Depresiones y tallarines

8.2 - Nietos y nietas

"Es alta, rubia, madrugadora, guapa, simpática, según cómo poética, y cristiana. Le gusta levantarse temprano, coser, bañarse cuando el agua está fría y explicar cosas de Dios. Yo con ella aprendo muchas cosas. A mí me gusta mucho porque es muy simpática."

Este texto, de una nieta de mi madre, formaba parte de un cuaderno que, coordinado por una hermana mía, le regalamos a mi madre cuando hizo setenta años; todos los hijos, parejas y casi todos los nietos participaron de alguna manera, con textos o dibujos. Me gusta el texto de esta nieta porque aporta una visión fresca de mi madre; creo que la descripción es bastante representativa de cómo era vista, en general, por sus nietos y nietas (entonces eran ya treinta y ocho, una cifra que todavía siguió aumentando).

Cómo tantas abuelas, mi madre tuvo una actitud más dulce y tolerando con los nietos de la que había tenido con los hijos, una actitud que iba acompañada, eso sí, de su determinación de hacer apostolado (a veces de manera bastante invasiva) y guiar los nietos en la dirección "correcta": la de la Iglesia católica (apostólica, romana... e interpretada a través del OD).

El texto del capítulo anterior sobre los juegos de los nietos en el cementerio es un buen ejemplo (además de pintoresco) de esta mezcla de calidez y apostolado, dado que por supuesto durante los juegos en el cementerio siempre había los momentos adecuados para los apuntes de catequesis. Además del cementerio, había otros espacios de confluencia lúdica-catequística, como las excursiones por los alrededores de Montserrat (por ejemplo antes de Navidad, par ir a buscar el musgo para el pesebre), o algunas vacaciones en la casa que mis padres tenían en los Pirineos.

El caso es que, tal como he dicho, con los años mi madre se suavizó, se ablandó un poco, abandonó aquella intransigencia tan radical y sistemática que la había caracterizado. Se podría decir que, hasta un cierto punto, aprendió a no ser (a veces) "del todo coherente" con algunos de sus principios religiosos. O más que a no ser coherente, a disimular un poco... Pero sólo hasta un cierto punto: nunca dejó de ser del todo ortodoxa, y a veces seguía siendo "más papista que el Papa".

Este cambio (mayor en el plano cariñoso y más relativo en el doctrinario) coincidió, lo favoreció, el deterioro de mi padre y su consiguiente pérdida de protagonismo. Mientras mi padre vivió, y sobre todo mientras tuvo la mente lúcida, mi madre fue aprendiendo a hacer equilibrios para integrar un poco en la familia algunos de los hijos algo "descarriados" (y por lo tanto también los correspondientes nietos), cosa que a veces tenía que llevar a cabo a escondidas, para evitar la reprobación de mi padre.

No he hecho ninguna encuesta exhaustiva, pero por algunas conversaciones con los nietos me ha parecido que percibían esta calidez de su abuela, que los hijos sentimosmenos. También coinciden en que siempre estaba presente la voluntad de hacer apostolado, de manera más sutil o evidente. Esta segunda parte, la del apostolado, a alguno de los nietos se les atragantaba más que a otros, cosa que supongo que es normal: algunos de los nietos han seguido el carril religioso de mi madre, incluso han acabado haciéndose del OD, y en cambio otros se han alejado de la religión. Los primeros es normal que recuerden con simpatía, incluso con agradecimiento, la complicidad de mi madre en este tema.

Después, claro, hay muchos nietos y nietas que no tienen recuerdos de su abuela. Alguno porque entonces eran muy pequeños, y otros porque todavía no habían nacido.
 


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