Depresiones y tallarines

10.2 - Su libro

(*)  "En distintas ocasiones, al sentirme estable, pensé en escribir sobre mis depresiones, pero después volvían..."

Tengo esparcidas encima de la mesa las notas de mi madre. Me las miro, y me cuesta mucho imaginar que de este material ella hubiera podido sacar un relato lo suficientemente estructurado y de unas mínimas dimensiones que hicieran viable su publicación.

Hizo diferentes intentos de desencallar su proyecto. El último, seguramente el más serio, lo hizo con la ayuda de su hermana: de vez en cuando se iban las dos a una casita que tenía mi madre en los Pirineo y allí, durante tres o cuatro días, algunos ratos se dedicaban a la ordenación de las notas que debían configurar el futuro libro. Digo algunos ratos, no todo el día, porque también daban paseos, hacían excursiones, leían...

Ahora pienso que mi madre quizá habría podido avanzar con más facilidad si hubiera planteado los diferentes capítulos de su libro como si fueran cartas, dado que era el género que ella realmente dominaba. Según los temas, cartas al marido, a los hijos, a los médicos, curas, etc.

Tenía mucha habilidad, escribiendo cartas. Las cartas al director de los periódicos, normalmente cortas, y las cartas en general largas dirigidas tanto a los familiares como a todo tipo de personas: políticos, escritores, presentadores, médicos, obispos... Tanto las unas como las otras las escribía con facilidad, a veces con mucha gracia. Se le daba bien.

Además de su hermana, yo quizás también habría podido ayudar a mi madre a hacer este trabajo de organización. De esta eventual ayuda alguna vez habíamos hablado, pero había un problema: para ella la posibilidad de hablar públicamente de su bipolaridad era sobre todo una ocasión para hablar de Dios, és decir, una ocasión para hacer apostolado. Y esto a mí no me motivaba nada, al contrario.

Le decía que por supuesto ella tenía que escribir siguiendo su criterio, pero que este tipo de libro que quería hacer para mí no era atractivo. Que a mí me parecería interesante un libro en el que profundizara en sus estados de ánimo, sus vivencias, sus miedos y dificultades. En los factores que consideraba que la ayudaban a mantenerse estable, y también en los otros factores, los que la desestabilizaban.

En este formato, evidentemente cabía su sentido religioso y sobrenatural de la vida, la importancia que había tenido durante las distintas fases de la enfermedad, pero le decía que si este aspecto se erigía como el principal protagonista, para mí el proyecto dejaba de tener interés.

No es que mi madre no quisiera hablar de los aspectos que he apuntado, por supuesto que no los quería ignorar. Queda bastante claro en sus notas; mi madre era bastante lista como para ignorar la importancia de todo su contexto. A ella misma no le habría interesado un relato construido sólo sobre las experiencias religiosas, por muy importantes que fueran para ella. No era esto, era una cuestión de grados de protagonismo.

Su hermana era más flexible. Además de compartir el sentimiento religioso de mi madre (a pesar de que con importantes discrepancias), pienso que mi tía era más capaz "de ayudar a mi madre a hacer lo que mi madre quería hacer", sin que le fuera imprescindible compartir todo el contenido del proyecto. Mi tía era mucho más generosa y empática... quería mucho a mi madre (las dos se querían mucho) y esto era suficiente para ayudarla en aquella aventura, sin plantearse las objeciones que yo me planteaba.

Discrepancias al margen, lo cierto es que me habría gustado, que mi madre hubiera sido capaz de culminar su proyecto, ya que habría sido una gran fuente de satisfacción para ella.

Con relación a las ayudas que habría podido tener, el caso es que hijos que comulgaban con sus creencias no faltaban. Hijos además con la cabeza centrada y capacitados para hacer este trabajo de ayudarla a organizarse. Pero supongo que cada cual estaba ocupado con sus historias como para considerar importando tomarse en serio esta colaboración. Esta iniciativa de nuestra madre.

Además, también es cierto que había otro problema: mi madre no siempre era fácil de tratar, lo que podía justificar la reticencia a implicarse en iniciativas suyas.

El caso es que, por un motivo u otro, ninguno de los hijos la ayudamos, y la única persona que lo hizo fue su hermana.
 
 


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