5.2 - Primer diagnóstico
"Cuantos más detalles me contaba (...) yo no me podía quitar de la cabeza que su depresión posparto había sido la explosión de una bomba de relojería que venía haciendo tictac desde hacía ya mucho tiempo." Mariela Michelena (1)Antes de que a mi madre le diagnosticaran lo que le pasaba transcurrieron bastantes años (ocho, según mis cálculos basados en sus comentarios). Años de sufrimiento y de desconcierto, de ir de un médico a otro, tomándose a veces vitaminas, "reconstituyentes", yendo a diferentes especialistas, haciéndose las pruebas que le mandaban (análisis, electrocardiogramas, resonancias magnéticas, etc.). Sin que nadie supiera ver qué le pasaba, sin aclarar nada.
"En la depresión el paso del sufrimiento individual a la enfermedad es más complejo que en otras enfermedades, dado que a veces el mismo individuo no acaba de estar convencido de que aquello que le pasa sea un trastorno psíquico. Espera ser diagnosticado de un trastorno físico, ya sea de la cabeza, del corazón, del equilibrio..., y empieza un itinerario que habitualmente se inicia con el médico de cabecera (...) y que continúa con el neurólogo y con otros especialistas, en un intento de buscar un diagnóstico de enfermedad orgánica o de hacer patente que las pruebas orgánicas (...) son negativas y que, por lo tanto, esta no puede ser la causa de su problema." Carme Ferré (2)Mi madre a veces hablaba de aquellos años. A veces recordaba el punto de inflexión, cuando finalmente le hicieron el diagnóstico acertado, y del alivio que supuso para ella saber que tenía "aquello", que lo que le pasaba no eran manías suyas. Fue el 1965, y lo que le diagnosticaron entonces fue una depresión postparto.Pero mi madre no tenía sólo una depresión postparto. De hecho, un profesional un poco atento, interesado de verdad en su historial, debería haber advertido que aquella depresión postparto era "una de las manifestaciones" (o episodios) de los problemas depresivos más generales que hacía ya años que ella arrastraba. El postparto no era una causa única. Pero supongo que de entrada era más fácil este diagnóstico. Y en cualquier caso fue un avance importante, dado que por primera vez apareció la palabra "depresión".
Más tarde, no sé exactamente cuando, al margen de que las depresiones postparto se siguieran reproduciendo con cada nuevo hijo, ya no se hablaba de este hecho como causa única de las depresiones.
También fue más tarde que le diagnosticaron la bipolaridad. No sé si al principio los episodios eufóricos ya existían. Al menos, cuando ella se refería a aquellos primeros años, no hablaba de euforias, y no queda claro a partir de qué momento se establece por primera vez el diagnóstico de la bipolaridad. (3)
En cualquier caso, al margen del momento de inicio de los distintos síntomas y del momento concreto de los diagnósticos, ya he comentado antes que ella daba una importancia muy diferente a cada uno de los dos aspectos de su enfermedad. Las depresiones eran espantosas, causa de profundos sufrimientos mientras las sufría y de un gran miedo cuando no la afectaban: miedo a que "aquello terrorífico" la pudiera volver a poseer.
En cambio, las euforias eran otra cosa. Y si le daban miedo era sobre todo porque sabía que, "después de las euforias, llegaban las depresiones".
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(1) Mariela Michelena. Mujeres malqueridas. La Esfera de los Libros, 2007 (p. 129)
(2) Carme Ferré. Depressió: pacients i familiars. Cossetània Edicions, 2005 (p. 59)
(3) No recuerdo que ella comentara nunca un momento y psiquiatra concretos en cuanto al diagnóstico de la bipolaridad, pero al cabo de unos años del diagnóstico de las depresiones, de los medicamentos que salen en las recetas ya se deduce que la bipolaridad está identificada.