la petición de mi madre para ser admitida en el OD (29 años antes). Es un día propicio, todo encaja: pasa la información sobre su milagro a la gente del OD para que la tengan en cuenta de cara al proceso de beatificación del padre Escrivá, que entonces estaba en marcha. No tiene ninguna duda y escribe también al que entonces creo que era su director espiritual (el mismo sacerdote que a mí, cuando era adolescente, me sugirió la posibilidad de hacerme del OD): "Le explicaré el milagro que el Padre hizo en mí el día de su aniversario".

Que "el Padre" (el padre Escrivá) después de su muerte el 1975 desde el cielo hacía milagros era una idea que ella tenía muy interiorizada, porque era lo que pensaba la gente de su entorno. Por otro lado, hay que tener en cuenta que el hecho de ser beneficiaria de un milagro, para mi madre tenía el aliciente añadido de que su milagro podía contribuir al proceso de beatificación del padre Escrivá, un proceso que ella (como socia del OD) tenía mucho de interés en que llegara a buen puerto, y cuanto antes mejor. (1)

Vuelvo a la carta dirigida a su director espiritual. En la misma carta (sólo tengo el borrador; o vete a saber, quizás no es el borrador, quizás es la carta, que al final no la envió), más adelante dice: "Así estoy, con mi flemón, dos pinzamientos lumbares, un hueso de la mano desplazado que me deberán operar, un clavo en la rodilla, un plástico en la cadera y artrosis en todos los huesos. Pero muy feliz". Y realmente está exultante, porque antes, durante las épocas estables, siempre tenía el miedo, el convencimiento, de que más pronto o más tarde las depresiones volverían.

Ahora no, convencida de la intervención sobrenatural, "sabe" que la pesadilla no volverá nunca más. Y lo propaga por todas partes.

(*) "¡Como puede ser tanta felicidad, después de tantos años de oscuridad! Dios mío, como madura el sufrimiento, aquella angustia sostenida, sin ningún tipo de esperanza. Y ahora, todo alegría. ¿Cómo puede ser, Dios mío? ¿Cómo puede ser? Esta luminosidad después de años y años de no ver nada, nada, nada. Cómo madura, Dios mío, el sufrimiento. Ahora todo es bonito, todo. Incluso este dolor que no me deja poner derecha, un dolor que da risa a los demás... y a mí también. Y el dolor que me despierta por la noche, el que no me deja cerrar las manos. Y el dolor de la boca, que nadie sabe de donde viene y que lo tengo siempre encima. Y los otros... ¡Qué bendición de Dios de males! Hago con todos los males juntos una montaña alta, muy alta, y ni se acerca a mi sufrimiento de estos veintinueve años. Son muchos años, Dios mío, y me siento marcada. Son muchos años de ver pasar la vida por el lado, sin sacar ningún gozo."


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(1) Una vez muerto el padre Escrivá, de cara a su proceso de beatificación se inició desde el OD la recogida de testigos de milagros o "favores" obtenidos gracias a su intervención. Se publicaban en las "Hojas informativas", editadas por el OD, unos cuadernos que siempre encontraba en casa de mis padres cuando iba de visita. Los casos recogidos eran heterogéneos, curaciones insólitas, casos de familiares que habían recuperado las prácticas devotas, alguien que encontraba trabajo, o que aprobaba unas oposiciones, etc.
 


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