4.6 - ¿Ayudar a vivir?
"El miedo es también una emoción religiosa. Está en el origen de las religiones, que protegen contra él, a la vez que lo utilizan sin tregua y sin decoro." José Antonio Marina (1)Es verdad que durante su vida de casada y su vida como asociada al OD, tanto mi padre como la gente del OD ayudaron mi madre a vivir: estuvieron siempre a su lado, de manera incondicional. Tan incondicional, que ella no paraba de alabar y de agradecer aquel apoyo, sin el cual, decía, "habría sido incapaz de vivir".
He dicho de manera incondicional, y de hecho creo que la palabra más adecuada sería constante. Porque incondicional sólo lo era en la medida que estaba claro que ella asumía su rol de esposa dependiente del marido y su rol de socia del OD subordinada a las normas de esta organización. En la medida que esta subordinación no se cuestionaba, la ayuda recibida sí que era "incondicional".
No sé cual habría sido la vida de mi madre si no se hubiera casado con mi padre. O como le habrían ido las cosas si no se hubiera hecho del OD. Quien sabe, sería tan gratuito decir que quizás le habrían ido mejor, como decir que quizás le habrían ido peor. En cualquier caso, supongo que a pesar de su carácter rebelde, debía tener también una cierta tendencia a la subordinación, fuera cual fuera el origen de esta tendencia, dado que si no todo sería demasiado inexplicable.
Desde fuera, en general es fácil ver las trampas de según qué relaciones de sumisión y dependencia. En cambio, desde dentro una visión objetiva es más difícil, sobre todo cuando el rol social dependiente de una persona ha sido alimentando por su entorno desde la niñez, de forma que está tan interiorizado que se vive como lo más normal.
No es fácil desenmascarar estas situaciones. No te lo ponen fácil. Porque a esta situación de dependencia y subordinación llegas a través de un proceso en el que se mezclan muchas cosas, tanto grandes ideales por un lado, como por otro una telaraña de miedos e inseguridades.
Con relación a estos miedos e inseguridades, el sentimiento de formar parte de un grupo (familiar o religioso) te da seguridad. Esta es la parte positiva.
Pero va junto con la otra parte: has asumido unos roles que te imponen unas servidumbres que al mismo tiempo te llevan, poco a poco, sin que te des cuenta, a situaciones de fragilidad creciente (y a la vez, paradójicamente, tal como he dicho también de seguridad). De hecho este es el objetivo: no la plena autonomía, sino la dependencia, dado que de este modo quién tutela se convierte en imprescindible. Cuando llegas a este punto es cuando la ayuda incondicional (es decir, condicionada) aparece como el referente que te garantiza la seguridad que necesitas.
Mi padre, en una cita que ya he reproducido antes, en una carta se lo decía así a mi madre:
"Siempre te querré ver sumisa y humilde, ya que son los momentos en que el corazón se derrama más hacia ti."Y en Camino hay muchas citas como esta (la 617):"Obedeced, como en manos del artista obedece un instrumento —que no se para a considerar por qué hace esto o lo otro—, seguros de que nunca se os mandará cosa que no sea buena y para toda la gloria de Dios."
--
(1) José Antonio Marina. Anatomía del miedo. Anagrama, 2006 (p. 10)