3.11 - Mi padre y yo
(*) "Sólo pensar en poner un vaso de leche en el microondas me entra angustia y sequedad de boca, y pienso que no puedo, que no puedo, que no puedo. Después con mucha fuerza de voluntad consigo poner la leche en el vaso y meterlo en el microondas, pero el trabajo me resulta agotador."Cuando ya hacía un tiempo que estaba al corriente de los problemas de mi madre un día le escribí una carta diciéndole, a grandes rasgos, lo mismo que más o menos ahora pienso y escribo, sobre su relación con mi padre, sobre la incapacidad de él para entenderla, y de cómo le afectaba a ella esta situación. Seguramente lo decía peor que ahora, con más dureza, porque entonces con ella tenía todavía una actitud combativa. Todavía no había conseguido librarme de aquella forma difícil y dura de relacionarme con ellos (con mi padre me pasaba igual). Era un tipo de relación que no me gustaba, pero que se me había quedado enquistada.
Al cabo de un tiempo supe que mi padre también había leído aquella carta, y que le había dolido. Y entonces le escribí a él, con el propósito sobre todo de suavizar la situación, hablándole sólo de todas las cosas que valoraba de él. Porque mi padre, aunque no entendiera a mi madre, era una buena persona, con muchos aspectos positivos.
Me habría gustado haber encontrado aquella carta, la segunda, dirigida a mi padre, porque aunque fuera conciliadora dudo que pudiera ser muy cálida, dado que entonces el de la calidez no era precisamente mi punto fuerte. Supongo además que lo que le decía en aquella carta elogiosa él estaba acostumbrado a escucharlo: era una persona muy valorada y la gente que lo conocía hablaba bien de él.
En cambio, lo que decía de él en la primera carta dudo que se lo hubiera dicho mucho gente. Quizás nadie, hasta entonces. No era fácil enfrentarse a mi padre, dado que su seguridad y energía imponían.
¿Fue oportuno escribir aquella carta a mi madre? ¿Lo fue que ella se la enseñara a mi padre? Si él no podía entender aquellos puntos de vista, ¿tenía alguna utilidad hablar de ello?
Si pienso en aquel episodio, me imagino que si ahora me volviera a encontrar en aquella situación haría más o menos lo mismo. Porque el sufrimiento de mi madre era muy real. Seguramente, lo que intentaría seria hacerlo mejor. Supongo que procuraría expresarme sin tanta dureza, con más empatía, pero a la vez sin renunciar a la claridad.
Hay otra razón para explicar que no me sienta del todo a gusto con aquel episodio. Yo vivía lejos, veía mis padres con cuentagotas, escribí una carta contundente... y seguí viviendo lejos, en todos los sentidos, geográficamente, y también mentalmente, acordándome sólo de mis padres de vez en cuando. De hecho, teniéndolos bastante olvidados.
Mientras tanto, ellos se seguían enfrentando cada día a la difícil realidad cotidiana que les tocaba vivir. Mi madre, a menudo confusa y emocionalmente inestable. Mi padre, por un lado intentando ayudarla con toda la buena intención del mundo (por ejemplo, buscando los mejores psiquiatras, dado que pensaba que el problema era sólo médico y que, por lo tanto, lo tenían que resolver los médicos). Y por otro lado, sin darse cuenta, al mismo tiempo contribuyendo a sus desestabilizaciones, debido a su dificultad para entender la manera de ser de ella. Todo era muy complicado.