Depresiones y tallarines

5.6 - Distintas normalidades

"No hay una normalidad estándar. La normalidad es subjetiva. Hay siete mil millones de versiones de normalidad en este planeta." Matt Haig (1)

Vuelvo al tema del capítulo anterior, y quizás me repetiré un poco, pero es que este tema de las distintas formas de ser y de la gestión de las diferencias me parece bastante importante. Tanto en el caso de la historia de mi madre como en general, en todos los casos.

Elisabet es una conocida que hace años que está ingresada en una residencia psiquiátrica. Me explica que es habitual que, cuando en la residencia hay algún incidente con descontrol o agresividad por parte de alguna persona ingresada, se le den sedantes para controlar la crisis. En teoría son intervenciones puntuales, pero cuando vas de visita a la residencia, la impresión general es que muchas personas están sobremedicadas: se las ve siempre bastante apagadas. Por supuesto, así son más fáciles de gestionar.

En la residencia de Elisabet, "la normalidad" a menudo es esta.

Lo que es normal es muy subjetivo. Solo existe con relación a un "patrón de normalidad" establecido (inventado) previamente. Teniendo en cuenta que es así, tiene sentido plantearse esta pregunta: el patrón de normalidad vigente en la residencia de Elisabet, establecido por las personas que administran la residencia, ¿es el que favorece más los intereses de Elisabet y las otras personas ingresadas?

Ahora vuelvo a mi madre, y a los patrones de normalidad que la rodeaban y que la condicionaban. ¿Habría podido ser mejor, su vida en conjunto, si algunos aspectos suyos que no encajaban "en la normalidad de los demás", en lugar de haberse hecho todos los esfuerzos que se hicieron para reprimirlos, se hubiera dejado que se manifestaran con más espontaneidad? A pesar de sufrir la dolencia que sufría, ¿podría haber tenido una vida mejor, si se hubiera hecho un esfuerzo mayor para entender "su propia normalidad"?

¿Habría podido ser más fácil, su vida, si los demás hubiéramos entendido (tanto antes como después de manifestarse la bipolaridad) que "sus límites" podían no coincidír del todo, o no siempre, con nuestros límites? Es decir, si hubiéramos asumido, por ejemplo, algunas incomodidades como parte inevitable de la convivencia con ella, en lugar de quererla cambiar y encasillar dentro de nuestra definición de normalidad.

Todavía más: ¿qué habría pasado si, ya antes de manifestarse la bipolaridad, ella no hubiera tenido el sentimiento de que su extraordinaria vitalidad y su punto de anarquía no eran ningún defecto, sino solo una característica? ¿Qué habría pasado si ella no hubiera tenido este sentimiento "de no ser cómo tenía que ser", dado que los demás esperaban de ella que fuera de otro modo? ¿Qué habría pasado si la seguridad de cuando era soltera, en lugar de irse debilitando con un creciente sentimiento de frustración y de inutilidad, la hubiera podido conservar?

Y relacionado con todo esto. En cuanto a los fármacos que se llegó a tomar: ¿podría ser que en su caso hubiera pasado una cosa en parte parecida a lo que pasa en la residencia de Elisabet? Dicho de manera más explícita: ¿realmente fue siempre clara, la frontera entre el tratamiento de la enfermedad y el sometimiento de la persona?

De acuerdo, contestar esta pregunta supongo que no es fácil. Pero plantearla me parece normal.

--
(1) Matt Haig. Raons per seguir vivint. Empúries, 2015 (p.127)
 


< Índice  |  ^ Arriba